Misión continental: una oportunidad para crecer en el Amor.

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CJPor: Catherine Jaillier Castrillón

Nuestra Arquidiócesis de Medellín está en estado de Misión.

Y les dijo: «Id por todo el mundo y  proclamad la Buena Nueva a toda la creación”. Mc 16,15-16

Aunque corran los años y la historia siga su rumbo, el llamado a ser evangelizadores, continua vigente, y es un imperativo para todos los creyentes y discípulos. Quien ha tenido una experiencia de encuentro con Jesucristo, deja todo, y lleno de alegría corre a contarlo a otros.

Es una acción que nace por el gozo de haber encontrado el mejor de los tesoros. (Mt 13,44). No es un ejercicio programático y normativo porque es fruto de la experiencia transformadora del Amor.

El mismo evangelio de Marcos en el capítulo 16, con el que se inicia este texto reflexivo, antes de presentar este imperativo misionero para los discípulos de aquel momento y para los lectores de hoy, nos muestra la incredulidad y la dureza de corazón de los once apóstoles. Esta cerrazón les impide reconocerle, les impide oír a los “otros” que  habían tenido la experiencia con el Resucitado.“Quien tenga oídos para oír, que oiga” (Mc 4,23).

La Iglesia, durante toda su historia ha reconocido este llamado a ser evangelizadora y misionera, y por ellouna y otra vez, se cuestiona por la mejor forma de responder a esta tarea.Esto ha sido un eje de atención de los últimos papas: Pablo VI, Juan Pablo II y el papa Benedicto XVI han dejado numerosos textos que ayudan a iluminar y a reflexionar sobre este asunto de la Evangelización.

La “Misión Continental en Medellín”, está unida a esaesencia identitaria del discipulado que se caracteriza por elenvío y la misión. Pero a su vez, es oportunidad para oír con atención:“shemá”; ver los “signos de los tiempos”, juzgar y actuar.

Los diversos esfuerzos en acciones y tácticas puntuales relacionadas con publicaciones, comunicaciones, reuniones con los distintos agentes evangelizadores, ayudan a diagnosticar, activar y animar distintos procesos pastorales.

Todo esto es necesario e importante hacerlo de una forma ordenada, metódica y coordinada, como se ha venido haciendo hasta ahora.

La propaganda (entendida como propagación de la fe) da fruto cuando se sabe que el esfuerzo humano pone una parte, pero lo demás es gracia y acción del Espíritu.  La construcción de planes pastorales, planes de comunicaciones y acciones conjuntas entre los distintos agentes, fieles y expertos ayudan a responder a las necesidades del mundo de hoy.

¿Cuáles son esas necesidades propias de Medellín y Antioquia? Antes de dar respuesta a esta pregunta, es importante remitirse al Génesis, pues  Dios también nos cuestiona con las mismas palabras con las que increpó a Caín “¿Qué has hecho? la voz de la sangre de tu hermano grita de la tierra hasta mi” (Gn 4, 10)”.

¿Cómo responder a la Nueva Evangelización y a la Misión Continental? Se quiere ahora dejar algunos puntos que pueden considerarse y orientar la reflexión:

Ser testigo

Quizás la primera y más efectiva respuesta es ser testigos/mártires. El testimonio no se da sólo con hermosos cantos o con manillas con mensaje; esto puede recordarnos y alentarnos a la fidelidad, puede animar a otros y quizás favorecer una cierta emotividad al respecto. Pero el ser testigos nos pone a todos en el mismo camino de cruz y de resurrección, de muerte y de vida nueva, de persecución, burla y desprecio por proclamar la justicia y la paz en medio de otros reinos.

El periódico El Colombiano, publicó el 9 de septiembre de 2011 un artículo titulado: “Sotanas de luto: en diez años 50 religiosos muertos”. En él se afirmaba que en sólo el departamento de Antioquia, 14 ministros de la Iglesia Católica perdieron la vida a manos de los grupos armados ilegales, el narcotráfico y la delincuencia común. No se tiene publicado el número de laicos y personas fieles al Evangelio que le apostaron la vida con honestidad, rectitud, equidad, justicia y por la opción por el  Reino de Dios.

