Cambio social: desarrollo y sentido humano. Los nuevos caminos del pensamiento social en Laudato Sí

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LCPor: Luis Alberto Castrillón López



Hablar de desarrollo no puede limitarse a la conceptualización de las teorías del progreso y avance socio-económico-político y cultural

que producen el modelo de sociedad herencia de la racionalidad instrumental moderna. Esta de alguna manera reduce el ser humano a una máquina de producción y desde el neoliberalismo económico como marca indeleble de la sociedad actual propone a través de la democracia, el mercado y el consumo un modelo de vida al tener, comprar, desechar, acumular y excluir. El papa Francisco (2015) propone una manera renovada y actualizante de pensar el desarrollo

 

"El auténtico desarrollo humano posee un carácter moral y supone el pleno respeto a la persona humana, pero también debe prestar atención al mundo natural y « tener en cuenta la naturaleza de cada ser y su mutua conexión en un sistema ordenado ». Por lo tanto, la capacidad de transformar la realidad que tiene el ser humano debe desarrollarse sobre la base de la donación originaria de las cosas por parte de Dios" (21)

 

La doctrina social invita al ser humano y sobre todo al creyente cristiano a asumir el desarrollo no como un discurso de poder de los sistemas políticos y económicos actuales, sino como un factor de análisis indispensable  para redescubrir el sentido de humanidad de todos los miembros de un grupo social. Donde el análisis abarque las implicaciones y consecuencias desde lo ético-existencial, la libertad, la justicia y la solidaridad y todo aquello que comprenda la búsqueda de un desarrollo integral, es decir en palabras del sentido humano: orientar la vida para alcanzar la felicidad y convivir con los otros y en un pleno sentido cristiano encontrar la salvación.

Hablar de redescubrimiento del sentido, compromete a todos humanos y creyentes en una reconstrucción del imaginario social y cultural. La vida debe transformarse, y la actitud de testigos debe llevar a que las vivencias humanas que se asumen en la vida con los otros rostros humanos no dependen de nadie más que la actitud humanizante de cada miembro del grupo social. Por ello, el desarrollo es una dinámica de transformación natural a la humanidad, se ve representada no en los modelos de sociedad y sus ideologías, sino en el imaginario de transformación que un grupo humano decide poseer para proyectar sus vivencias de libertad, justicia y solidaridad.

En el desarrollo no solo están convocados los temas de calidad de vida que los informes de desarrollo humano del PNUD establecen como prioridad y desafío de una sociedad. Esta idea de desarrollo puede estar viciada por una ideología hegemónica como el neoliberalismo económico, que ha reducido la interacción y el sentido humano al librecambio del mercado, al consumo y al relativismo cultural quitando a los pueblos esa capacidad de construir una historia propia. Pero sobretodo sometiendo a cada persona a una indiferencia o complicidad sobre la relación con lo trascendente y espiritual, el entorno y la naturaleza y en muchas ocasiones se llega hasta una negación del rostro del otro. Expresa el Papa (2015)

"Pero el mercado por sí mis­mo no garantiza el desarrollo humano integral y la inclusión social. Mientras tanto, tenemos un «superdesarrollo derrochador y consumista, que contrasta de modo inaceptable con situaciones persistentes de miseria deshumanizadora», y no se elaboran con suficiente celeridad instituciones económicas y cauces sociales que permitan a los más pobres acceder de manera regular a los re­cursos básicos. No se termina de advertir cuá­les son las raíces más profundas de los actuales desajustes, que tienen que ver con la orientación, los fines, el sentido y el contexto social del creci­miento tecnológico y económico."

 

Entonces el desarrollo al que se convoca para propiciar un cambio social, es un desarrollo integral, que presenta al ser humano en un estado de complementariedad, eliminando la posibilidad de un antropocentrismo técnico, donde el domino de la ciencia y la tecnología solo provee la destrucción de la casa que habitamos, “la casa común”. También desde esta complementariedad se evita la conquista de una singularidad individualizada exagerada no le da paso sino al yo. Un yo, fuerte, egolátrico, egoísta pero sobre todo un yo, que no se contempla en un todo del amor que es Dios, en el otro, dibujado en cada rostro humano que nos interpela, ni un hogar que nos acoge como lo es la naturaleza, el territorio, el hábitat. Si como comunidad humana e Iglesia de creyentes esta idea reducida de desarrollo se empodera en nuestra cultura, el resultado es la destrucción de la vida, no solo de la vida humana que muchos hemos captado en los comerciales y reflexiones sobre el cuidado del ambiente, sino de la vida propia y la de las generaciones futuras. “A esto se suma el proble­ma de que los objetivos de ese cambio veloz y constante no necesariamente se orientan al bien común y a un desarrollo humano, sostenible e in­tegral. El cambio es algo deseable, pero se vuelve preocupante cuando se convierte en deterioro del mundo y de la calidad de vida de gran parte de la humanidad” (L.S, 2015, No.18).

 

El reto del desarrollo integral para un cambio social

 

El cambio social, no es una ola que llega sin el cambio de actitud de cada miembro de un grupo humano. La clave es la responsabilidad que ejercemos en la construcción de estos tres roles de la vida social.

