Fieles en lo mínimo

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CJPor: Catherine Jaillier Castrillón

¿Por qué ir por la vía del fraude, el engaño y la deshonestidad para alcanzar los objetivos?

Estos días de noticias sobre el tema del fraude, invitan a un ejercicio reflexivo desde distintos ángulos: la responsabilidad de los medios y del manejo de la información y la comunicación; la responsabilidad de la educación; la responsabilidad social y la de cada sujeto. Todo se relaciona, se conecta y se afecta. Pero en todos los casos la educación juega un papel importante y es ahí donde deseo plantear algunas ideas.
El término educar puede relacionarse con los verbos guiar, conducir, sacar lo mejor del hombre, criar, desarrollar o perfeccionar las facultades, los sentidos, las aptitudes, etc. Las personas que cumplen esta tarea saben que para ello es necesario corregir e invitar a intentar de nuevo hasta lograr lo deseado.  Sin embargo, nuestra sociedad va revelando que este camino de paciencia, templanza, disciplina, perseverancia y constancia no es el más atractivo. La lucha se reduce a alcanzar los logros, sin dolor, en el menor tiempo posible y a cualquier costo; o bien, cumplir con la efectividad, eficiencia y la eficacia.
Corregir pequeños actos parece algo insignificante, y por momentos se convierte en motivo de risa o de fiesta en las familias y en otros entornos formativos. Para algunos padres, contar con orgullo o risa las “trampas” o “travesuras” con las que lograron ganar una u otra materia es algo normal. De igual forma, se acepta y genera simpatía contar entre los compañeros de oficina o del trabajo cómo se libraron de la capacitación por la foto-multa, le sacaron el cuerpo al peaje, lograron conquistar un cliente de otro con procesos engañosos; o cómo se comieron unas frutas o unos productos del mercado sin ser vistos…  todo entra dentro de lo aceptado socialmente. La única regla importante es no ser visto.  
De igual forma ocurre, cuando los textos, las ideas, las creaciones de otros se toman, se les hace unos cuantos ajustes, y nadie se da cuenta de que realmente pertenece a otra fuente. Hasta las grandes firmas de modas y de diseño van a otros lugares, no sólo para “ver” las tendencias sino para copiarlas.
Esto de la copia, el fraude y los procesos deshonestos se va acentuando hasta convertirse en un comportamiento “normal”. Ahí está uno de los focos cancerígenos de esta sociedad. No hay honestidad ni responsabilidad en los actos y sus consecuencias. La responsabilidad es del “otro”, en una cadena de responsabilidades no asumidas.
Dice el evangelio de Lucas 16,10 “El que es fiel en lo poco, también es fiel en lo mucho, y el que es deshonesto en lo poco, también es deshonesto en lo mucho”. Si desde el colegio, el estudiante paga con dinero o con otro medio, a otra persona para que le haga el dibujo, la plancha, el problema de matemática o de física, el ensayo o la cartelera, es necesario corregirlo, hacerle consciente y guiarlo hacia el obrar bien.
Es deber tanto de los padres como de la escuela conducir, orientar y educar desde las bases a los ciudadanos del país. Es necesario ayudarles a los niños y jóvenes a encontrar y a sacar lo mejor de cada uno y potencializar cada talento, capacidad y habilidad, porque sólo así tendremos buenos hombres en quiénes podamos creer.
Dudamos de lo que nos dicen los medios, de los diálogos y procesos de paz, de la estructura política, de los vecinos y hasta de las organizaciones y fundaciones, porque hemos visto tanta deshonestidad que perdemos la posibilidad de creer.
Deseo pensar que situaciones como esta, vivida en la Universidad Pontificia Bolivariana, se convierten en oportunidades para revisar la propia vida, la educación y la sociedad.

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