Una negociación sin liderazgo

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JDGRPor: Juan David García Ramírez

El presidente de la República anunció el inicio de un proceso de negociación con el grupo narcoterrorista FARC

, dos años después de que este comenzara. Con el lenguaje eufemístico que siempre utilizan los políticos en situaciones decisivas y riesgosas, para no activar las alertas en sus contradictores ni en la opinión pública, Santos habló de los acercamientos que han venido dándose desde 2010 con representantes de la organización. En el terreno práctico, para el caso colombiano, acercarse tiene un significado claro: ceder a las pretensiones de las FARC sin condiciones y antes de tiempo, es decir, de manera inoportuna.
La primera concesión, evidente en los dos años que han transcurrido desde el ascenso al poder de Juan Manuel Santos, ha sido la moderación en el discurso político, negando la participación de esta guerrilla en numerosos atentados terroristas, como con pleno conocimiento de causa (tanto si lo inspira la convicción de que no son responsables, como si lo acompaña la de que lo son, y entonces sería peor). Pueden citarse dos ejemplos, aunque hay un repertorio más grande: a solo cinco días de inaugurarse su mandato, el 12 de Agosto de 2010, un carro bomba estalló frente a las instalaciones de Caracol Radio. De inmediato, desvió la atención y atribuyó el ataque a la extrema derecha, un actor difuso en la actualidad, casi imposible de identificar. Las pruebas halladas por la Policía Nacional apuntaron a las FARC, pero Santos las desestimó con ligereza. El 15 de Mayo de 2012, el exministro del Interior, Fernando Londoño Hoyos, fue víctima de un atentado en el norte de Bogotá, en el que él resultó herido pero uno de sus escoltas murió. Con igual rapidez, el presidente habló de una mano negra para referirse a los posibles autores del crimen. Y en los últimos días, la DIJÍN capturó a siete personas, en Bogotá y Cali, que forman parte de una organización subcontratada por las FARC para asesinar a Londoño.
Las siguientes concesiones se resumen en la renuncia del presidente a ejercer su autoridad como jefe de Gobierno y jefe de Estado. Los acercamientos de estos dos años, y las reuniones en Cuba, han dado a las FARC la ventaja estratégica que militarmente son incapaces de obtener frente a las Fuerzas Militares, y que políticamente les ha sido imposible, por no tener legitimidad entre la población. Ante la complicidad entre las FARC y algunos representantes de comunidades indígenas en el norte del Cauca, y la expulsión de los soldados que enfrentaban a la guerrilla en Toribío, particularmente, Santos rompió todos los límites y optó por situarse en una relación equidistante con la organización terrorista y con los indígenas, enviando un grupo de delegados del gobierno a discutir la manera de resolver el conflicto, o sea, negociar.
La situación se repite en varias regiones del país, y la autoridad sigue relajándose. Stefan Wolff, estudioso de los conflictos contemporáneos, habla de tres condiciones indispensables para la gestión y resolución efectiva de los conflictos: liderazgo, diplomacia y diseño institucional. Para la negociación que se ha estado gestando en Colombia desde hace dos años, pero que formalmente empezará el próximo 5 de Octubre (dos días antes de las elecciones presidenciales en Venezuela), hay suficiente diplomacia e instituciones que soportan la capacidad negociadora del Estado, pero falla el componente fundamental, el liderazgo, que debería estar en manos del presidente Santos como representante de los intereses del Estado y de la sociedad colombiana, no de los de las FARC o cualquier organización al margen de la ley.

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