La desigualdad una cuestión de cuidado

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GSPor: Gabriel Alexander Solórzano

 

La ONG inglesa Oxfam creada en el periodo de la segunda gran guerra mundial

en Oxford para ayudar en la hambruna, bajo el espíritu religioso de los cuáqueros, en la actualidad se ocupa de erradicar la pobreza teniendo por lema “trabajar con otros para combatir la pobreza y el sufrimiento”[1] periódicamente presenta su informe referido a la desigualdad social en la que parece comprobarse una verdad de Perogrullo, que a muchos parece no significarle nada, aquella en la que el modelo económico y social que estamos viviendo hace cada vez más ricos a los ricos y los pobres más pobres. Tal constatación puede verse también en los distintos Informes sobre el Desarrollo Humano del PNUD, particularmente en el informe Desarrollo Humano del año 1992 en el que la búsqueda por el acceso al mundo del mercado ha creado una significativa desigualdad que se hace progresiva, en aquel entonces “El ingreso que recibe hoy el 20% de las personas más ricas del mundo es 150 veces superior al que recibe el 20% de las personas más pobres.”[2] Y lo representaban con el conocido esquema de la copa de champaña.

 

 

 

Tal caracterización de la desigualdad, dos décadas después, se ratifica debido a que el porcentaje que para la década de los años 90 aparecía con un 20%, se proyecta exponencialmente al punto que la misma Organización de las Naciones Unidas, en un informe sobre la erradicación de la pobreza en 2013 titulado Humanidad dividida: Cómo hacer frente a la desigualdad en los países en desarrollo en su panorama general argumenta que “La desigualdad en la sociedad no es un fenómeno nuevo. Aun así, puede tener consecuencias terribles. –advirtiendo que- Si no se corrige, tal y como se demuestra en el presente informe, puede socavar las propias bases del desarrollo y de la paz” y añade que “El 1 por ciento de la población más rica del planeta posee en torno al 40 por ciento de los activos mundiales, mientras que la mitad más pobre no tiene más de un 1 por ciento.”[3]

 

En el informe de la Oxfam proyecta que para 2016 el 1% de la población mundial tendrá la misma riqueza que el 99% restante, con el estudio realizado por esta ONG, se tienen varias consecuencias, algunas de ellas son: 1. una (1) de cada tres personas viven en pobreza; 2. Una de cada nueve personas carece de alimentos suficientes para alimentarse; 3. Más de mil millones de personas viven con menos de 1.25 dólares diarios; 4. La concentración de la riqueza por parte de 80 personas más ricas del mundo es igual a la riqueza de los 3.500 millones de personas más pobres del mundo, cuando en 2010 tal riqueza acumulada correspondía a 388 personas. Ante esta abrumadora diferencia y el desequilibrio en el que el mundo económico se encuentra hoy, la pregunta que hiciera la directora ejecutiva de la oxfam, Winnie Byanyima ¿De verdad queremos vivir en un mundo en el que solo un 1% de la población posea tanta riqueza como el resto de nosotros? anotando que la desigualdad extrema es además de moralmente condenable, socava el desarrollo y amenaza la actividad empresarial.

 

Ante la cuestión formulada por la funcionaria de la oxfam, se puede hacer una interpretación sobre la vida económica como propiciadora del bien común, su lógica está centrada en la distinción básica que en la filosofía práctica clásica griega se hace del acceso a los bienes y recursos, la distinción propiamente de Aristóteles sobre la crematística doméstica y la pública, ésta última derivada de la técnica de los negocios.

 

La crematística pública consiste en la acumulación de la riqueza, del dinero por el dinero, es entendida como una acción contraria a la naturaleza puesto que deshumaniza a sus poseedores, pues “todos los hombres de negocios aumentan su dinero sin límites” sin medida “Por eso la crematística parece tener que ver sobre todo con el dinero, y su misión parece ser averiguar cómo se obtendría la mayor abundancia de recursos, pues es un arte productivo de riquezas y recursos[4]. En tal sentido, desde distintos puntos de vista se podrían encontrar reflexiones sobre tal condición de la desigualdad: en la literatura latina el poeta Virgilio con su expresión Auris sacra fames[5] se aproxima a una crítica de carácter moral frente al uso de la riqueza “¡A qué no arrastras a los mortales corazones, impía sed del oro!”.

