¿Es la desobediencia civil el camino para deponer el acuerdo del Gobierno y las Farc?

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GSPor: Gabriel Alexander Solórzano H.

"Esta es la libertad que consigue el pobre: Habiendo sido golpeado, ruega, y cuando se le lacera a puñetazos, adora, para que así se le permita volver a casa con algún diente"Juvenal. Sátiras  iii. 300-301

 

 

En el segundo tratado del gobierno civil John Locke menciona al satírico romano Juvenal, aquel que para establecer la crítica al gobierno del imperio romano utilizaba la sátira Panem et circenses, y explicando, Locke, la vacuidad desde una de las dos formas que desde el liberalismo político se puede manifestar para la resistencia civil, pero lo hace examinando y criticando la defensa de la monarquía del profesor de derecho escocés William Barclay, quien apunta que la resistencia, en primera instancia debe hacerse con reverencia y en segunda instancia sin venganza  o castigo  pues un inferior, súbdito, no puede castigar a un superior, noble.

 La reacción de Locke consiste en cuestionar tal afirmación, por ello reflexiona cómo puede golpearse con reverencia, una forma tan ridícula como la que propone Juvenal, “En el que tu das puñetazos y  yo me limito a recibirlos.” (Sátira iii 288-289) puesto que toda situación de resistencia conduce inexorablemente a la guerra, al re-bello que Locke entiende del latín como “hacer la guerra otra vez”, por ello citando nuevamente a Barclay ante la cuestión ¿es que no puede haber ningún caso en el que el pueblo pueda legalmente, y en virtud de sus propia autoridad, valerse por sí mismo, levantarse en armas y ponerse en contra del rey que lo domina despóticamente? Y más adelante anota ¿tiene el pueblo que estar siempre expuesto a la crueldad y al furor de la tiranía? ¿Debe el pueblo ver eso y permanecer inactivo?[1] A lo que, desde una perspectiva de la propia del iusnaturalismo, responde Locke que “la auto-defensa es una parte de la ley de la naturaleza y no puede serle negada a la comunidad, aunque vaya en contra del mismo rey”[2]  pero sin el ánimo de venganza y con la plena convicción  de  que la resistencia  se hace antes de que el daño propiciado por el rey obre.

Ante tal interpretación de Locke desde la estructura política liberal enmarcada en una forma de gobierno como la monárquica, tal desobediencia fue reinterpretada después de la independencia en el país de la libertad y la democracia, Estados Unidos, por Henry David Thoreau, para quien la injusticia de la guerra entre los Estados Unidos y México (1846-1848) representó un acto de tal indignidad que los mexicanos perdieron por la fuerza la mitad de su territorio, Thoreau emprende un acto de desobediencia al no pagar los impuestos con los que se estaban financiado la guerra en su natal Massachusetts, también por la  ignominia de la esclavitud que se agudizó nueve años después con la guerra civil estadounidense en los estados del sur conocida como la ley Jim Crow de 1876.  

En “el deber de la desobediencia civil” de 1948, saliéndose del esquema de la democracia de carácter liberal y aproximándose al anarquismo afirma polémicamente que “el mejor gobierno es el que gobierna lo menos posible” y se pregunta por un gobierno dirigido por la conciencia moral que tanto hace falta en Estados unidos puesto que es contradictorio, entre otras cosas, que en un país que se dice de las libertades pueda tener una sexta parte de esclavos “¿Podría haber un gobierno en que no sea la mayoría la que decida entre lo justo y lo injusto, sino la conciencia?”, Si Locke esperaba que la desobediencia civil terminara en guerra, otra forma de guerra plantearía Thoreau, la del hombre de conciencia que no estaba dispuesto a pagar un solo centavo para que se continuara con la barbarie de la guerra y la explotación de los esclavos.

Por esta idea de desobediencia civil, fue encarcelado al evadir los impuestos federales, y afirmaba que “la única obligación que tengo derecho a asumir es la de hacer en todo momento lo que considero justo”, más allá de configurar una estrategia de desobediencia civil desde el plano de desobediencia financiera resulta importante destacar la moralidad de sus actos pese a la consecuencia que generó, “el individuo no puede cumplir leyes que dañen a otros, por la capacidad que se tiene para decidir” de fondo hay una evocación al carácter pietista en el que fue educado y un volver a la fuente originaria de la dignidad de la persona humana, pues “El hombre prudente no dejará lo justo a merced del azar ni deseará que prevalezca gracias al poder de la mayoría” (p. 22) en tales ideas se muestra como la moralidad es la forma superior de rebelión  para  superar  las formas de gobierno injustas, y es que el individuo se ve constreñido por la ley injusta a evitar el mal y vivir conscientemente desde la desobediencia a la autoridad  pues si las leyes son arbitrarias “El mejor gobierno es el que no gobierna en absoluto”.