 

Roles de la vida social

Persona

Ciudadano

Profesional-trabajo

Actitud- acción

Identidad y reconocimiento para construir un sentido de la vida y propiciar una cultura del encuentro

Participar para crear interrelación, para construir desde las diferencias y posibilidades comunes. El poder es una capacidad de servicio y esta delegado a todos los miembros, movimientos sociales y organizaciones

Transformar para transferir. Desde el rol como trabajadores y profesionales y desde el escenario de la empresa como lugar de transferencia no de acumulación de riquezas.

Problemas del desarrollo sostenible según laudato sí

(No. 203)Tal paradigma hace creer a todos que son libres mientras tengan una supuesta libertad para consumir, cuando quienes en realidad poseen la libertad son los que inte­gran la minoría que detenta el poder económico y financiero. En esta confusión, la humanidad posmoderna no encontró una nueva compren­sión de sí misma que pueda orientarla, y esta falta de identidad se vive con angustia. Tenemos de­masiados medios para unos escasos y raquíticos fines.

(No. 45) En algunos lugares, rurales y urbanos, la pri­vatización de los espacios ha hecho que el acceso de los ciudadanos a zonas de particular belleza se vuelva difícil. En otros, se crean urbanizaciones « ecológicas » sólo al servicio de unos pocos, don­de se procura evitar que otros entren a molestar una tranquilidad artificial. Suele encontrarse una ciudad bella y llena de espacios verdes bien cui­dados en algunas áreas « seguras », pero no tanto en zonas menos visibles, donde viven los descar­tables de la sociedad.

 

(No. 179)La sociedad, a través de organismos no gu­bernamentales y asociaciones intermedias, debe obligar a los gobiernos a desarrollar normativas, procedimientos y controles más rigurosos. Si los ciudadanos no controlan al poder político –na­cional, regional y municipal–, tampoco es posi­ble un control de los daños ambientales.

(No. 49) Quisiera advertir que no suele haber con­ciencia clara de los problemas que afectan par­ticularmente a los excluidos…

Ello se debe en parte a que muchos profesionales, for­madores de opinión, medios de comunicación y centros de poder están ubicados lejos de ellos, en áreas urbanas aisladas, sin tomar contacto directo con sus problemas. Viven y reflexionan desde la comodidad de un desarrollo y de una calidad de vida que no están al alcance de la mayoría de la población mundial. Esta falta de contacto físico y de encuentro, a veces favorecida por la desinte­gración de nuestras ciudades, ayuda a cauterizar la conciencia y a ignorar parte de la realidad en análisis sesgados.

 

 

Valores a cultivar

Libertad, Autonomía para reconocernos

Justicia, Capacidad de vivir en y para el   equilibrio social

Solidaridad, oportunidad para Transferir humana y responsablemente

(No. 79)La libertad humana puede hacer su aporte inteligente hacia una evolución positiva, pero también puede agre­gar nuevos males, nuevas causas de sufrimiento y verdaderos retrocesos. Esto da lugar a la apa­sionante y dramática historia humana, capaz de convertirse en un despliegue de liberación, cre­cimiento, salvación y amor, o en un camino de decadencia y de mutua destrucción. Por eso, la acción de la Iglesia no sólo intenta recordar el deber de cuidar la naturaleza, sino que al mis­mo tiempo « debe proteger sobre todo al hombre contra la destrucción de sí mismo ».

 

(No. 159) Cuando pensamos en la situación en que se deja el planeta a las generaciones futuras, entramos en otra lógica, la del don gratuito que recibimos y comunicamos. Si la tierra nos es donada, ya no podemos pensar sólo desde un criterio utilitaris­ta de eficiencia y productividad para el beneficio individual. No estamos hablando de una actitud opcional, sino de una cuestión básica de justicia, ya que la tierra que recibimos pertenece también a los que vendrán.

 

(No. 227) Una expresión de esta actitud es detenerse a dar gracias a Dios antes y después de las co­midas. Propongo a los creyentes que retomen este valioso hábito y lo vivan con profundidad. Ese momento de la bendición, aunque sea muy breve, nos recuerda nuestra dependencia de Dios para la vida, fortalece nuestro sentido de gratitud por los dones de la creación, reconoce a aquellos que con su trabajo proporcionan estos bienes y refuerza la solidaridad con los más necesitados.

 

(No. 206) Es un hecho que, cuan­do los hábitos de la sociedad afectan el rédito de las empresas, estas se ven presionadas a producir de otra manera. Ello nos recuerda la responsabi­lidad social de los consumidores. « Comprar es siempre un acto moral, y no sólo económico ».146 Por eso, hoy « el tema del deterioro ambiental cuestiona los comportamientos de cada uno de nosotros ».

 

Nuestro territorio, vive hoy la esperanza del dialogo como salida al conflicto social, solo se puede hablar de cambio social si hay cambio de actitudes en cada uno de los que habitamos el territorio. Más que discursos de poder sometidos a ideologías homegenizantes del mercado. El cambio y el desarrollo, son una actitud humana, propuesta por el creador que quiere que todos los seres humanos alcancemos la felicidad, pero asumida por cada uno como miembros de un grupo humano, donde solo el cultivo del amor, permite que haya capacidad de asumir la diferencia, entrega por los más necesitados y posibilidad de entender que la transformación integral de la vida, es construcción fraterna, incluyente y solidaria.

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