 

Siguiendo con la caracterización de la crematística, dese la teología, Santo Tomás expresa que la acumulación de la riqueza es deplorable y condena la usura como fuente principal de financiamiento de los bancos y el capital[6] y es claro moralmente que pese a que los fines sean lícitos y los medios también lo sean para la acumulación de la riqueza no son aplicables a la acumulación de la riqueza, aquella máxima latina cum finis est licitum, etiam media sunt licita propuesta a mediados del siglo XVII en un manual de teología moral es poco aplicable a la crematística debido a que si la finalidad de los empresarios es la maximización de las utilidades y los medios lo permitan, la evasión y la elusión fiscal se presentan en la actualidad como unos de los medios para evitar la distribución solidaria.

 

La desigualdad como se anotaba anteriormente no es propia de nuestra época, ya desde las distinciones de los autores mencionados se ha presentado como problemática por la finalidad que persigue. En uno de sus discursos Juan Jacobo Rousseau, discurso sobre origen de la desigualdad entre los hombres trataría solo del género humano y no de las riquezas, pero añadía que en el afán de conseguir riquezas “Los ricos, por su parte, apenas conocieron el placer de dominar, rápidamente desdeñaron los demás, y, sirviéndose de sus antiguos esclavos para someter a otros hombres a la servidumbre, no pensaron más que en subyugar y esclavizar a sus vecinos, semejantes a esos lobos hambrientos que, habiendo gustado una vez la carne humana, rechazan todo otro alimento y sólo quieren devorar hombres.”[7] Tal naturalismo de Rousseau escenifica como la desigualdad económica es muestra de tantas formas de dominación y violencia.

 

Si bien las finalidades de Santo Tomás y la de Rousseau eran diferentes, está claro que la acumulación de la riqueza, bajo usura o dominación continúan siendo medios útiles para quienes inmoralmente tratan de hacerse a las riquezas. La finalidad de Santo Tomás al criticar la riqueza se remonta a la tradición cristiana en oposición a la judaica en la que el do ut des servía de principio rector para las relaciones económicas, “Está prohibido prestar a los no judíos sin usura”[8]. La Iglesia continúa censurando a quienes hacen mal uso de la riqueza, pues la riqueza debe ser compartida como anota el Compendio de la Doctrina social de la Iglesia “objeto de la economía es la formación de la riqueza y su incremento progresivo, en términos no sólo cuantitativos sino cualitativos: toso lo cual es moralmente correcto si está orientado al desarrollo global y solidario del hombre y de la sociedad en la que vive”[9].

 

Para finalizar, es claro que en nuestro contexto latinoamericano, las consecuencias de la desigualdad manifiesta en la acumulación de riquezas trae consigo nefastas consecuencias, una de ellas, quizás la más lamentable es que entre los 11 países más grandes de la región ciento cincuenta y cuatro (154) millones de personas continúan en situación de pobreza. Países como México, Venezuela, Argentina y Colombia[10], en su orden, son los que concentran la tasa de pobreza más alta y aglomerando de esos 154, unos 93,4 millones.

 



[1] La Oxfam funciona organizativamente como una confederación internacional que se apoya en 17 organizaciones no gubernamentales con presencia humanitaria en 90 países, y asume por objeto la defensa de los Derechos Humanos y la acción benéfica focalizándose en cuatro áreas fundamentales como lo son: 1. La justicia económica, 2. Los servicios esenciales, 3. Derechos en crisis y la justicia de género (https://www.oxfam.org/sites/www.oxfam.org/files/oi_strategic_plan_2007_0.pdf)

 

[4] Aristóteles: Política, 1989, 1257b

[5] Virgilio. La Eneida, l. III, v. 57

[6] THAI-HOP, P. Tomás de Aquino, teólogo militante, Chimbote (Perú), Imprenta Cincos, 1988

[7] Juan Jacobo Rousseau. Discurso sobre el origen de la desigualdad entre los hombres. Madrid: 1923. Disponible en: https://www.marxists.org/espanol/rousseau/disc.)

[8] Talmud Sanhedrin, fol. 76, c. 2

[9] Compendio de la Doctrina social de la Iglesia, 334

[10] Diario La república. México, Venezuela y Argentina son los países más pobres de la región. Enero 27, 2016


 

 

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