Misericordia, el ósculo de la caridad y la justicia

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Por: Camilo Andrés Gálvez Lopera

 

Cuando la persona que nos ofende se mantiene férrea en su posición

 

y no admite su error es imposible que la misericordia y el perdón hagan presencia en su corazón. Esta es la manera como logramos evidenciar que el hombre debe disponerse de manera plena para que la caridad y la justicia puedan anidar en su corazón.

 

En la sociedad contemporánea se invoca constantemente la actitud más adecuada que debe tomar el que ha sido ofendido pero muy poco clara queda la posición que debe asumir (y los compromisos) aquél que ha sido la fuente de la dis-cordia. Cuando hablamos de dialogar entre las partes para llegar a una relación cordial (de corazón) más feliz y duradera, es necesario que tengamos en cuenta las obligaciones propias de ambas partes.

A este respecto conviene realizar una sencilla reflexión sobre las características y alcances de varios elementos presentes a la hora de perdonar: la justicia, la caridad y la misericordia. A primera vista lleva las “de perder” la justicia pues nuestra primera reacción frente a estas keywords es relacionar las últimas dos con actos de amor y consideración y, por el contrario, la primera, carga con el estigma de la desconsideración, la incomprensión y hasta la intolerancia. Así pues, es necesario limpiar el sesgo presente en esta lectura. La justicia no es otra cosa que una servidora humilde de la caridad. Si una no está presente la otra “siente” su ausencia y no logra desenvolverse plenamente en el corazón del hombre.

Hay múltiples consideraciones en las Sagradas Escrituras y el magisterio a este respecto y bien vale la pena recoger algunos conceptos fundamentales para nuestro recorrido:

“La misericordia de Dios está por encima de la justicia” (Dives in misericordia, n. 4 y 6)

“Bienaventurados los misericordiosos –dice- porque ellos alcanzarán misericordia” (Mt., 5, 7).

“Un corazón contrito y humillado Tú Señor no lo desprecias" (Sal 50, 19).

“Dios es rico en misericordia” (Ef. 2, 4-9).

La misericordia es “el encuentro de la justicia divina con el amor: el “beso” dado por la misericordia a la justicia” (DIM)

 

Es casi inefable lo que podemos encontrar a este respecto dentro de las enseñanzas de la Iglesia. El problema de la justicia y la misericordia tiene resonancia tanto a nivel personal como social; así que lo más importante dentro de la presente reflexión es tomar en consideración que las dos conviven en armonía y de igual manera se hacen presentes en la vida del hombre en las más variadas circunstancias. Así pues, tanto la una como la otra se convierten en elementos fundamentales dentro del “circuito” del perdón. Todos y cada uno de los involucrados en el proceso deben abrir su corazón y fortalecer su voluntad para que tanto la justicia, como posibilidad de dar al prójimo lo que les es debido y la misericordia, como compasión a aquellos que se encuentran en necesidad, convivan armónicamente tanto en el corazón del ofendido como en el del ofensor.

El mundo está a la espera de propuestas efectivas para que la sociedad pueda convivir en paz. La experiencia del pasado “demuestra que la justicia por sí sola no es suficiente y que, más aún, puede conducir a la negación y al aniquilamiento de sí misma, si no se le permite a esa forma más profunda que es el amor plasmar la vida humana en sus diversas dimensiones.” (Cf. Dives in misericordia). Una justicia que involucre la caridad y la misericordia se convierten hoy más que nunca en el camino más rápido para alcanzar horizontes alentadores para un hombre ya cansado de esperar soluciones.

 

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