El manejo falaz de la matriz comunicacional

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Por Juan José García Posada

 

Ha venido haciendo carrera en la terminología de la comunicación social y el periodismo

un concepto conocido como la matriz comunicacional, cuya definición parece todavía incipiente y ambigua. En líneas generales podría entenderse como un conjunto de estrategias lingüísticas, ideológicas y políticas trazadas por los medios de comunicación para leer e interpretar los hechos y los procesos informativos de actualidad e interés público.

La idea de matriz comunicacional está en discusión, en especial por su carácter conjetural y especulativo. En sociedades abiertas y de acento democrático, los medios periodísticos y de comunicación no integran un solo bloque uniforme. Por el contrario, representan la pluralidad de opciones de conocimiento, información y opinión propia de los diversos estamentos sociales. No se aceptan como expresión programada de los órganos del Estado, sino como organizaciones independientes, autónomas, amparadas por el derecho a ejercer sus funciones y competencias con libertad y criterio de responsabilidad social. No son oficinas que deban seguir órdenes de alguna de las ramas del poder público, mucho menos del Ejecutivo que ostenta y detenta el poder político.

Ni la imposición de políticas y decisiones editoriales por el gobierno, ni la censura previa o posterior por las publicaciones que resulten de esas decisiones puede formar parte de la razón de ser y actuar de los medios. Por consiguiente, pretender que desarrollan estrategias informativas u orientadoras, alentadas por modelos lingüísticos, ideológicos o políticos de conveniencia, es un error que entraña desconocimiento del entorno de libertades, derechos y deberes en que discurre la actividad periodística y mediática en países que han asumido la democracia y el libre debate de las ideas.

Es diferente lo que ha sucedido en distintos momentos de la historia en los países dominados por el totalitarismo, donde el periodismo y los medios de comunicación sólo se reconocen y alientan como instrumentos al servicio del poder político y, por consiguiente, están en el deber ineludible de ejecutar sin discusión ni reservas las estrategias de información que se tracen desde las altas esferas del Estado.

Es decir que la matriz comunicativa se concibe, planea y pone en práctica desde las cúpulas del poder gubernamental y los directores y propietarios de los medios no tienen opción distinta de acatar y cumplir las órdenes oficiales, si no quieren correr el riesgo de caer en desgracia y ser objeto de censura y otras retaliaciones, entre ellas la prohibición de seguir influyendo en el escenario social y de afrontar sanciones que incluyen la clausura temporal o definitiva.

Es posible que la idea de la matriz comunicativa haya surgido de una posición bien intencionada de comunicólogos y teóricos distantes de la realidad e inclinados a interpretar la operación de los medios en abstracto. Sea cual fuere el origen de esta idea, en ella se ha enfatizado en los años recientes desde los núcleos que concentran el poder en el régimen del socialismo bolivariano de Venezuela, desde la época de Chávez hasta la actual de Maduro y sus funcionarios y adherentes.

La matriz comunicativa o comunicacional es una suerte de trampa neofascista, utilizada por regímenes totalitarios extremistas. Y ha sido orquestada, si no inventada y acomodada, por los mandamases del actual régimen totalitario del socialismo del siglo veintiuno.

Dicen que el pleito en la frontera colombo venezolana ha sido agudizado por los medios periodísticos de Colombia, que, en lugar de explicar y contextualizar el problema, se empeñan en aplicar esa matriz comunicacional para victimizar a los ciudadanos expulsados del vecino país. Como si en realidad no fueran víctimas de toda clase de violaciones.

Los fascistas de izquierda y derecha coinciden al definir los medios periodísticos como aparatos ideológicos al servicio del Estado. No saben de libertad de expresión ni de derecho a la información, que son garantías de una sociedad abierta, pero no de una autocrática.

Creen que todos los medios integran un bloque monolítico dócil y obediente y no pueden aceptar ni el pluralismo ni la multiplicidad de opciones informativas y de opinión. La solicitud reciente de la canciller venezolana a su homóloga colombiana, para que se buscara el silenciamiento de los medios periodísticos, es una manifestación de ese modo férreo de explicar la razón de ser y el funcionamiento del periodismo. Por eso reducen las graves violaciones de los derechos humanos a una presunta estrategia malintencionada de los periodistas colombianos, a los que culpan de figurar y propagar una realidad escandalosa, cuando, sin más ni menos, la tal matriz comunicacional ha sido una figura arbitraria y acomodaticia manejada por el neofascismo del siglo veintiuno.

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