Transparencia, ética y universidad

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GSPor: Gabriel Alexander Solórzano Hernández

Recientemente me encontraba realizando un documento de trabajo referido

a la transparencia en la empresa del sector público,  puesto que tradicionalmente esta ha sido estudiada por el talante que manifiestan algunos de sus servidores, y con asombro notaba que según el Índice de Percepción de Corrupción de Transparencia Internacional nuestro país se ubicaba en el puesto 94 de los 176 pises sometidos a evaluación. En Colombia las formas de corrupción han asumido un preocupante carácter estructural que se manifiesta en prácticas muy divulgadas como: la impunidad, el soborno, el favoritismo, el nepotismo, el tráfico de influencias, el fraude, la prevaricación y la mordida, entre otros más. Tal accionar del sector público parece haber migrado análogamente al ámbito privado con algunas de sus formas ilegales y moralmente inaceptables.

Para algunos analistas como Elisabeth Ungar Bleier directora ejecutiva de Trasparencia por Colombia el sector privado es sólo corresponsable de muchos hechos de corrupción, contrastando con ésta idea, algunos empresarios especulan que la corrupción del sector privado está a la par o es mayor que la del sector público en algunos casos. Es claro, que en el sector privado el dinero hurtado, obviamente no procede de los impuestos, sino de los accionistas y son los empleados de niveles intermedios quienes logran, además de abusar del poder conferido por la empresa, y de traicionar sus propios principios,  ser los artífices del mal social causado. Si bien, en el argot popular se manifiesta la expresión aquella de que los hombres pasan y las instituciones quedan, en el caso de las empresas, el desempeño de los corruptos, que también pasan, dejan a las empresas y a los miembros de las misma con lesiones morales duraderas, pues en nuestro contexto el daño causado por un miembro de cualquiera institución o corporación, tiende a ser generalizado en cada uno de los integrantes de tal institución. Es decir, socialmente se le cuestiona e incluso, algunos,  estigmatizan a cada uno de los miembros de la empresa como si fueran responsables de lo sucedido. El daño que unos cuantos generan contra las instituciones, se torna de carácter colateral, y no sólo se remedia con la respectiva sanción legal, -en un país como el nuestro en el que la impunidad prolifera-, sino con la desaprobación por parte de sus miembros.

 Lo cierto es que constato un panorama abrumador que opaca la transparencia administrativa puesto que parece estar generalizándose en esferas del tener y del poder, tanto en el sector público como en el sector privado. Tener y poder se han convertido en los referentes de muchos empleados, quienes inmersos en un egoísmo psicológico confusamente giran en torno a pseudo-dilemas morales referidos a la dialéctica de la bondad del mal o su banalidad. Socráticamente podría pensarse que el daño o a otros es causado por la ignorancia del sujeto que ejerce la acción, tal posición naturalista desconoce la maldad inserta en las acciones humanas. Desde otro punto de vista, amparado en la necesidad del pacto social para la convivencia, el obrar incorrecto se hace conforme a  múltiples deseos motivados desde egoísmo psicológico como aquellos que tienen que ver con el honor, la gloria y el reconocimiento perennes en la naturaleza humana. Si los móviles de la acción humana tendieran, a manera de sindéresis, a la búsqueda continua del perfeccionamiento moral humano, fueran fáciles de introyectar en los individuos la respuesta que tendríamos sería diferente a la que comúnmente se encuentra por todas partes, no se trata de una justificación moral para el obrar incorrecto sino de una constatación propia de la naturaleza humana, que ni con el advenimiento del Leviathan y la incesante búsqueda del Behemoth ha logrado la transformación necesaria para la convivencia armónica. En una sociedad como la nuestra, que parece acoger sin reparo la doble estándar en ámbitos como el empresarial, social  e incluso individual,  en la que algunos individuos in-conscientes del daño que producen han calificado de normal y hasta ético lo ilícito e inmoral (desde un enfoque relativista).

