A propósito de los acercamientos con las FARC

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BCPor: Beatriz Eugenia Campillo Vélez

Resulta de gran interés el debate político suscitado en las últimas semanas sobre los acercamientos que el gobierno colombiano


ha venido adelantando con la guerrilla de las FARC, no solo porque se trata de uno de los conflictos con mayor antigüedad, sino también por el carácter de terroristas que se les ha dado en el escenario internacional, y por los amargos recuerdos que traen las fallidas negociaciones anteriores con este grupo. Sin embargo el aspecto más preocupante es la sensación de inseguridad que la ciudadanía manifiesta, pues no hay que olvidar que una de las grandes críticas que el gobierno Santos ha recibido en los últimos meses es justamente el de haber descuidado el tema de seguridad, lo que se evidencia en la fuerza que han tomado “nuevos” actores como las BACRIM, en medio del conflicto, situación que no debe verse necesariamente como ajena a las guerrillas tradicionales, pues no se puede negar que estos combos y bandas –distinción que, por cierto, no es clara – en algunos casos son remanentes de paramilitarismo, pero también de guerrillas como las FARC y el ELN, entre otras. Muestra de ello, es el atentado contra el Ex ministro Fernando Londoño, donde según las investigaciones, las FARC contrataron a una banda para llevar a cabo su ataque con la bomba Lapa.
El tema de la paz, necesariamente pasa por la voluntad política, y no solo por la implementación del pie de fuerza; pero esta última es una facultad a la cual el Estado no puede renunciar, pues sobra recordar que el mantenimiento de su legitimidad implica en primerísimo lugar tener el monopolio de las armas y, en este sentido, tener la capacidad efectiva de defender el territorio y a sus asociados. En este orden de ideas, si hay acercamientos, el Estado debe tener la plena certeza de aquellos puntos que necesariamente son “no negociables”, y aunque es posible que como en toda negociación las partes tengan que ceder, es importante no perder de vista quién tiene la autoridad y la legitimidad para poner condiciones, hay que recordar que es un acercamiento donde las partes no pueden estar en igualdad de condiciones. Se parte de un principio de buena fe, de que puede haber un cambio por parte de las FARC, y por eso no se cierra la puerta al diálogo, pero no se puede olvidar que la guerrilla ha cometido delitos de lesa humanidad y por tanto no tienen el estatuto de beligerantes, sino que la sociedad internacional más de una vez los ha calificado como terroristas.
El Estado, como bien lo afirmaba el presidente Juan Manuel Santos, no puede ceder ni un centímetro de su territorio, y menos después de lo ocurrido en el Cagúan bajo la administración del Ex presidente Pastrana donde los municipios despejados sirvieron para el fortalecimiento de las FARC, llegando incluso a expedir leyes, como si de un país independiente se tratara. No se pueden repetir episodios tan indignantes como la famosa “silla vacía”, épocas cuando las FARC se daban el lujo de controlar los tiempos, al punto de hacer repliegues estratégicos, esperando simplemente que las cosas estuvieran a su favor para poder atacar de nuevo y con mayor fuerza.
Ahora, también es importante decir que en caso de un diálogo con las FARC y posible acuerdo de paz, tampoco puede repetirse experiencias como las de la Unión Patriótica, personas que confiaron en esa oportunidad política de expresar ideas de oposición que no fueran por la vía de las armas y en su momento recibieron una fuerte persecución por parte del Estado, calificada por muchos como genocida. La democracia debe partir del principio de que no puede darse la relación amigo-enemigo, y por tanto las corrientes de oposición deben contar con garantías, pues siempre será mejor hacer política en términos de diálogo y no por la vía de las armas.
Es importante destacar la participación de la sociedad internacional que se ha anunciado como una formula diferente que pretende no hacer uso del despeje, ni zonas especiales en el territorio nacional para los acercamientos. Sin embargo esta alternativa no deja de ser preocupante por la participación de Cuba, pues la ideología de su gobierno es bastante afín a las FARC y,  sobre todo, por la participación del gobierno del presidente Hugo Chávez Frías, quien recordemos de forma pública en 2008 pidió que se le reconociera a las FARC el estatuto de beligerancia, lo que en caso de reconocerse los pondría en términos de legitimidad en igualdad de condiciones al mismo Estado colombiano, adicionalmente se estaría olvidando que este grupo nunca ha respetado las normas del Derecho Internacional Humanitario, pues tener ese Estatuto, también exige responsabilidades y acciones que las FARC a todas luces no han tenido.
De hecho, son preocupantes los titulares que siguen apareciendo, informando que los atentados a manos de las FARC no han cesado; esta semana, justamente, aparecieron los siguientes: “Hostigamientos de las Farc a la fuerza pública en Timbiquí, Cauca” (Vanguardia.com), “Tres niños heridos en ataque de Farc en Meta” (Espectador.com), “Nuevo atentado de Farc contra línea férrea del Cerrejón” (Espectador.com). Así que surge la pregunta, ¿estos son actos que muestran un grupo dispuesto para la paz?
Por otro lado, cabe anotar que, a pesar de todo, hoy la Fuerza Pública colombiana (Ejército, Armada, Fuerza Aérea y Policía) goza en general de un alto grado de legitimación, la ciudadanía en general la apoya, eso se demuestra en encuestas como la de “Colombia Opina - 2012”, donde aparece con un altísimo respaldo que no se ha visto empañado por los recientes escándalos de algunos de sus efectivos. La labor que la Fuerza pública realiza es admirable y se ha visto notablemente mejorada desde que se implementaron reformas, que no simplemente apuntaban a la profesionalización o a la capacidad armamentista sino también a la implementación de la llamada “acción integral”, donde el Estado hace presencia en todo el territorio nacional actuando en conjunto lo cívico con lo militar, lo que ha hecho que estas instituciones se ganen el cariño y el respeto de la población. Primeros pasos para que Colombia pueda llegar a considerarse un Estado fuerte.
El Estado ha cometido errores, por abuso de la fuerza o por ausencia de ella, esperemos que esta fórmula intermedia, que se pretende ensayar, pueda dar buenos resultados. Hasta el momento el presidente Santos ha demostrado moverse bien en la diplomacia y los diálogos sin embargo más valdría estar prevenidos, sobre todo porque sus interlocutores no son justamente diplomáticos, la experiencia enseña que quien tiene poder no solo debe tener buenas intenciones sino también astucia, olfato, no sea que en el afán de mostrar resultados de buen gobierno terminemos como el refrán popular: que por confiarnos en las buenas intenciones no sea que estemos de nuevo camino al infierno.

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