Las conversaciones de paz en la Habana

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HernánMejiaPor: Hernán de Jesus Mejía Velásquez

El mes de octubre, en el conversatorio citado por los Lenguajes Sociopolíticos del Centro de Humanidades,

se intercambiaron ideas de mucho interés, con el aporte de dos profesores invitados Ángela Arbeláez y Olmer Muñoz, quienes tienen un  amplio conocimiento sobre los temas de las conversaciones de Paz y de la terminación del  conflicto, que tienen lugar en la Habana – Cuba, entre representantes del gobierno del Presidente Juan Manuel Santos y el Movimiento guerrillero de las Farc (Fuerzas armadas revolucionarias de Colombia). Están en ciernes las conversaciones con el ELN.

Algunos puntos fueron propuestos para aclarar y precisar las cuestiones que están  implícitas en  el desarrollo de las conversaciones:
-    La necesaria distinción entre conflicto y violencia
-    Los tiempos del gobierno y los tiempos de la guerrilla
-    Las expectativas de ganancia que tienen las partes
-    Los progresos en las conversaciones
-    Los grados de confianza y de escepticismo que tiene entre sí las partes y de cada una con sus representados (gobierno-ciudadanía y  Delegados – Frentes)
-    La expectativa y el apoyo internacional respecto a la posibilidad de alcanzar la paz en Colombia o la terminación del conflicto tras cincuenta años que se cumplen en el 2014.
-    El problema de la participación, la conformación de un partido  (¿como lo fue la UP?) o la combinación de todas las formas de lucha (ejercicio político sin desearme ni entrega de armas) o incluso la posibilidad de elecciones para el  Congreso Colombiano.
-    La impunidad, la Justicia Transicional y la Corte Penal Internacional, cuya excepción al tratado de Roma por siete años, terminó y puso en vigencia los compromisos convencionales.
-    El límite puesto por el gobierno en términos de meses ante la proximidad de las elecciones (con aspiraciones de reelección presidencial).

Después de  los intentos del presidente Belisario Betancur (1982-1986), las conversaciones de paz con las guerrillas colombianas han tenido algunos  éxitos, como los que se alcanzaron finalmente con el M-19, el EPL, el PRT, durante el gobierno de Virgilio Barco Vargas  (1986-1990) e inicios del período de Cesar Gaviria Trujillo (1990-1994), en el que también se desmovilizó el movimiento revolucionario indígena Quintín Lame,  cuando sesionaba la Asamblea Nacional Constituyente (1991). Y algunos fracasos como los de la tercera ronda de conversaciones que se adelantó con la Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar –CGBS-, en la que estaban integradas las Farc, el EPL y el ELN y que se frustró por el secuestro del ex ministro Argelino Durán Quintero por parte del EPL, cuando éste falleció en cautiverio.

Durante el Gobierno de Ernesto Samper (1994-1998) se dio el acuerdo de “Puerta del Cielo” (Maguncia -Alemania),  el cual contó con la activa participación de la sociedad civil,  el EPL y el ELN;  se quedó sin embargo en buenas intenciones.

Con el gobierno de Andrés Pastrana (1998-2002) hubo un despeje de un área de 44.000 kms.  Con miras a un proceso de paz, inaugurado en San Vicente del Caguán y que abarcó a cinco municipios del Meta y Caquetá, que fueron desmilitarizados. El mayor avance fue el de una “agenda común” (Por el cambio hacia una nueva Colombia”) el 6 de mayo de 1999. La situación ya era de mucha preocupación, pues  para  1998, el país ya estaba copado en un 90% por distintos grupos guerrilleros y paramilitares. Sin embargo,  nuevos secuestros de políticos, policías, militares, asesinatos y actos terroristas, dieron al  traste con el proceso en el 2002.

En el gobierno de Álvaro Uribe (2002-2010) se llevó a cabo el proceso con las Autodefensas Unidas de Colombia – AUC-  y las conversaciones de Ralito –Córdoba, con un muy discutido proceso de desmovilización de las mismas y la justicia transicional, que fijó en ocho años la pena máxima para quienes cumplieran las condiciones impuestas por esa ley. Confesión, entrega de armas y reparación de las víctimas.

La necesidad y el deseo de paz es común a todos los involucrados y afectados, nacionales e internacionales,  pero  no a cualquier costo. La negociación supone ganancias para las partes y estas dependen de la posición de fuerza, pero sobre todo, de la voluntad política con las que  cuenta cada una de ellas. ¿Cuál es la posición y la voluntad de la Guerrilla? ¿Cuáles las del gobierno?

 Si se trata de ganancias políticas como la del reconocimiento de la participación política partidista, programática, parlamentaria etc. con garantías y derechos constitucionales plenos,  hay que considerar hasta qué punto los objetivos y las razones del movimiento guerrillero permanecen fieles a sus motivaciones originales, como las expresadas en 1993 en la “Plataforma para un gobierno de Reconstrucción y Reconciliación Nacional”: ”trabajar por la conformación de un gobierno nacional pluralista, patriótico y democrático”. Pero para el país es claro que las razones que acompañaron la formación de la lucha guerrillera quedaron en el pasado, dejando sin justificación posible, todas las acciones de “guerra” ejecutadas por las guerrillas (secuestros, asesinatos, terrorismo, alianzas con el narcotráfico, toma de poblaciones, desplazamientos forzados, etc.), por más que éstas hayan procurado hacer transferencia de la culpa a los gobiernos, que de todas maneras tiene su propia responsabilidad sobre las condiciones de desigualdad, pobreza, exclusión social y tolerancia con la corrupción entre otras.

La falta de pedagogía sobe el proceso de paz;  y más que la confidencialidad el secretismo en las conversaciones, con declaraciones extras sobre temas por fuera de la agenda o las declaraciones  del presidente Santos, han dado lugar a la inoportuna guerra mediática, ha generado escepticismo y desconfianza, ahora que comienza la campaña electoral y el presidente aspira a ser reelegido. Para algunos es del todo inconveniente la simultaneidad, para otros es aconsejable la suspensión temporal de los diálogos y para otros la necesidad de terminarlos si no se logran verdaderos progresos y compromisos,  lo que conecta los dos procesos, al consultar el interés de la guerrilla por mantener y asegurar la continuidad de los diálogos, a pesar de la lentitud en el desarrollo de la agenda y la aprobación del marco jurídico dentro del cual han de refrendarse los acuerdos.

El Fiscal  de la nación afirma que sería inoportuno tanto para el gobierno como para las guerrillas suspender o terminar los diálogos, pues en su opinión, no ha habido otra ocasión, en que las condiciones estén dadas para las partes y muy especialmente para la guerrilla, como ahora. Declara que sería un lamentable error dejar ir la oportunidad.

Mi opinión personal es que las condiciones si están dadas pero dependen de la forma como se haga su manejo por ambas partes. Es necesario que se aplique una pedagogía ciudadana, que se informe al país de los progresos y las dificultades sin ánimo de usar aquello para obtener ganancias  para cualquiera de las partes y preservando la confidencialidad del proceso; lo más delicado y lo más importante,  mantener la agenda pactada a sabiendas de que habrá concesiones y condiciones para aclimatar la paz e iniciar el posconflicto, sin ignorar la justicia ni la reparación de las víctimas. O le damos peso político a las conversaciones o asumimos que solo la violencia seguirá siendo la metodología única para tratar el conflicto y sumar nuevas e injustas víctimas inocentes. Parodiando a Carl von Clausewitz:   la Paz y la Democracia, son la manera de tratar el conflicto por otros medios.

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