La falta de transparencia moral y legal, tanto en el sector público como en el privado, ha permeado,  en sus  múltiples manifestaciones,  sectores antes poco relacionados como el de la Educación, y en él, la investigación y la ciencia, por ello, la organización no gubernamental de carácter mundial Transparencia Internacional además del índice de percepción de la corrupción , establece el  Barómetro Global de la Corrupción que en 2013 ubica, en los 107 países analizados,  La percepción de la magnitud de la corrupción en las diferentes instituciones según los respectivos países y constata que las instituciones (sectores) clasificados en: partidos políticos, policía, funcionarios públicos, militares, parlamentarios, rama judicial, negocios del sector privado, servicios médicos y de salud, sistema educativo, sector militar y cuerpos religiosos, entre otros, el mayor indicador o  mayor percepción de corrupción se deriva de la estructura política. Percepción que no es ajena al caso colombiano, puesto que en el país se encuentra la mayor manifestación de corrupción en la institución denominada  partidos políticos con una calificación de 3.8, siendo 5 el índice de mayor corrupción. De la institución que comprende el sistema educativo, sólo a nivel mundial se percibe una calificación del 3.2  
Es evidente que el fenómeno de corrupción que habitualmente se había estudiado con mayor profundidad en el sector público, particularmente de los partidos políticos y las empresas del Estado, se ha traspolado del sector público al privado, a manera de corresponsabilidad. Esta lesiva forma de captar los recursos,  en el caso educativo ha generado nefastas consecuencias tanto para quienes tratan sagazmente de engañar como para la ciencia misma y la sociedad. Pese a que ésta forma de engaño en los informes científicos, no sea la única manera en la que se capta tal fenómeno de la corrupción administrativa y científica, como veremos más adelante con el caso de funcionarios que inescrupulosamente roban a las instituciones.

Con respecto a la falsedad y al engaño de los sagaces científicos, se pueden citar varios casos: el primero, lo constituye el  reciente escándalo de la exministra alemana de educación y ciencia Annette Schavan, quien plagió su tesis doctoral con paráfrasis de textos y a quien la Universidad de Düsseldorf le retiró el título de PhD. Lo paradójico de Schavan es que, además de pertenecer al partido Demócrata Cristiano, la funcionaria proviene de formación académica humanista, y su tesis se refería, hace más de 33 años atrás, al “Carácter y conciencia estudios sobre las condiciones y demandas del desarrollo en la conciencia de hoy”,  y que con todo ello sea la artífice de tal fraude, parece inconcebible.   

El segundo caso de corrupción, también en el ámbito científico aplicado, es de ingrato recuerdo el conocido caso del fraude científico del coreano Hwang Wood-Suk quien publicara en la prestigiosa revisa Science entre 2004 y 2005 artículos referidos a la clonación de células madre utilizando manipulación de datos e imágenes en pro de mantener una heroica y prestigiosa carrera como científico. A Hwang quien se le preció, a mediados de la década pasada, de ser el pionero de la clonación de embriones humanos, sólo le quedó, la clonación del perro Snuppy, el desprestigio científico y un par de años en prisión .

Como ellos hay múltiples engaños, que en diferentes épocas se han presentado. EL tercer y último caso,  es el del biólogo austriaco Paul Kammerer quien en la segunda década del siglo pasado, intentó de demostrar la herencia biológica, un intento de demostrar experimentalmente el lamarckismo de manera equivocada. Krammerer descubierto en 1926 le transfiere la culpa a un joven aprendiz de su laboratorio, y termina suicidándose por aquél año. La idea del engaño y la corrupción en la ciencia constituye una seria problemática moral para la comunidad científica y para la sociedad en general.

En Colombia la corrupción se presenta en situaciones distintas a las del mundo científico, y se aproximan más al primer caso presentado, el de la exministra y exdoctora alemana,  entre los casos que se podrían citar el fraude intelectual, se encuentra, en un primera instancia,  el caso de algunos notarios quienes en aras de participar meriotcráticamente decidieron plagiar las tesis de abogados recién egresados, en la ciudad colombiana de Montería (como en su momento lo dio a conocer el periódico el Meridiano en su edición del 12 de marzo de 2013). En  segunda instancia, unos  contralores y notarios fueron llevados a juicio por ventas irregulares de predios con medidas de protección especiales para las víctimas del conflicto armado colombiano. También, en tercera instancia, se encuentran parlamentarios, que sin escrúpulos toman de expertos,  textos o partes de textos sin la debida citación, violando derechos de autor, para presentar proyectos de reforma legislativa. Lo paradójico es que siendo violadores de derechos de autor, pretendían estudiar y avalar  una ley antiplagio en la  que ellos serían los votantes.

