Francisco: un nombre, un proyecto

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P.buitragoPor: Pbro. Jorge Alonso Buitrago

En el discurso que el recién electo Santo Padre Francisco, impartió para los medios de comunicación

 

el pasado 16 de marzo del presente año en la Sala Pablo VI, dio en algunos de los detalles del conclave que determinó su elección como Sumo Pontífice de la Iglesia Católica Universal, el motivo por el cual decidió tomar este nombre. En  ese momento determinante del conclave, el Cardenal Jorge Mario Bergoglio, se encontraba al lado del Cardenal Claudio Hummes, Arzobispo emérito de Sao Paulo (Brasil) y Prefecto emérito para la congregación del Clero. En el instante en que el Cardenal Bergoglio supera los votos, siente la confortación de este hombre y le pide en esos instantes emocionantes “No te olvides de los pobres” e inmediatamente, el Cardenal Bergoglio, piensa en el pobre de Asis, al igual que piensa en las guerras (Supondría en la imaginación del cardenal las guerras Malvinas con Inglaterra y la dictadura del General Videla ambas vividas en su natal Argentina y quizá la realidad bélica por la cual pasa nuestro mundo: Siria, Irak, México, Colombia, etc) una realidad dolorosa que debe acabarse trabajando en consecución de la Paz y con este pensamiento conjuga dos virtudes fundamentales que Cristo predica en su Evangelio y que son aplicables en el Santo Francisco: La pobreza y la Paz.

El nombre según la Sagrada escritura, marca una misión y una identidad. En el instante de cambiar de nombre importa en este caso un cambio de personalidad y de misión, dado que el nombre es un símbolo que descubre el carácter y el sentido del hombre. En la Sagrada Escritura, vemos como el nombre de Abran es cambiado por el de Abraham (Cf Gn 17, 5-6), el de Saray por Sara (Cf Gn 17, 15-16) y el de Jacob por Israel (Cf Gn 32, 29) estos nombres fueron sustituidos por Dios, puesto que es él el que marca el designio de cada hombre con base al llamado determinado. El mismo Cristo hijo de Dios, ha cambiado el nombre a Pedro, por el de Cefas (Cf Mt 16, 18), considerando en la figura del Apóstol a aquel que va a consolidar la Iglesia de Cristo que es nuestra Iglesia. Es por ende que el nombre de Francisco, va a determinar una misión específica en este nuevo sucesor de Pedro que toma la capitanía de esta barca Eclesial.

Si miramos cualquier santoral o cualquier información acerca de San Francisco de Asis en los blogs de la internet, podemos darnos cuenta que nace en el seno de la Familia Bernardone en el año 1182, su nombre en primera instancia era el de Juan, pero su Padre Pedro, le cambia el nombre por el de Francisco, que quiere decir “El pequeño Francesito”, aludiendo a que este hombre gozaba mucho del país Galo. Los inicios de la Santidad de Francisco datan desde el momento de su terquedad, cuando combate en la guerra entre Asis y Perugia cae enfermo y en sueños oye la voz del cielo que le pide consagrarse en servicio al jefe supremo de todos que es Dios, y no las cosas vanas o externas.

Podemos mirar tres aspectos de la vida de Francisco de Asis en los cuales se refleja esta doble acción que el Papa Francisco, ha orientado con base a la Pobreza y a la Paz:

1.    Cuando Francisco abraza de un modo total la fe, él comienza a vivir el Evangelio en su persona. De un modo total el sentido del desapego por lo terrenal, convive en primera instancia con los leprosos de Asis (De quienes sentía un escrúpulo total), realizando con este gesto el poder sacrificarse a favor de los demás. Luego visita los enfermos en los hospitales y va hacía los más miserables, dándoles en regalo cuanto llevaba consigo, inclusive las telas que su Padre Pedro vendía.

También en el momento mediante el cual Francisco abraza la pobreza como una virtud del Evangelio de Jesucristo, al que él mismo se acomoda, quiere repercutir esa experiencia en medio de su comunidad fundante. Por eso vive en sí las palabras de Jesús en el Evangelio: “Id y proclamad que el Reino de Dios está cerca. Lo que habéis recibido gratis, dadlo gratis. No llevéis en la faja oro, plata ni calderilla; ni tampoco alforja para el camino, ni túnica de repuesto, ni sandalias, ni bastón” (Mt 10, 7-10). Francisco toma en serio estas palabras al pié de la letra y se propuso a dedicarse de un modo lleno a los pobres.

