La reflexión Teológica ante los desafíos de la Ciber-Ética

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GZPor: Pbro. Guillermo León Zuleta Salas

La religión mediadora: la auténtica receptividad y la presencia real

En los años cuarenta, la teología cristiana descubrió el concepto central de Kenosis (van Erp, 2005).

En su celda de la prisión, en 1944, Dietrich Bonhoeffer desarrolló su idea de situarse ante Dios etsi Deus non daretur, en solidaridad con el tiempo ateo que le había tocado vivir.

El movimiento de curas obreros, que se inició en 1943, llevó a la praxis el estar en el mundo del trabajo, dejado de la mano de Dios, y vivir como proletarios como expresión de su forma de estar con Dios.

Se hacía cada vez más claro que unos valores fuertes y una autoridad potente no eran ya el modo adecuado de presentar el evangelio al mundo moderno. En lugar de enviar un mensaje de mediación, este comportamiento implicó a la Iglesia en un conflicto que hizo que los pobres y los débiles, a quienes se supone que el evangelio habla de forma especial, se convirtieran en más víctimas de lo que ya habían sido.

Esta situación dio un nuevo significado a la exhortación “tened, pues, los sentimientos que corresponden a quienes están unidos a Cristo Jesús. El cual, siendo de condición divina, no considero como presa codiciable el ser igual a Dios. Al contrario, se despojó de su grandeza, tomó la condición de esclavo y se hizo semejante a los hombres” (Flp 2, 5-7).

Si ésta es la razón por la que Dios lo exaltó, su grandeza está oculta en su humillación.

Esto es lo que la Iglesia tendría que reflejar. Debería estar presente donde la cuestión de lo valioso es más urgente. Debería mostrar su dignidad no asustándose de perderla. Debería estar presente donde la cuestión de lo valioso es más urgente. Debería ser un medio para hacer la pregunta en lugar de dar una antigua respuesta.

El mensaje de internet como un medio parece ser una pregunta más que una respuesta. Plantea nuevas preguntas sobre lo que significa ser justo, bueno y digno, lo que significa formar parte de un mundo injusto, malo y falso, y luchar mediante el análisis y la comprensión de esta situación.

Siempre podemos anhelar una situación en la que no es necesario plantearse estas preguntas, así como siempre ha sido posible huir de la sociedad urbana y retornar a una comunidad de vida en el campo supuestamente más sencilla. Pero así como el Dios de la tradición bíblica no ha abandonado al mundo, sino que está particularmente presente en las situaciones donde parece estar más claramente ausente, la Iglesia y la teología no pueden abandonar internet y utilizarla simplemente como un conjunto de instrumentos a su conveniencia, como un medio para su mensaje.

Presentar de forma autoritativa valores que supuestamente faltan en la realidad en la que son presentados es un modo de abandonar esa realidad en su incertidumbre y sus dudas, en su búsqueda de nuevas respuestas.

La auténtica actitud religiosa y teológica con respecto a internet no consiste en buscar, ilusoriamente, valores o autoridades supuestamente compartidos, sino en desarrollar una auténtica presencia en el ciberespacio siendo receptivos a lo que realmente está en juego en él.

Una actitud específicamente religiosa con respecto a internet no debería utilizar el medio para comunicar un mensaje religioso o considerarla como una revelación religiosa. En lugar de esto, debería intentar encarnarse en el medio para ver, escuchar y articular lo que está pasando. Tal como dice el evangelio de san Mateo, Jesús sintió compasión de ellos “porque estaban cansados y abatidos como ovejas sin pastor” (Mt 9, 36).  Su respuesta no consistió en presentarse como rey o como aquel que pondría punto final a todo su abatimiento potenciando nuevos valores comunes. La respuesta consistió en su misma compasión, que, a su vez, condujo a la construcción de una nueva comunidad.

Con diferentes estilos y matices, los cuatro evangelios presentan la presencia salvífica de Jesús como el autor de nuevas conexiones entre la gente, nuevas y verdaderas comunidades a pesar, e incluso a través, de sus diferencias y conflictos. La fracción del pan y la donación de la copa Eucarística constituyen los símbolos definitivos de esta acción, tal como advierte con toda razón el apóstol (1 Cor 11, 17-34). En este sentido, podríamos decir que la misión fundamental de la Iglesia es construir una comunidad eucarística en internet.

En el cambio constante de conexiones, desconexiones y reconexiones, de exclusiones e inclusiones, deberían formarse comunidades verdaderamente compasivas que fueran signos sacramentales del Dios compasivo y de su reino. Donde hay compasión y amor, allí está Dios.

En el documento del Vaticano titulado Ética en internet (2002), hay una afirmación relevante sobre este particular.

Dice concretamente:

La realidad virtual no sustituye la presencia real de Cristo en la Eucaristía, la realidad sacramental de los otros sacramentos y el culto compartido en una comunidad humana de carne y sangre. No hay sacramentos en internet, e incluso las posibilidades religiosas que puedan producirse allí por la gracia de Dios son insuficientes sin una interacción en el mundo real con otros creyentes.

