Titulares Sensacionalistas

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CJ

Por: Catherine Jaillier Castrillón

¿Dónde está el respeto por el dolor de las personas? ¿Dónde está el respeto por la dignidad?


El respeto por el otro, por la persona, por las comunidades, es un deber de quienes manejan los medios de comunicación y de información.  Hace unos días, una revista reconocida del país tenía en su portada una hipérbole cuya composición consistía en la  imagen del Alcalde de la Capital, sentado sobre una gran silla, con un titular  que reforzaba el mensaje diciendo coloquialmente que a Gustavo Petro le quedaba grande Bogotá. Con este recurso se le ridiculizaba por su desempeño.  Esta burla, se pronunció y circuló  precisamente en el contexto más inoportuno, pues el Alcalde estaba internado por problemas graves de salud.
Algo similar, ocurrió hace unas semanas ante el estado de salud del escritor Gabriel García Márquez, pues la noticia salió a diestra y siniestra informando sobre su deterioro mental por la demencia senil.
O qué decir de la noticia de la pequeña de 6 años que cayó de un 18 piso de un edificio. Los noticieros nacionales lo presentaban en una forma alarmante y “cizañosa”. Partían de información sin confirmar, con encabezados que dejaban en el perceptor la duda: ¿crimen o accidente? ¿Por qué no pensar en la situación de dolor de la familia?
Con cada uno de estos titulares se ha ido deformando los valores en la audiencia y en los lectores. Los acostumbramos a ver, leer y escuchar titulares ágiles y sensacionalistas, que pasan por encima de la persona, de su dolor, de su situación y sigue de largo como si no fuese importante. Los nuevos “formatos” noticiosos en los que por una parte se enuncia la información y en el pie de imagen circula una y otra vez otra serie de titulares que nada tienen que ver con la que se está emitiendo. Termina por no decirle nada a quien percibe, esa simultaneidad hace que todo se vuelva tan rápido que es casi inexistente.
El desprestigio hacia el Alcalde, aún en medio del quebranto de salud; el  desagradable  gozo irónico al informar de la situación de uno de los grandes personajes que han marcado la literatura Colombiana y la situación de dolor por el accidente de una familia son tres sencillos ejemplos que deben conducirnos a reflexionar y a exigir reorientar la forma en la que se está ejerciendo hoy y profesión tan hermosa y necesaria para la ciudadanía: el periodismo.
Títulos sensacionalistas, imágenes que ocupan casi todo el espacio destinado a la información del diario, cada vez menos análisis y más “tips”, una forma errada de pensar la participación de los perceptores, se convierten en una serie de signos, de un cierto panorama febril que exige una pronta medicina. Es urgente la info-ética, como lo planteó el Papa Benedicto XVI en la XLII Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales (2008), volver a hacer del ejercicio periodístico un servicio, no una lucha por el protagonismo a costa incluso del dolor ajeno y del irrespeto por la persona.

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