BACRIM y etiquetas de propaganda

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CJPor: Catherine Jaillier Castrillón

Desde hace unos años, los ciudadanos colombianos hemos estado envueltos en “información” y “noticias” de acciones políticas

y militares, nombradas en una forma creativa y atractiva, tal como si fuese toda una serie de televisión o bien, una película de cartelera. No es extraño recordar nombres como: Operación Orión, Operación Emmanuel, Operación Jaque… y se podría continuar el listado.

Ahora, nuestra población colombiana, se ve impactada por nuevos nombres para referirse a situaciones bastante complejas que desestabilizan la seguridad y en general, la vida de los ciudadanos.

Se dice que desde el inicio de este mes de mayo, se activó el Centro de Inteligencia Electoral para el departamento de Córdoba y municipios de Sucre y Antioquia, donde se adelanta el “Plan Troya”. Con estos organismos se busca evitar que las “Bacrim” interfieran en los procesos electorales. ¿Por qué algunos medios de comunicación no utilizan los términos bandas criminales emergentes? ¿Por qué llamarlo Plan Toya? ¿Qué se pretende con esto?

Darle un nombre a una operación militar o estatal, acudir a la síntesis por encima del análisis, o darle un nombre diferente al “enemigo”, son ejemplos de algunas tácticas de la maquinaria propagandística propuestas por Joseph Goebbels  -Ministro de Propaganda Nazi-. Es posible pensar que las teorías y las tácticas de propaganda han cambiado, y no es necesario remitirse a textos de mediados del siglo pasado para considerar ciertas tácticas de comunicación de masas. ¿Será cierto?

Sin embargo, este breve ensayo reflexivo pretende dejar unos interrogantes ante el uso de la “propaganda”. Uno de los principios sugeridos por Goebbels dice que esta, debe etiquetar los acontecimientos y las personas con frases o consignas distintas[i] (Moragas, M. 145).

¿Qué se busca cuando se piensa en un nombre para una etiqueta o producto? Que sea corta, sonora, genere recordación, remita a emociones o experiencias previas del consumidor o usuario, y genere una identidad que le distinga de otros productos del mercado. Tal vez, si Goebbels hubiese estado en estos tiempos, no utilizaría el término etiqueta sino marca.

¿Cómo se construyen los nombre de una marca?Se puede remitir a asuntos relacionados con las propiedades o características del producto: si es dulce, ácido, duradero, liviano –por ejemplo- , o según el uso –quita el dolor de cabeza, blanquea los dientes, da status, confort, etc.- También puede construirse el nombre juntando términos, apellidos o nombres. Postobón, por ejemplo nace de unir Posada-Tobón.

La marca, siguiendo lo escrito por Joan Costa[ii], se remite a asociaciones fuertes entre ella y el producto. Para gestionar una marca, se requiere un trabajo de equipo pues no consiste solamente en buscar un nombre sino en saber sobre la construcción de la imagen y cuáles son los intereses o la ambición  que hay tras ella. De igual forma, para construir una estrategia propagandística se necesita todo un equipo y unos objetivos a alcanzar. Los cambios se dan a largo plazo, pero si el trabajo ha sido minucioso, poco a poco se irá visibilizando en las conductas de los ciudadanos.

Con el uso de estas etiquetas o marcas puestas a las operaciones, ¿se desea remitir a la experiencia emocional del perceptor del mensaje;o bien despertar en la audiencia asuntos sensoriales?¿Se busca legitimar, generar lealtad, confianza o esperanza, y construir una identidad alrededor de la marca y de lo que ella representa? ¿Quién gana: el Estado o el “enemigo”?

Cuando se mira la palabra BACRIM, desde la teoría de las marcas, puede decirse que es una construcción que parte de varios términos: bandas criminales. Pero en la mente de quien recibe el mensaje, es mucho más fuerte escuchar bandas criminales que este neologismo.  Es un término corto, sonoro, que si se repite una y otra vez en  varios medios masivos de comunicación comienza a aceptarse como si fuera algo normal. En él se ejerce una acción de simplificación para referirse a un enemigo. El problema social, de seguridad ciudadana, con todas las aristas posibles y complejas, se traduce en un nombre simple, amorfo y único. Se responde así a otra ley de propaganda: tener un enemigo único.

Según lo publicado en la revista Semana, por el periodista y docente universitario Juan Diego Restrepo E., el término “bacrim” no es un invento de la prensa ni de analistas especializados en el tema de seguridad, es una definición que las mismas autoridades militares y de policía le dieron a esos nuevos grupos criminales en el año 2006, cuando se conformó bajo la responsabilidad de la Dirección de Carabineros y Seguridad Rural de la Policía Nacional una oficina de coordinación interinstitucional e información que articularía los procesos de inteligencia, operativos y de confrontación contra estas organizaciones ilegales[iii].

Partiendo de esto, se puede afirmar que son términos utilizados siguiendo algunas sugerencias del ejercicio de propaganda principalmente hitleriana. Los nombres de las operaciones y del enemigo en cuestión simplifican, desfiguran para ir logrando, con tácticas comunicacionales, una construcción y legitimación del poder. La orquestación[iv] (Domenach, J.M 60), otra de las leyes de propaganda, consiste en decir una y otra vez, como si fuera un Leimotiv, el mismo mensaje: la incansable lucha contra el enemigo. Basta escribir en un buscador de internet el término BACRIM y hay un sinnúmero de artículos y videos que lo referencian.

Los colombianos no tenemos un Aquiles, ni somos de Troya, ni mucho menos tenemos un caballo de madera y una estrategia como lo plantea esta leyenda. Pero si este imaginario mitológico ayuda a construir una idea de las estrategias de “guerra” por parte de las fuerzas del Estado, entonces cumple, como se ha dicho en el transcurso de este ensayo, el objetivo de conquistar las mentes de los perceptores. Es preferible hacer soñar al lector o a la audiencia, y dejarla en una cierta ignorancia y romanticismo de la lucha y el combate, que presentar la realidad con todo su color y tragedia. Se ha intentado construir verdades que queden para la historia, aún en los medios más amados por el Ministro de Propaganda Nazi: el cine. Ya hasta se puede conseguir un video para rememorar la Operación Jaque.

¿Será que ya pasaron de moda las leyes y tácticas de la maquinaria propagandística? ¿Cuáles serán las próximas etiquetas?

[i] De Moragas, M.(1985)  Sociología dela comunicación de masas. Propaganda política y opinión pública. Barcelona.

[ii] Joan, Costa. La imagen de la marca.pdf

[iii]http://www.semana.com/opinion/tardia-guerra-contra-llamadas-bacrim/151567-3.aspx

[iv]Domenach, J.M. (1962). La propaganda política. Buenos aires.

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