Así debe actuar una Universidad seria

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f5Por: Juan José García Posada

Ninguna institución educativa está libre de quedar afectada por un episodio de fraude

 

o de manejo ilícito de calificaciones. Sería insensato aceptarlo como algo normal, pero tampoco debería causar escándalos farisaicos.
 
Puesto que se reconoce el riesgo de que alguien cometa la transgresión a pesar de los controles y cautelas dispuestos, por eso mismo en los reglamentos de universidades y colegios coherentes con sus convicciones éticas están previstos las normas, los procedimientos y las sanciones. Cada caso que se detecte debe ser investigado, conforme con reglas básicas del debido proceso, sin precipitación ni prejuzgamiento, con razonable prudencia y con la autonomía y el criterio de responsabilidad que acreditan la corporación y la hacen respetable ante la sociedad.
 
Es obvio que el mayor prestigio de una entidad universitaria hace que determinada situación que subvierta la normatividad sea más resonante. Mientras más grande sea en edad, calidad y magnitud, más impactante será el hecho anómalo, por insólito y sorprendente y por las repercusiones sociales que ocasione.
 
Un caso de tráfico de notas en alguna de las llamadas universidades de garaje pasa como algo natural y hasta rutinario. Puede ser parte de su discurrir diario. De su modo de habitual de vida.
 
Pero las corporaciones tradicionales y de mayor estatura académica también pueden resultar inficionadas por personas inescrupulosas que les asaltan la buena fe. Años atrás, un profesor de otra universidad de nuestra región denunció graves fallas en el funcionamiento de grupos de investigación. Creo que se establecieron correctivos y todo volvió a la normalidad. Otra vez, una profesora de literatura de una tradicional universidad de Bogotá fue condenada por plagiar el artículo de una alumna en una revista. Tal Universidad sigue incólume.
 
Hace dos años y medio, cuando un hijo de Gadafi compró el doctorado en la London School of Economics, una de las más influyentes instituciones de ciencias sociales del planeta, aquello fue calificado de monstruoso. Y esa universidad, de talla mundial, superó el momento crucial.
 
No pocos lectores saben que soy profesor de la UPB desde hace más de 40 años. Puedo y debo escribir sobre este asunto. La veracidad, la transparencia y el criterio de responsabilidad con que la Universidad ha asumido el caso reafirman su confiabilidad institucional, construida en 77 años de formación en valores. Y con buena fe, la misma que puede hacerla vulnerable ante quienes la irrespeten con maromas fraudulentas, o mediante su potente capacidad de chismorreo y maledicencia.
 
Fraude y chismorreo que no se quedan impunes porque han recibido la justa y formidable  sanción social aplicada por miles de personas que defienden la Universidad por los más diversos medios de comunicación y plataformas informáticas. Tal es el reconocimiento de como debe actuar una Universidad seria.

(Columna publicada por EL COLOMBIANO, el lunes 30 de septiembre).

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