Lecciones de ética con sello Bolivariano

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BCPor: Beatriz Eugenia Campillo Vélez

El bolivariano "No se inspirará nunca en fines calculadores o indignos,

 

sino que, teniendo en cuenta la naturaleza humana y su destino final, luchará por su perfeccionamiento, ennoblecerá su vida, dignificará cuanto con él se relacione de tal manera que nunca se le pueda enrostrar que faltó al espíritu de la Universidad o que dejó de obrar bien en algún momento", son las palabras con las que Monseñor Manuel José Sierra subraya la obligación seria de estudiar que caracteriza el espíritu de nuestra Universidad.

Después de la desafortunada noticia que conocimos frente al tema de la compra de notas, es necesario reflexionar y aprender justamente de este hecho algunas lecciones de Ética:

En primer lugar, lo sucedido debe suscitar una fuerte reflexión de ética individual, personal, es necesario preguntarnos cuántas veces consentimos conductas corruptas en nuestra vida diaria y solo las criticamos con vehemencia cuando salen a la luz pública. Siempre estamos prestos a alzar nuestra voz contra la corrupción política, por ejemplo, pero pocas veces analizamos que pagar para que otro haga la fila, sobornar para evitar una multa, falsificar documentos, robar tiempo de trabajo, y un largo etcétera, también son conductas que deberían parecernos igual de escandalosas socialmente. Que importante recuperar como sociedad la exigencia y huir de la cultura light, de poco esfuerzo, que impera.

En materia educativa la responsabilidad es mayor, y recae en gran parte en los docentes quienes debemos estar atentos a corregir, pero especialmente a dar ejemplo. También son muestras de corrupción conductas tan comunes como el hacer trampa en un examen, suplicar para que se suba una nota, copiar textos de internet sin hacer la debida referencia, sacar excusas para no cumplir con un trabajo a tiempo. Al respecto el profesor Kurt Wiesenfeld en el artículo titulado “cómo se consiguen las buenas calificaciones”, nos recuerda que “Los profesores debemos decir más bien que no queremos (no que no podemos, sino que no lo haremos) cambiar la calificación que el estudiante merece, por aquella que desea. Con frecuencia se quedarán desconcertados o incluso enojados. No consideran justo el hecho de que son juzgados según su desempeño, y no según sus deseos o su “potencial”. No consideran justo que deban poner en riesgo sus becas o estar en peligro de cancelar la asignatura, sencillamente porque no pudieron hacer o porque no hicieron su trabajo. Pero es más que justo, es necesario para ayudar a preservar un estándar mínimo de calidad que nuestra sociedad necesita para mantener su seguridad y su integridad”.

Y es que como lo explica el profesor Wiesenfeld  curiosamente en nuestra sociedad la nota dejó de ser el resultado de esfuerzos o la falta de ellos, para convertirse en un bien de consumo, que generará ganancias economicas cuando por medio de ella se acceda a un título y posteriormente a un trabajo. Se cae pues en una lógica consumista, donde algunos parten de la idea que matricular un curso supone el ganarlo, o que el cliente siempre tiene la razón, olvidando que en el ámbito educativo no puede ser entendido bajo la lógica empresarial.

Cuando una universidad titula a un estudiante, le está entregando un profesional a la sociedad y está garantizando que esa persona está lo suficientemente cualificada y formada para asumir las labores propias de su saber. La responsabilidad es inmensa y por tanto no puede tomarse a la ligera por parte de las Instituciones de educación superior, pero tampoco por parte del estudiante y de su familia, quienes deben ser los primeros interesados en adquirir una buena formación.

Desde la Ética personal, sería bueno recordar el partido de futbol que se jugó en Holanda en 2004, donde como lo titularon los diarios: “Ajax se dejó meter gol en defensa del juego limpio”, solo porque querían ganar de manera limpia y justa. Qué bueno sería insistir en esto, que lo importante no es tanto el resultado, sino cómo se consigue y que eso debe ser un reto y una satisfacción personal, pues se ha vuelto costumbre en nuestra sociedad el alcanzar el éxito rápido y sin esfuerzo, como lo denuncia el profesor Pedro Juan González Carvajal, en el video “¿por qué los colombianos somos pobres?”, esta es tal vez una de las peores herencias del narcotráfico, muchos jóvenes ignoran que para alcanzar las grandes metas hay que trabajar con persistencia, disciplina y responsabilidad.

En segundo lugar, la otra gran lección de Ética que debemos sacar es producto del manejo que los directivos de la Universidad le dieron a esta situación, el hecho de que el mismo Rector fuera quien anunciará el caso de los fraudes, es un aspecto de gran importancia. Algunos son de la opinión de que "los trapos sucios se lavan en casa", y seguramente hay momentos en los cuales se pueda aplicar, pero aquí sin lugar a dudas se siguió el ejemplo que varias compañías a nivel nacional e internacional han dado, donde al manejar una crisis con trasparencia, capacidad de denuncia y agilidad en la toma de correctivos, han logrado no solo superarla sino recibir a cambio una gran confianza.

Uno de los casos más recordados es el de Johnson & Johnson cuando en 1982 “se enfrentó a una situación crítica, la muerte de siete personas a causa de envenenamiento por haber ingerido cápsulas de Extra Strength Tylenol que habían sido adulteradas con cianuro. Inmediatamente la empresa intervino y ordenó el retiro del mercado de 31 millones de frascos de Tylenol, alegando que por encima de los cien millones de dólares de pérdida, estaba la vida de un ser humano.” , o el caso de Bancolombia cuando algunos de sus empleados aprovecharon una falla del Éxito para adquirir de forma masiva unas neveras, lo que generó también un fuerte debate, frente al cual se recuerda la lección de ética dada por su Presidente, quien además supero la crisis y reivindicó la imagen de su compañía… y seguramente podríamos citar más ejemplos.


Lo tercero, es recordar la responsabilidad de los medios de comunicación al informar, que no se debe generalizar cuando solo se tiene conocimiento de algunos casos, y que no se debe juzgar a la ligera. Todas las Instituciones son vulnerables a tener eventos de corrupción, lo importante es el interés por detectarlo y corregirlo, pero no es justo etiquetar a toda una comunidad por lo que unos pocos hacen equivocado.

Aunque visto desde la otra orilla, es una razón más que nos exige que nuestro comportamiento sea intachable, lo personal y lo institucional va de la mano y tenemos que ser consientes que nuestros actos no solo ponen en juego nuestro nombre sino el de muchas personas, lo cual debe motivarnos a siempre procurar actuar bien, sin importar donde estemos.

Finalmente quisiera destacar como muy positivo la unión de todos los estamentos por la defensa de nuestra Universidad, de nuestra identidad, muy particularmente hay que destacar la actuación de los estudiantes. La presencia en las redes sociales fue sorprendente, y los mensajes de respaldo que se escucharon desde los más diversos sectores de la sociedad, hicieron sentir el aporte que los miles de egresados hacen todos los días. Como diría la sabiduría popular “es de sabios reconocer errores y aprender”, aquí se detectó uno, se corrigió y seguimos adelante con el mismo entusiasmo y compromiso que como Institución hemos tenido en estos 77 años, quienes hemos tenido la fortuna de formarnos en estos claustros somos responsables de seguir construyendo.

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