¿Ya tiene la tarjeta...?

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CJPor: Catherine Jaillier Castrillón

En algunos almacenes y grandes superficies de Medellín,  vuelan en torno a los “clientes”, y con un zumbido especial, numerosos

impulsadores preguntando una y otra vez si ya sacaron la tarjeta de dicho lugar comercial. No se sabe si el cliente es un verdadero “almíbar” o si es carne en descomposición, porque por momentos  incomodan tanto que el símil se aproxima más a las aves carroñeras despedazando la presa que a las abejas alrededor del dulce.

El problema no radica solamente en la incomodidad de la situación, va más allá. Cuando –después de tanta insistencia- el cliente hace caso y se acerca a averiguarlas condiciones para adquirir dicho “servicio”, se viene una oleada de exigencias. Los formularios son extensos y se necesitan múltiples referencias, tener carro, casa o un cierto soporte financiero que en última instancia le haga ser un posible “cliente especial”. Olvidaba algo! Juventud. Parece un requisito fundamental para el mundo de las cadenas de almacenes.

 ¿Dónde quedan los pensionados? Este es uno de los públicos más interesantes para los estudios de mercadeo, pero son los primeros que salen en las miopes decisiones de las empresas.

Esta población pensionada, tiene tiempo para ir de compras, permanecer por varias horas en los almacenes, saciar algunos antojos para ellos o para sus nietos, amigos, o para el próximo costurero. Manejan una liquidez interesante, pues durante toda la semana, por un u otro motivo tienen la escusa de visitar nuevamente los almacenes de cadena y las grandes superficies. Están en una etapa de la vida en la que ya no tienen que pagar colegios, universidades o estudios para los hijos. Las deudas de vivienda, por lo general ya están libradas y los ingresos que tienen en bancos y en ahorros son realmente para “sacarles provecho”: Viajes en cruceros y en distintos tours, gimnasios, spa, peluquerías, servicios médicos, en fin. Hay un sinnúmero de intereses por parte de esta población, que llega a la jubilación en muy buen estado de salud física y mental.

¡Qué decepción! Entregan al fin la tarjeta pero sin la aprobación de uso. Y al final dicen al “cliente”: si desea la puede romper. ¡Qué maravilla de servicio! Rompe con cualquier estrategia de fidelización y de aceptación por la marca y por la cadena de almacenes vinculados. Se han gastado millones en estrategias de campañas para presentar la marca con un sello ético, con tradición, con calidad, con una presencia solidaria en la que se considera la idea de inclusión y servicio a los más necesitados… y en un momento, se cae todo ese esfuerzo de comunicaciones.

Ahora el “zumbido” será del cliente insatisfecho… y así los rumores correrán con la misma velocidad como lo hacen los impulsadores preguntando: ya tiene la tarjeta del almacén?

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