Venga y vea

Valora este artículo
(1 Votar)

CJPor: Catherine Jaillier Castrillón

¡Venga y Vea! Perfectamente podría ser una expresión publicitaria para convocar

a la experiencia de compra que escuchamos una y otra vez en medios diferentes: la voz de un vendedor de un almacén, la Tv, un spot de telemarketing, la radio o cualquier otro medio de comunicación. Invitar a ver y a estar un rato es parte de la estrategia de “experiencias” que se hace para animar a un posible cliente, usuario o consumidor a conocer la marca y a lograr que la elija nuevamente. El gran problema aparece cuando todas las empresas, marcas, entidades de gobierno, centros deportivos, etc. dicen lo mismo: ¡venga y vea!
La pregunta que surge de inmediato es ¿cómo hablar para ser escuchados en medio de tanta exposición de mensajes? Y en eso se lo pasan los estrategas de comunicaciones comerciales. ¿Cómo hacer que me escuchen, me vean, me conozcan y me elijan entre otras opciones del mercado?
Los interrogantes no se agotan aquí, pero sí ayudan a identificar una característica de nuestro mundo actual: la saturación de información y de mensajes. Es irónico encontrar que varias generaciones que conviven cotidianamente, fueron nacidas, educadas y formadas en lo audiovisual. Las pantallas están presentes en la vida diaria: en el celular, la Tablet, el computador, la tv, las vallas, y un sinnúmero de dispositivos de imagen fija o en movimiento, y sonido. Las personas van en las calles, el metro, o las mismas aulas de clase con audífonos, conectados a su propio mundo. Es un mundo ruidoso y lleno de color y espectáculo efímero que pasa a altas velocidades por nuestras vidas.
Si este es el entorno que ocupa los sentidos de la vista y el oído… ¡qué difícil será escuchar al Maestro diciendo “venid y lo veréis” (Jn 1,38-39). Aún así, el Papa Francisco ha regalado al mundo la Encíclica Lumen Fidei.
Si las personas de hoy están cansadas de tantos afanes, y están sin sentido, quizás es porque han perdidos sus sentidos. Es decir, la posibilidad de ver y escuchar a Dios en lo simple de la vida diaria. Para la tradición judeo-cristiana la sabiduría de vida proviene de la capacidad de escucha: “Shemá Israel”. “Escuchar y ver” van en íntima unión con creer. “Si no creéis, no comprenderéis”  (cf. Is 7,9), dice el título del segundo capítulo de esta Encíclica.
El hombre necesita creer, para iluminar su propia historia y la historia de la humanidad. Está llamado a ver con los ojos de Cristo y a escuchar atentamente la voz de los niños, los jóvenes, las familias, los “combos o pandillas” de los barrios, de los nuevos leprosos de hoy, y de todos los que nos gritan a diario sin poder escucharlos. Está invitado a conocer la Palabra y ver el Rostro en sus rostros, en estos Cristos Crucificados que claman esperanza y resurrección, claman palabras de vida eterna.
Este breve texto es una invitación para  leer la Encíclica y para poder dejar  de ser ciegos y sordos al Evangelio, y de este modo, permitir que se de en la vida de cada uno el milagro del Encuentro para poder ver, creer, seguirlo y anunciarlo.
“El oído posibilita la llamada personal y la obediencia, y también, invita a mirar una verdad puramente interior. La verdad que la fe nos desvela está centrada en el encuentro con Cristo, en la contemplación de su vida, en la percepción de su presencia.”(Lumen Fidei p.46)

Leer 1201 veces