Los carteles son noticia

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CJ

Por: Catherine Jaillier Castrillón

 

Durante este año se han ido destapando a la luz pública una serie de irregularidades

 

 en los procesos de algunas categorías de productos: azúcar, arroz, cemento, pañales, papel higiénico y cuadernos. La Superintendencia de Industria y Comercio (SIC) ha estado haciendo investigaciones al respecto para responder a la protección del consumidor colombiano y a las prácticas que atentan contra un buen ejercicio comercial.

En noviembre de 2014, aparecieron diversos titulares y artículos cuyo tema central era la denuncia  pública de cinco grandes empresas reconocidas que durante más de 14 años, habían manipulado los precios de la canasta familiar. Luego en abril del presente año, continuaron las noticias en los diversos medios de comunicación del país. Se informó sobre las empresas que delataron y ayudaron a la investigación, y si reconocieron la falta públicamente. ¿Qué hacer con las familias colombianas que durante tantos años han pagado altos costos de estos productos que son parte de las necesidades básicas? ¿Quién no necesita papel higiénico o pañales?

Esto lo que revela es un problema mucho más profundo no sólo de las marcas involucradas y su responsabilidad social, sino de los profesionales en Colombia. Son grandes y reconocidas empresas, y tras ellas, hay profesionales titulados con pregrados o postgrados que certifican su formación institucionalizada. Pero, ¿son realmente profesionales?

Un profesional es aquel que hace de su ejercicio un servicio para la sociedad, promete públicamente servir, hacer bien y el bien en su trabajo; asume su formación como una misión y una vocación a la que debe responder. El hecho de planear, organizar y ejecutar actos desde las mesas directivas, sabiendo el poder y la responsabilidad social que se les ha otorgado por el lugar que se ocupa, es proceder con maldad hacia los más pequeños, con injusticia. Pensar sólo en la ganancia, rentabilidad, la porción del mercado que será dominada, olvidando a las familias, la sociedad y la realidad colombiana, demuestra qué trastocada está la jerarquía de valores y la moral. Estandarizar los precios de pañales, es pisotear a las familias que deben procurar el bienestar para sus hijos; o bien, monopolizar los cuadernos es cerrar la puertas también a aquellos que desean, valoran y reconocen el lugar de la educación para poder salir adelante.

No se es profesional para hacer dinero o para ser importante por los títulos y cargos. La profesión tiene relación con el proyecto de vida, con la propia existencia humana. Enriquecerse a costa de los otros, y llenar las arcas de la empresa y del propio bolsillo, es torcer el proyecto de vida, es alejarse cada vez más del proyecto de humanidad al cual todos fuimos llamados. Si el otro, solo me sirve como cifra de ventas, como porcentaje de venta amarrada, se ha pasado a la instrumentalización de la persona. El otro no me importa, no me interesan sus dificultades o sus situaciones personales, económicas, sociales o políticas.

Las profesiones tienen la tarea de construir el mundo, de generar relaciones, de vivir el trabajo como un deber y una responsabilidad por hacer de esta realidad algo mejor, y en términos teológicos, de participar de la creación y co-creación continua. Un buen profesional no se reduce a la obtención de un cartón, de cualquier forma en una institución educativa; un buen profesional pone en juego su existencia, su ser trascendente. La profesión no está para hacer algo, sino para hacerse mejor persona y devolverle al mundo bienestar, bondad, equidad, justicia y paz.

Todo monopolio maquinado y provocado, es violencia, es pérdida de libertad y de elección, desacredita el sentido de la democracia y la construcción de ciudadanía.

“Ninguna profesión se considera ‘para sí misma’, el ejercicio profesional tiene una referencia a la alteridad social. Sin esta dimensión de alteridad es impensable la mejora en la calidad de las prácticas profesionales. Podríamos decir que se trata de una dimensión de servicio social que tiene todo ejercicio profesional ejercido con responsabilidad” (Moratalla).  

El profesional colombiano no debe preocuparse en buscar cómo le saca el cuerpo a la norma, a la ley, o cómo hacer para no ser detectado por otros. No es suficiente con cumplir la norma, la ética va más allá de la norma. Claro que debe cumplir la norma, y eso es lo que ha estado investigando la Superintendencia de Industria y Comercio; pero el cumplir el deber y el obrar bien es algo de orden universal.

Adela Cortina dijo en una conferencia en la Cátedra globalización y democracia de la Universidad Diego Portales:

“…nos hemos preguntado en el contexto de esta crisis económica, con qué tipo de profesionales contamos en el mundo de la empresa, en el mundo de las finanzas y en los diferentes mundos. Y de ello debemos sacar lecciones en relación al quehacer de las universidades. Tendríamos que formar un tipo de profesionales hasta tal punto motivados por la profesión misma que nunca optaran por incentivos indebidos que no se pueden alinear con las metas de la profesión. Los incentivos  espurios han estado presentes en este momento de la crisis, sobre todo desde el mundo de las finanzas y esto ha sido uno de los elementos que ha sido causa de la crisis. Ha habido crisis de valores, ha habido crisis de formas de vida y tendríamos que aprender algo de todo ello.” (Cortina, 2010.)

 

 

Estas palabras son actuales también para Colombia y para la reflexión sobre cuáles son los universitarios y profesionales que tenemos, y cuáles son los valores y jerarquías de valores que los presionan a obrar de determinada manera y  cómo hacer para que consoliden su carácter de tal forma que puedan obrar bien y hacer de su ejercicio un servicio para la construcción del país, de la paz y la justicia que tanto deseamos. Reconocer el error de un abuso durante años de monopolio del mercado no es suficiente para resarcir el daño. ¿Cómo responder a la ciudadanía? Y las universidades, ¿cómo van a educar profesionales éticos?

 

 

 

 

Referencias

 

Cortina, A. (04 de 06 de 2010.). Conferencia de Adela Cortina. Transcripción editada de la grabación de la ponencia. Cátedra globalización y democracia. Universidad Diego Portales.

Moratalla, A. D. (s.f.). La ética de las profesiones en la formación universitaria. Obtenido de http://biblioteca.itam.mx/estudios/60-89/67/AgustinDomingoMoratallaLaeticadelas.pdf

 

 

 

 

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