Los medios para la paz

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CRPor: Carlos Andrés Roldán Sánchez

La paz no se puede excluir de ninguna agenda política. La acción política misma está identificada como superación de la guerra


por más que Michel Foucault haya considerado invertir la máxima de Karl Von Clausewizt, quien sostiene que la guerra es "la continuación de la política por otros medios”. Decir que la acción política es la superación de la guerra, es de paso considerar principalmente dos cosas: 1. la innovación de la acción política en la que se compromete lo racional (el derecho) y lo razonable (los acuerdos) y 2. la confianza pragmática en la capacidad de los seres humanos de transformar la realidad, que en este caso se trata de la realidad histórica y social.

No es necesario realizar una justificación teórica, ideológica y jurídica para confirmar la obligación de cualquier acción que emane del Estado con la búsqueda de la paz y su perdurabilidad. La discusión en el actual contexto colombiano sobre la paz debe ser enfocada hacia el problema de los medios y no del fin mismo que no necesita justificación. La acción militar del Estado es no solo legal sino legítima como medio para alcanzar esta  paz entendida como “derrota del enemigo”, sin embargo, las vías del diálogo y los acuerdos son en igual o mejor medida medios legítimos y legales cuando existe un marco jurídico que los respalda. La legitimidad de los diálogos y los acuerdos como medios para lograr la paz no solo reside en la razón superior de la política misma como superación de la guerra, sino que se extiende al terreno de las aspiraciones sociales producto de la experiencia real del conflicto, es decir, Colombia ha vivido el conflicto, tiene experiencia real y por tanto las aspiraciones pacíficas están legitimadas desde esa experiencia concreta.


El problema de la paz dialogada es entonces el de la acción política innovadora, que además pueda vincular el mayor número de aspiraciones razonables y no el de la remoción o sacrificio de las aspiraciones pacíficas que deja como sola salida el argumento jurídico-militar que, dicho sea de paso, solo hace perdurar el conflicto y no es propiamente lo razonable. La prudencia, como virtud política, es la garantía para que la impunidad y la mentira no sean los términos de los acuerdos. Los medios para alcanzar la paz también pueden ser la paz misma.

 

 

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