La trampa del EGO en los directivos

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LewisPor: Lewis Charles Quintero Beltrán

Los directivos en su afán de reconocimiento y frente a sus pocas capacidades gerenciales

solo les queda sobresalir por su egocentrismo y por rodearse de personajes que lo alimenten “empleados lambones”. En una nota escrita por Carlos Alberto Rosales menciona: “El ego es como la niebla. Mientras más nos preocupamos por satisfacer nuestro amor propio, la niebla se vuelve más densa y repercute tanto en nuestra eficacia como en la competitividad de la empresa. En cambio, si nos orientamos hacia los demás, la niebla se disipa, logrando mirar con más atención el entorno exterior de nuestro desarrollo”.

Uno de los aspectos importantes en la dirección es tener la capacidad romper el ego, este nos ata a nosotros mismos. Peter Drucker en uno de sus escritos dice que uno de los factores que determinan la eficacia de un directivo es que piensan y dicen "nosotros" en vez de "yo". Lastimosamente en el ámbito empresarial abundan directivos donde el YO es su único argumento: Yo propuse, Yo solucione la crisis, Yo hice que….; olvidando que son fusibles para las empresas los cuales cuando se queman obligatoriamente hay que cambiarlos.

Es común encontrar que el ego sea una trampa mortal para los directivos, trampa que tiene resultados negativos para el futuro de la organización. Pareciera un libreto elaborado en muchas organizaciones por parte de sus directivos que sería un fracaso para la empresa no funcionar en ausencia suya; pero cuando deben ausentarse sienten tristeza la cual lógicamente no manifiestan, porque todo funciona sin inconvenientes y ni hablar si son reemplazados y quien los sustituye hace las cosas igual o mejor que estos.

Juan José García PhD en Filosofía de la Universidad Católica Argentina escribe lo siguiente sobre el tema: “Podría parecer que las trampas del ego son ineludibles. Aunque todos nos sabemos mortales y a medida que pasan los años es una experiencia cada vez más reiterada que estamos de paso y que poco a poco nos vamos convirtiendo en sobrevivientes, aun así la vorágine diaria nos impide muchas veces hacernos cargo de la realidad más cabal. Y programamos y proyectamos como si fuéramos inmortales y la empresa eterna, sin darnos cuenta de que precisamente para que la empresa continúe muy probablemente con el paso del tiempo haga falta otra persona, con otro perfil, otra historia y otras capacidades que pueda llevarla adelante.”.

Cuentan que un águila estaba asentada en el pico de un peñasco esperando por la llegada de las liebres. Más la vio un cazador, y lanzándole una flecha le atravesó su cuerpo. Viendo el águila entonces que la flecha estaba construida con plumas de su propia especie exclamó: ¡Qué tristeza terminar mis días por causa de las plumas de mi especie!

Quizá la grandeza de un directivo se demuestre en su capacidad para vivir el día a día en la organización, rompiendo el espejo que tiende la trampa de un narcisismo estéril y adicional evitando caer en las siguientes tentaciones:

  • Anteponer la posición a los resultados.
  • Anteponer la popularidad a la necesidad de exigir cuentas.
  • Anteponer la certeza a la claridad.
  • Anteponer la armonía al conflicto productivo.
  • Anteponer la invulnerabilidad a la confianza.
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