La paz más allá de Uribe y Santos

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BCPor: Beatriz Eugenia Campillo Vélez



Que el Estado colombiano tenga una historia relativamente corta y que estemos en un proceso de consolidación

de las instituciones (pensarnos más allá de caudillismos), resulta una realidad evidente; pero esta tesis dista mucho de afirmar que el Estado colombiano este pasando en estos momentos por los procesos que vivió la Europa del siglo XVI y que el conflicto que vivimos no sea más que la expresión de las dinámicas propias de esta configuración.

 

Estas dos visiones son las que se ocultan y chocan detrás de los discursos del presidente Juan Manuel Santos y el ex presidente Álvaro Uribe, dos visiones antagónicas que van más allá de caprichos, insultos, diatribas, o simples ansias de protagonismo, y las cuales los colombianos deberíamos estudiar con detenimiento, superando las polarizaciones simplistas y reductivas que nos dividen en: “santistas vs uribistas”, “pacifismo vs guerrerismo”, “amigos de la paz vs enemigos de la paz”; rótulos que solo resultan ser en la práctica cortinas de humo que distraen y evitan la discusión de ideas con tesis claras.

 

Desde la academia hay un aporte interesante que sintetizó muy bien el profesor Juan Carlos Lopera en su artículo “Dilemas de los procesos de paz en Colombia” publicado en el año 2007, quien identifica dos lecturas sobre el conflicto armado: los “hacedores de paz” y los “defensores de derechos humanos”.

 

Los “hacedores de paz” (tesis compartida por los gobiernos de Betancur, Gaviria, Pastrana –al inicio- y ahora Santos, apoyado en este momento por la alianza de partidos “Unidad Nacional”), suponen que el conflicto actual es una “dinámica propia de la integración y consolidación del Estado”, el cual al estar en construcción debería optar por una victimización horizontal, esto es darle la misma legitimidad a todas las partes, “simetría moral y jurídica”, por lo que se usa la palabra “enemigo” y “guerra”, como si de otro Estado se tratara. Así, la figura del victimario simplemente sería la de aquel vengador que lucha por sus intereses, que si le cediéramos espacios de poder podríamos llegar a construir algo juntos -tratamiento político-, por tanto se privilegia el sentido de estabilidad por encima del de la justicia. La amnistía en este contexto es vista como la búsqueda de reconciliación entre iguales, sin pensar que hay una parte más legítima que la otra.

 

Por su lado, los “defensores de derechos humanos” (tesis defendida durante el gobierno de Uribe y hoy acogidas tanto por sectores del partido Conservador así como del Centro Democrático) parten de una idea totalmente distinta. Suponen que el Estado ya tiene unas bases, unas instituciones y simplemente necesita fortalecerse para su buen funcionamiento. El tener esta claridad implica el poder hacer una victimización vertical, es decir que el Estado está en la capacidad de diferenciar entre víctimas y victimarios. El victimario es un criminal, por tanto entre las partes del conflicto hay una clara asimetría moral y jurídica, lo que hace imposible equiparar a un guerrillero con la fuerza pública. Es así como en esta lectura prima el Derecho, la justicia sobre la estabilidad, una relación policiva. La amnistía en este contexto de reivindicación de víctimas es claramente impunidad.

 

Es así como parece saltar a la vista como las tesis defendidas por la línea de los “hacedores de paz” se compagina con la agenda de las FARC, quienes con la combinación de todas las formas de lucha –incluido el terrorismo- han buscado ser reconocidos como actores políticos, como víctimas y no como victimarios, pues se leen a sí mismos como si fueran otro Estado, y en repetidas ocasiones han manifestado que su objetivo es “refundar la patria”, viendo en el actual Estado de Derecho un obstáculo para su proyecto ideológico.

 

En suma, ya estaría bien que el país despertara de unas dicotomías personalistas que no llevan a ninguna parte y se concentrara en analizar las tesis que se esconden tras ellas, y que no son defendidas por una sola persona sino por colectividades, pues como hemos pretendido mostrarlo en este pequeño artículo lo que está en juego es mucho más que la sola firma de la paz, es el sentido mismo del Estado, por tanto nuestro futuro.

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