Desastres y dolor

Valora este artículo
(1 Votar)

CJ

Por: Catherine Jaillier Castrillón

Es importante detenerse un poco para revisar las noticias de este año


y el número de desastres naturales que han generado numerosas muertes. Durante toda la historia de la humanidad la madre tierra le ha hablado al hombre, pero creo que ha faltado escucharla.

Los ríos llevan su propio camino, su fuerza y su dinamismo. El mar, la tierra, los árboles, las montañas tienen su ritmo y sus ciclos. De igual forma, la vida del hombre y de la mujer están unidos a la naturaleza y a sus movimientos y transformaciones. Sin embargo, el respeto o no de lo creado hace que se desprendan a veces consecuencias terribles.

Construir edificaciones sin límites, desviar los cauces de los ríos, dinamitar los suelos sin control, trae consigo la voz de la misma tierra. Con ello no deseo generar ninguna crítica a la ingeniería, ni a las grandes transformaciones de las ciudades, ni a los avances que pueden alcanzarse con las capacidades de intervención del hombre en su entorno, simplemente dejar unas preguntas. Se sigue construyendo en zonas de riesgo, cerca de las quebradas, en lo alto de las montañas ricas en suelos húmedos o bien, cerca al mar. ¿A cuánta distancia se debe edificar?

El respeto se evidencia con las distancias o cercanías para establecer relación con el otro y con lo otro. Cuando un animal no conoce algo, guarda una separación prudente y poco a poco va acercándose a aquello que se presenta como nuevo o desconocido. Todo es un proceso de relación y de comunicación. De cercanía o distancia respetuosa.

La proxémica, por ejemplo, nos ayuda a comprender la proximidad o alejamiento en los procesos de interacción entre las personas y una relación permanente con el espacio físico.

Esa relación se podría plantear desde las personas y los cauces, los linderos, las selvas, las montañas, los mares. Es decir, revisar cómo se da el manejo del espacio, hasta dónde me acerco o me alejo para que se pueda establecer una relación respetuosa con estos ambientes de la naturaleza.

Este ejercicio de revisión, control y reubicación de las poblaciones, de distribución del territorio y planeación sobre el crecimiento demográfico y las transformaciones o dinámicas sociales le corresponde normalmente al estado. Sin embargo, aparece nuevamente el aspecto relacional: ¿cómo hacer para que determinadas poblaciones desalojen un territorio de riesgo? ¿cómo reubicar sin romper con las raíces que se tienen o que se han ido aferrando en un espacio determinado?¿Cómo generar los cambios en una forma participativa y comunitaria que permita que todos salgan beneficiados?

Pero, del otro lado de la moneda, las preguntas que se pueden formular son, por ejemplo: ¿cómo es posible que se haya autorizado la construcción de determinada unidad residencial, edificios, o conjuntos habitacionales en zonas que ya tienen un diagnóstico de riesgo? ¿Tendrán las condiciones requeridas para que se puedan soportar en ciertos suelos? O bien, ¿estas construcciones qué desplazamientos poblacionales generarán?

Sí. Por momentos los desastres y el dolor es producido por una quebrada, un río, un volcán, un deslizamiento de tierra, una tormenta o un terremoto; pero hay otros desastres de desplazamiento y dolor humano relacionados con la construcción y las “dinámicas” de ciudad.

Medellín está cada vez más poblado y ha sido necesario abrir proyectos hacia el oriente, al norte y otros puntos cardinales. En general, lo que se ha buscado es ampliar esa zona habitacional a otros municipios y veredas. Los costos de estos nuevos proyectos mueven la industria inmobiliaria y de construcción, pero eso hace que los habitantes de toda la vida de un espacio se vean absorbidos, no por torrentes de agua, sino por torrentes de nuevas relaciones. Una casa cómoda y grande, en antiguo bareque, queda al lado de una gran torre de pequeños apartamentos con otras formas de vida. La seguridad, las dinámicas de los pueblos y veredas se ven transformadas por los nuevos pobladores. Estos cambios sociales llegan arrasando tal como lo haría un gran vendaval o un fuerte viento huracanado. También deben salir, dejar sus muebles y su historia para buscar otros lugares para establecer las familias.

¿Distancia o cercanía? ¿prevención o dolor? Tal vez, si nuestras relaciones fueran respetuosas y prudentes, el río –si crecía- no se llevaría consigo todo; y las ciudades, -si crecían- tampoco arrasarían sin piedad.

Leer 580 veces