Las ideas de Thoreau han sido asumidas como prescripciones o máximas de moralidad para enfrentar los desmanes de dominación y despotismo que  los Estados hacen con el poder de sometimiento tanto de otros Estados como de sus mismos conciudadanos, en el primero de los casos se tiene presente la influencia de sus teorías en la resistencia que en India se hizo ante los ingleses, en el segundo la revolución que generó en los Estados Unidos la gradual abolición de la esclavitud. En ambos casos dos personajes encarnan la decencia suficiente para transformar la sociedad en la que les correspondió vivir, Mohandas K. Gandhi y Martin Luther King.

El primero pensó que la acción no violenta era la solución ante la agresión de los ingleses, por ello buscaba mediante la desobediencia y el amor activo, impulsado por el satyagraha (firmeza de la verdad) y el Ahimsa[3] (no violencia) más que derrotarlos, avergonzarlos. El segundo, Luther King, entendió que la idea de 1896 de “iguales pero separados” seguía constituyendo una violación de la dignidad del afroamericano, sin embargo en el discurso en el Lincoln Memorial de 1963 abogaba por la justicia sin uso de la violencia  “Debemos evitar cometer actos injustos en el proceso de obtener el lugar que por derecho nos corresponde. No busquemos satisfacer nuestra sed de libertad bebiendo de la copa de la amargura y el odio”[4]. Si bien por medios diferentes se ha logrado entender la acción nefasta de la violencia en la desobediencia civil, unos (Thoreau y Luther King) desde el impulso del cristianismo, el otro  (Gandhi) desde el jainismo, encuentran en  las doctrinas profesadas la abstención de matar e incluso, en caso extremo, de no dañar a los seres vivos y menos aún  alimentarse de ellos, esta última siguiendo la premisa fundamental del legado  ancestral de Maurya Asoka.

Ante el panorama histórico presentado en la desobediencia civil y el anhelo de la erradicación de la violencia mediante la introyección moral de la dignidad humana en la práctica política, idea en la que también se podría ubicar a Kant, se puede establecer que en la realidad política de nuestro país la resistencia ciudadana  se constituye en un derecho manifiesto como excepción en la desobediencia civil, mas no a la disidencia o la desobediencia revolucionaria. Siguiendo la concepción moral expresada no sólo en el legado de Thoreau y Gandhi sino de Kant, podemos ubicar la definición que el filósofo de Harvard John Rawls  elabora de la misma como un  “acto público, no violento, consciente y político, contrario a la ley, cometido habitualmente con el propósito de ocasionar un cambio en la ley o en los programas de gobierno”[5] propicio solo en el estado social de derecho en el que las instituciones deben ser fuertes y sólo es factible con excepcionalidad en los estados que aún no han logrado tal fortalecimiento institucional.

Desde una óptica que se ampara en el ideal de crítica al derecho propio del republicanismo,  la perspectiva de Hannah Arendt  advierte que  “la ley puede, desde luego, estabilizar y legalizar  el cambio, una vez se haya producido, pero el cambio es siempre el resultado de una acción extralegal”[6] acción que se persigue en nuestro país al tratar de analizar si el acuerdo establecido, en uno de los conflictos más largos del mundo, con uno de los grupos beligerantes más representativos de la violencia en nuestro país, por la extensión del conflicto más que por su accionar del terror puede serle favorable a la inmensa mayoría de colombianos que aspiran a la tranquilidad en el orden, por citar sólo un contexto de la paz.