2.    Francisco, al inicio de su vida apostólica, se establece a las afueras de Asis, precisamente a una pequeña capilla llamada San Damián y que estaba arruinada. Él rezando ante ese crucifijo, le parecía que Cristo le decía varias veces “Francisco, restaura mi Iglesia que está en ruinas” entendiendo de un modo interpretativo que debía reconstruir las paredes de esa pequeña capilla, se empeña junto con el Padre capellán de esa capilla a restaurar. Pero en realidad la Iglesia que Francisco debía restaurar era la Iglesia de Cristo. De hecho el Papa de ese tiempo Inocencio III, ve en sueños a un hombre que sostiene las columnas de la Iglesia de Roma que estaban a punto de derrumbarse, ese hombre con un hábito café era Francisco. Él había  en primera instancia había ido con los primeros discípulos a Roma a pedir la autorización pontificia para expandir su orden por todo el mundo. Sin embargo, no fueron aprobados por la extremidad en la regla. A raíz de este sueño del Papa, Francisco y su orden viven el Evangelio de Cristo con todo el ardor posible. Y los Franciscanos, se dedican de lleno a reformar la Iglesia, congestionada por tantas herejías (Especialmente los albigenses), y se dedican a estudiar el Evangelio con total disposición, para enseñarlo no sólo a los pobres, sino también en el ámbito universal de la época. Las universidades.

3.    Francisco en un hecho determinante, va a conciliar la sangrienta persecución que los Cristianos sufrían a raíz de las cruzadas de manos de los Musulmanes, va directamente a Egipto a hablar con el Sultán, para lograr una conciliación eficaz. Fuera de ello, propone la paz como un método de realización universal, hasta tal punto de proponerla como petición orante. “Hazme un instrumento de tu paz”. En ese amor entrañable por la persona de Jesús, él mismo en ese empeño de invitar a la gente a amar profundamente a Jesucristo, dice “El amor no es amado”, porque quizá existe guerra, violencia e intolerancia. Él se propone de lleno a trabajar por la paz y la armonía, por medio del Evangelio como directriz principal.

En el momento de su muerte acontecido en 1226, acostado en el suelo, pide a sus hermanos que amen siempre como Cristo ha amado. Un mandato esencial que el mismo Cristo nos ha dejado como legado (Jn 15, 12-13). El significado de dar la vida a la manera de Cristo, trabajando por el bien de una Iglesia, fue lo que testimonió el Cardenal Bergoglio, cuando ejerce como Arzobispo de Buenos Aires (Argentina), un compromiso con los pobres en medio de realidades violentas de las villas (Barrios Populares) de esta gran metrópoli del mundo. Fuera de eso el ser capaz de desafiar la corrupción del gobierno y los pensamientos modernistas de entablar el matrimonio entre homosexuales además la legalización del aborto. Al estilo de Francisco que conoce y ama la paz, nuestro nuevo Pontífice está en esa hermosa directriz de ser como él un verdadero Instrumento de la Paz.    

En la primera Homilía que el Santo Padre Francisco, imparte al colegio cardenalicio en la capilla Sixtina, un día después de su elección, hace énfasis en edificar, caminar y confesar a Cristo, pero este Crucificado, un medio eficaz para vislumbrar el seguimiento a él. En la figura de San Francisco de Asis, podemos notar en este Santo a alguien que en verdad abraza la Cruz de Cristo; Edifica en él, camina en él y lo confiesa con su vida, hasta tal punto que lleva sobre su cuerpo las llagas de Cristo, pensando tanto en sus heridas, a través de un retiro espiritual que realiza en el monte Alvernia.

Comúnmente vemos las imágenes de San Francisco de Asis, abrazando a Cristo Crucificado. Quizá esta imagen, se refleja en nuestro nuevo Santo Padre Francisco, que ha decido abrazar la cruz de Cristo, para ser capaz de restaurar la Iglesia, vivir el consejo evangélico de la pobreza como una opción para seguir y caminar con Jesús, trabajar por la paz y la armonía de todas las naciones al estilo de San Francisco que repetía esas palabras en saludo “Paz y Bien”, y que al abrazar esa Cruz, pueda edificar, caminar y confesar a Jesús el Señor, para el bien de nuestra Santa Madre Iglesia.    


   

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