Decirse cristiano, es reconocer que se apuesta la propia vida como lo hizo Jesús: con un amor hasta el extremo. Ser misionero y evangelizador, es dar la vida por los valores del Reino, fortalecidos por el Espíritu, la comunidad, la oración y la confianza plena en el Padre.

Desinstalarse

Exige por tanto, que el discípulo misionero esté dispuesto a desinstalarse, salir de su pequeño mundo para poder sentir-con; padecer-con  los que claman. Desacomodarse es el primer paso para poder hablar de una Misión Continental. Escuchar con atención la Palabra y la palabra viva en el hermano no es fácil. Más aún si es una escucha como la de Jesús, sin juzgar. Jesús escuchaba y liberaba, sanaba, y exhortaba al cambio, a una nueva vida. Y todos los que vivían esa experiencia comprensiva, misericordiosa y amorosa, salían a contarla a otros.

…Y se cuenta a otros, porque el ser humano nació para vivir en comunidad, no en soledad. Esta es la siguiente característica del ejercicio misionero: hacer comunidad. Dice el libro de Hechos de los Apóstoles 18,8 que Crispo, el jefe de la sinagoga, creyó en el Señor con toda su casa…” La comunidad inicia por el hogar, la familia (como Iglesia doméstica). No quiere decir que deban brotar numerosos grupos pastorales o movimientos apostólicos, porque en primer lugar, lo que hay que construir sobre roca es la familia. Orar, celebrar, cenar juntos fortalece las raíces del hogar.

Pequeñas Comunidades de fe

Es en la pequeña comunidad de la familia donde se construyen los pilares de la vida, de la fe, de las relaciones con los demás y con la creación.

Y hay tantas familias y comunidades como lo motive el Espíritu. Todas diferentes, aportando sus carismas y dones al mismo Cuerpo que es la Iglesia.

Por esto, ya no es urgente etiquetarse como de izquierda o de derecha, o si son de Pedro, Pablo o Apolo… son de Cristo.

La Misión Continental es la oportunidad para que todas estas comunidades sean una misma familia en Cristo, sabiendo de antemano que unidad no es uniformidad.

La uniformidad impecable y a cualquier costo, rompe lo profundo de esa diversidad creativa, creadora y creada por el mismo Dios. La uniformidad alienante rompe toda posibilidad de crecimiento en la participación y el respeto, en la colaboración y la comprensión mutua. Es un camino rápido pero que conduce a la sequía y muerte.

La Misión Continental, tal como se dijo en el título,  es una oportunidad para crecer en el Amor, al asumir el reto de ser testigos de Jesucristo, capaces de dar la vida, de incomodarse, desacomodarse y ponerse en marcha; capaces de compartir en asamblea, en familia y en comunidad sin perder la propia esencia, sino más bien, poniendo ante los demás la riqueza de los carismas y los dones al servicio de la misma causa salvífica.

A manera de conclusión cabe decir que la Misión Continental en la Arquidiócesis de Medellín es todo un reto al que hay que apostarle desde los distintos estados de vida, porque anunciar el Evangelio es un imperativo. Exige entonces: oír, abrir el corazón para escuchar la voz de Dios y el clamor de los hombres, y actuar con sabiduría para que la propaganda como acción para “propagación de la fe” responda realmente a la evangelización y no se convierta en una maquinaria fría, masificadora, distante del Evangelio, en la que, en lugar de buscar la unidad busque alienar y apagar la fuerza que el mismo Espíritu de Dios ha entregado en la diversidad de carismas y dones. Que la inversión en plegables, diseños, posters, y demás piezas de comunicación, el brillo y la policromía respondan realmente a la transformación profunda de Iglesia, al compromiso con los pequeños del Reino, y al testimonio del creyente que lo lleva a perderlo todo, a dar la vida, como lo hizo Jesús en su cruz.


   

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