El detonante del llamado a la resistencia civil, y en ella, la desobediencia civil por parte de un partido político opuesto al gobierno negociador surge debido a factores que podrían- según el grupo político generar cambios significativos- sumados a la precaria institucionalidad que tiene el país. Además del mecanismo que se utilizaría para tal fin, el plebiscito, el expresidente y senador Álvaro Uribe argumenta que se busque o “sea un mecanismo de refrendación que otorgue garantías y permita la expresión de la voluntad  popular para decidir sobre cada uno de los acuerdos negociados”[7].  Y advierte el Centro Democrático que la desobediencia civil “Es el ejercicio de la oposición de manera sistemática, de acuerdo con la Constitución y con las leyes.” Debido a la impunidad que se genera en la negociación gobierno y FARC-EP  y tienen por lema “No a la entrega de Colombia a las Farc”  pues aseguran que es:  “nefasta para la democracia, no garantiza la estabilidad de los acuerdos firmados y, además, es generadora de nueva violencia” y las razones que se argumentan para la resistencia civil  tienen que ver con la aceptación del narcotráfico  como delito conexo con el político, sin extradición, pero con garantías de elegibilidad política por parte de los guerrilleros, además señalan que hay en la negociación:  1. “impunidad disfrazada”, 2. una inadecuada “elegibilidad política”  al tener delitos de lesa humanidad los guerrilleros, 3. “nivelan a Farc con Fuerzas Armadas” por el sometimiento de los militares a las misma leyes que ejercerán los jueces con los guerrilleros, 4. “igualan sociedad civil con terroristas”, 5. “se negocia el campo colombiano con Farc”,  6. “no hay reparación de las Farc a las víctimas”, 7. “facultades limitadas del gobierno”, 8. “acuerdo especial es un golpe a la democracia”, 9. “negociación amenaza la estabilidad económica”, 10. “plebiscito aprobado por el gobierno es ilegítimo” por bajar el umbral del 50% al 13%, “gobierno no escucha a la oposición”[8]. A la fecha el tema de las negociaciones y sus implicaciones en la vida de los colombianos, parece en principio un sofisma destructorio en la disputa entre el actual y el exmandatario, y en puesto que se desconocen  las consecuencias que generará un hecho tan novedosísimo como lo es para los colombianos un post acuerdo.

Una  cuestión ética que podría surgir frente a la desobediencia civil dese el ámbito teórico e histórico propuesto por los distintos autores consistirá en poder descifrar si los intereses que se tienen frente a la resolución del conflicto armado con éste grupo guerrillero  carece de una sed de auto-defensa,  de justicia o de una vil forma moral de incremento del conflicto, la venganza y con ella la reactivación del circulo violento de  víctima y victimario.

 

 

 

Bibliografía

Arendt. H. Desobediencia Civil. En Crisis de la república, Madrid, Taurus p. 87.

Centro democrático, disponible en: http://www.centrodemocratico.com/sites/default/files/presentacion_resistencia_civil_1.pdf

Diario el Universal, 4 de Junio de 2016. Disponible en: http://www.eluniversal.com.co/politica/centro-democratico-inicia-en-todo-el-pais-firmaton-contra-el-plebiscito-227679

Escobar G., Mario. Martín Luther King: la lucha por los derechos humanos. Madrid: H&D editores. 2006

Gandhi,  M. Non-violence in Peace and War, Navajivan Publishing House, Ahmedabad. 1949.

John Locke, Segundo tratado sobre el gobierno civil: un ensayo acerca de verdadero origen, alcance y fin del gobierno civil. Tr. Carlos Mellizo. Madrid: Alianza.   Versión online disponible en: cinehistoria.com/locke_segundo_tratado_sobre_el_gobierno_civil.pdf.

John Rawls, Teoría de la Justicia, México, F.C.E., 1979.

 

 

 



[1] John Locke, Segundo tratado sobre el gobierno civil: un ensayo acerca de verdadero origen, alcance y fin del gobierno civil. Tr. Carlos Mellizo. Madrid: Alianza, p. 42 y ss.   Versión online disponible en: cinehistoria.com/locke_segundo_tratado_sobre_el_gobierno_civil.pd.

[2] Ibid., p. 44

[3] “Ahimsa no es la meta. La verdad es la meta. Pero no tenemos otros medios para realizar la verdad en las relaciones humanas que la práctica de ahimsa”. Gandhi, M., Non-violence in Peace and War, 2 vols, Navajivan Publishing House, Ahmedabad. 1949.

[4] Escobar G., Mario. Martín Luther King: la lucha por los derechos humanos, Madrid, H&D editores, 2006. p. 52.

[5] John Rawls, Teoría de la Justicia, México, F.C.E., 1979, pág. 332

[6] H. Arendt. Desobediencia Civil. En Crisis de la república, Madrid, Taurus p. 87.

[7] Centro Democrático inicia en todo el país 'firmatón' contra el plebiscito. Diario el Universal, 4 de Junio de 2016. Disponible en: http://www.eluniversal.com.co/politica/centro-democratico-inicia-en-todo-el-pais-firmaton-contra-el-plebiscito-227679

[8] Cada uno de estos numerales  los pueden encontrar en la página del Centro democrático, disponible en: http://www.centrodemocratico.com/sites/default/files/presentacion_resistencia_civil_1.pdf

 

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