Las anteriores formas en las que se manifiesta la corrupción, en las que se  afecta la transparencia en la investigación científica, y la credibilidad de los funcionarios públicos, es una de las tantas maneras en las que lo ilegal y lo inmoral se constituyen por costumbre en hábitos distorsionados de las acciones humanas  y que algunos en su relativismo moral le dan el calificativo de normal, pero ¿Cuándo el delito se volvió un asunto normal o de pública aceptación?,  las consecuencias de tales acciones humanas deberían conllevar al consecuente desprestigio y vilipendio por parte de quienes le apuntan al juego limpio, además de  la sanción legal y social.

La inmediatez de la acción, conduce  a las inmorales e infortunadas formas con la que se han presentado la corrupción, el fraude y las distintas manifestaciones de falta de transparencia política y académica, creando en el ámbito general, a manera de conciente colectivo, una alteración de la realidad que tiene como consecuencias desfavorables, el inadecuado aprendizaje de los que apenas empiezan en el dilemático ámbito de la decisión moral.

Ante tales formas de actuar cabe hacerse múltiples preguntas, que pueden resultar aporéticas: ¿Puede enseñarse o aprenderse la ética? ¿Cuál es el límite ético de la naturaleza humana? ¿Puede ser introyectada la ética y de qué manera? ¿Por qué debe practicar la ética, así todos, algunos o ninguno la practique? ¿Es más importante el prestigio y otras cosas más, como el poder y el tener que la ética? ¿Pueden y de qué manera, los intelectuales pertenecientes a un núcleo académico como el universitario, intervenir en la problemática esfera que plantea los medios de comunicación, particularmente el periodismo? ¿Cómo alejar el sensacionalismo periodístico? ¿De qué depende la veracidad, la imparcialidad y la objetividad de los medios de comunicación ¿A quiénes  informan les interesa la deontología o la teleología de sus acciones? ¿De qué manera puede reducirse la corrupción en sectores como el de la investigación científica, la política y la academia? ¿Las medidas policivas frente a la corrupción deben aumentar?

Otra forma de corrupción, absolutamente lamentable e igualmente desfavorable, similar a la corrupción política y científica, consiste en el abuso de confianza, la vulneración de la seguridad académica, el hurto, entre otra formas más, de funcionarios o empleados que venden su conciencia y desprecian su trabajo ofreciendo mejores resultados a estudiantes que con ánimo egoísta e ignorantes de los resultados de sus corruptos actos pretenden engañar y engañarse a sí mismo. Para los empleados y funcionarios el hecho de perder el empleo es sólo una consecuencia directa de sus actos, pero también deben de responder legalmente ante las respectivas autoridades, si es el caso. Moralmente deberían excusarse con los demás miembros de la organización, puesto que no sólo afectaron su buen nombre sino el de la institución misma.  Ante esta situación cabe preguntarse ¿Será que lo sucedido con el científico coreano no les sirve de reflexión? O entenderán que la  crisis moral que padece la sociedad les sirve para justificar sus acciones. Pero si no se puede enseñar a las personas a actuar correctamente  ¿Por qué el castigo les es más significativo?

El fenómeno de la corrupción en los estudiantes, ha sido analizado con anterioridad en las Instituciones Educativas de Nivel superior, en un estudio realizado en al Universidad de los Andes en Colombia, en el año 2004, referido al fraude académico, entre los 1,194 estudiantes encuestados,  el 94 admitió haber cometido fraude académico, sin que fuera concluyente, la relación entre el fraude y el desarrollo moral de los estudiantes.  

Con éste estudio y lo recientemente sucedido en la Universidad Pontificia Bolivariana, en la que unos cuantos estudiantes convinieron en pagarle a empleados encargados del registro de materias diferentes cantidades, sin que aún se sepa cuáles eran las exigencias para los cobros. Esta situación  hace  que sea impostergable, además de la sanción académica, el estudio de los binomios ética y academia,  y la relación ética y pedagogía.
La Universidad como parte de la sociedad no está exenta de los males que a ésta última le aquejan, es necesaria una revisión de los múltiples factores que incidieron en el infortunado fraude Universitario.

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