Este planteamiento es cierto si seguimos pensando en internet como algo virtual en oposición a lo real y concreto.

En efecto, no vivimos mediante una presencia virtual de Dios, sino gracias a una presencia real.

Sin embargo, no puede olvidarse que hay una diferencia entre medio y sustitución. En cuanto medio, internet no puede sustituir a la conectividad real. Es la forma, no la única, pero sí bastante significativa, de la conectividad en el mundo moderno.

En esta perspectiva, podría no haber sacramentos en un sentido escrito en internet, pero hay realizaciones de comunión sacramental y presencias reales del Dios de compasión y amor que toman su forma en y mediante internet.

Más recientemente aun en su Mensaje para la 45ª Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, que este año se celebra el 5 de junio, el Santo Padre Benedicto XVI al invitar a los cristianos a unirse a las redes sociales, dirigió una llamada de atención especialmente a los jóvenes “a hacer un buen uso de su presencia en el espacio digital”.

Esta invitación al “buen uso” señala algunos elementos importantes que podrían destacarse de la siguiente manera:

a) "También en la era digital, cada uno siente la necesidad de ser una persona auténtica y reflexiva".

b) "El anhelo de compartir, de establecer 'amistades', implica el desafío de ser auténticos, fieles a sí mismos, sin ceder a la ilusión de construir artificialmente el propio 'perfil' público", afirma.

c) "Cuanto más se participa en el espacio público digital, creado por las llamadas redes sociales, se establecen nuevas formas de relación interpersonal que inciden en la imagen que se tiene de uno mismo".

d) "Es inevitable que ello haga plantearse no sólo la pregunta sobre la calidad del propio actuar, sino también sobre la autenticidad del propio ser"

Entrando a analizar los riesgos de internet y en concreto de las redes sociales, subraya:

a) "La presencia en estos espacios virtuales puede ser expresión de una búsqueda sincera de un encuentro personal con el otro, si se evitan ciertos riesgos, como buscar refugio en una especie de mundo paralelo, o una excesiva exposición al mundo virtual".

b) “Es necesario, para ayudar a la reflexión, plantearse varias preguntas: "¿Quién es mi 'prójimo' en este nuevo mundo?, ¿Existe el peligro de estar menos presentes con quien encontramos en nuestra vida cotidiana ordinaria?" "¿Tenemos el peligro de caer en la dispersión, dado que nuestra atención está fragmentada y absorta en un mundo 'diferente' al que vivimos?, ¿Dedicamos tiempo a reflexionar críticamente sobre nuestras decisiones y a alimentar relaciones humanas que sean realmente profundas y duraderas?".

c) Existen también "algunos límites típicos de la comunicación digital: una interacción parcial, la tendencia a comunicar sólo algunas partes del propio mundo interior, el riesgo de construir una cierta imagen de sí mismos que suele llevar a la autocomplacencia".

d) Sin embargo, "si se usan con sabiduría", las nuevas tecnologías "pueden contribuir a satisfacer el deseo de sentido, de verdad y de unidad que sigue siendo la aspiración más profunda del ser humano".

e) De allí la necesidad de "un estilo cristiano de presencia también en el mundo digital, caracterizado por una comunicación franca y abierta, responsable y respetuosa del otro".

Comunicar el Evangelio a través de los nuevos medios significa no sólo poner contenidos abiertamente religiosos en las plataformas de los diversos medios, sino también dar testimonio coherente en el propio perfil digital y en el modo de comunicar preferencias, opciones y juicios que sean profundamente concordes con el Evangelio.

Asimismo, "tampoco se puede anunciar un mensaje en el mundo digital sin el testimonio coherente de quien lo anuncia", continúa.

El estilo cristiano de presencia en el mundo digital implica la tradicional llamada del cristiano a responder a quien pida "razón de su esperanza".

También exige "estar muy atentos con respecto a los aspectos de ese mensaje que puedan contrastar con algunas lógicas típicas de la red".

 "El valor de la verdad que deseamos compartir no se basa en la 'popularidad' o la cantidad de atención que provoca", advierte.

En este sentido, Benedicto XVI invita a dar a conocer la verdad del Evangelio "en su integridad, más que intentar hacerla aceptable", ya que "debe transformarse en alimento cotidiano y no en atracción de un momento".

Añade que esa verdad "incluso cuando se proclama en el espacio virtual de la red, está llamada siempre a encarnarse en el mundo real" y destaca la importancia de "las relaciones humanas directas en la transmisión de la fe".

En síntesis, la apertura a las múltiples presencias que inaugura el internet debería ser cultivada por una ética teológica fundamental de la conectividad mediática (es decir, una ciber-ética).

Se trata de abrirse a los lugares donde la ciudad de Dios toma forma en medio de la nueva ciudad del ser humano que es internet.

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