La piratería está “in”

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CJPor: Catherine Jaillier Castrillón

El tema de la piratería, tal como lo expresa el título, está en boga entre los diversos medios masivos de comunicación.

Aunque no es un asunto nuevo, sí se incrementó la reflexión y la posibilidad de controlar y legislar los usos de la tecnología, la información y la comunicación.
La situación que se despertó este año con la Ley SOPA (Stop Online PiracyAct) generó, no sólo en los Estados Unidos sino en todo el “ciberespacio”, un cierto estado de alerta y de reflexión por parte de los usuarios de internet, de redes sociales, y de las distintas empresas que tienen relación con la tecnología y la información.
Manifestaciones hechas tanto por Wikipedia como por Google generaron impacto entre los  cibernautas, unos interesados por el tema y otros por la curiosidad del “boom” mediático que se despertó. La frase “imagine un mundo sin libertad de conocimiento”  o la presencia de una pantalla negra fueron formas para expresar abiertamente  la protesta ante dos proyectos de ley: SOPA y PIPA. La iniciativa SOPA busca ampliar las capacidades de los propietarios de derechos intelectuales, combatir el tráfico de contenidos y favorecer una justa protección de derechos de autor; además, detener –dentro de lo posible- la piratería digital.
Sin embargo, estos proyectos de ley, sí dejan en el tintero unas tensiones que desde el campo de la ética vale la pena pensar: ¿derechos de autor y propiedad intelectual o libertad de información?
La mayoría de los jóvenes se han acostumbrado a las “descargas”. Si les interesa una música específica, una película que está en cartelera, un software o una imagen, se procede con un “clic” y en sólo unos minutos se “descarga” la información. Además de esto, se procede a “compartir” con otros la nueva información obtenida, y así, el archivo va pasando de un equipo a otro sin ningún control.
Por ejemplo, hacer una grabación musical cuesta, pues no sólo se requiere de los músicos sino de todo un equipo de preproducción, masterización y un sinnúmero de pasos en los que expertos en cada asunto encuentran trabajo. Con mucho esfuerzo sale el disco compacto y en menos de unos días ya se puede descargar de internet o comprar en la esquina del semáforo mientras espera el cambio de la luz. Hasta los CD de predicadores y religiosos de programas reconocidos de la localidad, se multiplican a bajo precio.
¡Qué se podría decir de complejos software que producen algunas marcas internacionales! Obviamente debe reconocerse el trabajo de ingenieros y de todos aquellos involucrados en la creación de cada programa. Pero ¿a qué precio llegan a nuestro país estos productos?
La preocupación por la información, los derechos de autor y la piratería no son asuntos únicamente de los Estados Unidos, también afectan al país.
La DIAN hace unos días informó que va a incrementar las inspecciones de legalidad de software en las empresas y que reportará las irregularidades ante la Fiscalía General de la Nación. ¿Qué van a hacer los pequeños negocios de publicidad, de impresiones o de estampación que trabajan con uno o dos computadores “caseros”?  Si una actualización de determinado programa de diseño, puede costar desde  411 dólares, el programa original puede estar en  565 euros.  ¿Cuál  deberá ser  la “inversión” para instalar legalmente dicho software en cada uno de los equipos en servicio?
 Según eltiempo.com  Colombia es el menos pirata de la región. Igualmente, afirma que según un estudio global de piratería de 'software', realizado por la Business Software Alliance (BSA) e IDC, en el 2010 Colombia tenía 47 por ciento de software ilegal, mientras que ese índice era de 68 por ciento en América Latina. Se estiman pérdidas por 272 millones de dólares.
Aunque este estudio genera en el lector una especie de “consuelo de pobres”, la realidad es seria y debe ser atendida. El nivel de conciencia ante el uso legal tanto de software como de imágenes, música, videos, libros… es realmente bajo. Los publicistas y los diseñadores de “pequeños negocios” deberán apretarse el cinturón y el bolsillo para poder continuar con su trabajo.
Las campañas de la Comisión Nacional de Televisión no son suficientes para recordar que la piratería no es el camino. La desproporción de precios internacionales para poder acceder a un software que favorezca el empleo y la continuidad del negocio de pequeñas y medianas empresas en el campo del diseño, la publicidad, la animación, entre otras, debe ser atendido por el mismo Estado. Es urgente no sólo controlar, sancionar y denunciar la piratería, es necesario buscar alternativas y soluciones para la población, de lo contrario no habrá ni sopa, en la mesa de los colombianos.

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