Los 7 pecados capitales de las empresas

Valora este artículo
(6 votos)

LewisPor: Lewis Charles Quintero Beltrán

 

La actualidad ha mostrado que se vive en una crisis de valores,

esta puede verse en los gobiernos, en las pequeñas, grandes y medianas empresas, en las instituciones de educación superior que forman los futuros profesionales, en la banca y en otros sectores. Desafortunadamente en las organizaciones curre de todo: “desde favores sexuales para conseguir un cargo o mejor sueldo, hasta las intrigas fuera o dentro de la empresa para destituir a un empleado con mayor capacidad e inteligencia que no comparte la forma de pensar de su jefe, entre otros”.

 

Es necesario hacer algunas preguntas para que los directivos “dioses” respondan, si es que tienen capacidad para hacerlo: ¿Por qué se hace tanto daño dentro de las organizaciones?, ¿Por qué usted directivo cree que su verdad es la única?, ¿no son sus obras, omisiones, defectos o pasiones los responsables de llevar a las organizaciones al límite?

 

Los siete pecados capitales hacen parte de la vida laboral, en la cual existe una vertiente amarga de conductas que muestran el juego sucio ejercido mientras las personas se abren camino a cualquier precio, miremos estos pecados llevado a la empresa:

 

1.     Gula: “muchas empresas son traicionadas por su voraz apetito: cuidado con la indigestión”.

Una organización no debe crecer pensando únicamente en incrementar su poder de influencia, la historia empresarial ha mostrado como los gerentes de algunas organizaciones, con estrategias glotonas han llevado a esta a la insolvencia financiera. Ser más grande no es sinónimo de ser mejor.

2.     Envidia: ¿dejar hacer, dejar pasar? ¡Nunca! La competencia, y el que otros sean menores, no se admite.

Que si este es más listo que aquel otro. Que si aquel es más inteligente. En las organizaciones existe un gran número de insatisfechos. Allí se puede recordar aquel empleado que por capricho de su amigo director es promovido a realizar una tarea específica aun no siendo competente pero si envidioso, generando con actitud graves problemas.

Arthur D. Little menciona lo siguiente: “la envidia es el motor de muchos de los errores. Pasa entre las personas y, con mayor razón, entre las empresas. El problema es que por vengarse o hacer cosas que dañen a sus competidores o compañeros con talentos diferentes, las compañías o los empleados no actúan en su favor. ¿El resultado? Terminan promoviendo a su contrincante”.

3.     Soberbia: Cuando los éxitos llegan es factible desbocarse, perder realidad y, con ello, mercado.

Confiarse, porque es mejor que el otro no es una buena estrategia. Son muchas las organizaciones, y que decir de las personas, que son víctimas de sus triunfos. Supieron cacarear el huevo pero perdieron el nido. Es ahí donde radica el difícil arte de ser humilde, pero no modesto.

Como lo dice Luis Hernando Martínez: “humilde para reconocer que existen miles de personas y decenas de organizaciones mejores que uno. Humilde para entender que un buen concejo proviene de cualquier ser humano, sin importar su condición económica, política, tecnológica o social”.

4.     Lujuria: un hábito personal debe permanecer en ese ámbito, sin afectar al corporativo.

Los actos y las acciones de cada una de las personas tienen repercusión en la organización. Las ejecuciones u omisiones normalmente tienen eco en las finanzas o en el clima organizacional de las organizaciones. Se dan hechos donde se involucran elementos como autoridad, intolerancia, necesidad o ignorancia.

5.     Pereza: la inercia y la falta de análisis, entre otros elementos, son las progenitoras de todas las omisiones.

Procrastinar tiene consecuencias fatales. La cultura de “luego lo hago” tiene repercusiones personales y empresariales de grandes magnitudes.

6.     Avaricia: enriquecerse no es defecto; lo equívoco es hacerlo en perjuicio de la sociedad.

El problema inicia cuando se enriquece a costa del empobrecimiento de un tercero o de prácticas gerenciales poco éticas. En las organizaciones se actúa con base en información privilegiada, se ocultan acciones, se trafica con influencia, se lucra con la pobreza e incluso con la discapacidad de los otros; desafortunadamente de borro la palabra ESCRUPULO del vocabulario de las personas.

7.     Ira: Hay quien actúa conforme a su espíritu belicoso, pero a veces vale más un mal arreglo.

Manejar desacuerdo, es uno de los aspectos que a los gerentes se les dificulta, especialmente cuando hay comprometidos contratos, concesiones o permisos. La ira tiene una gran relación con los deseos de venganza, con la falta de objetividad y de actuar por impulso y de forma visceral.

 

A NADIE DAÑA UN POCO DE ETICA EN LA MANERA DE HACER SU TRABAJO: EL FIN YA NO JUSTIFICA LOS MEDIOS…. ¿O TODAVIA?

 

Peter Senge

Leer 746 veces