Como entre Bolívar y Santander: una permanente dicotomía entre agendas políticas que polarizan en dos bandos al país.

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Por: Evelin Montoya

 

Como entre Bolívar y Santander, así se ha desarrollado la relación entre

el expresidente y actual senador de la República de Colombia, Álvaro Uribe Vélez y el ahora presidente, Juan Manuel Santos Calderón; no obstante, ahí no radica lo curioso del asunto, ya que la lectura de la realidad se centra en el análisis de las constantes polarizaciones que por generaciones han definido la agenda política del país.

Pareciese como si el país estuviese políticamente de vuelta en los primeros años del siglo XIX, en los cuales se gestó la enemistad entre el libertador, Simón Bolívar y Francisco de Paula Santander. Santander fue fiel colaborador de Bolívar en la campaña libertadora de la Nueva Granada, aquel fue clave en la conducción y preparación de las tropas independentistas para lograr la derrota de los españoles en la Batalla de Boyacá el 7 de agosto de 1819.

Tras la exitosa campaña, Bolívar fue proclamado presidente de la Gran Colombia (creada ese mismo año en el Congreso de Angostura) y nombró a Santander como vicepresidente. Las dificultades entre ambos surgieron a partir de las diferencias acerca de la definición del futuro del Estado. Bolívar buscaba la consolidación del centralismo, mientras que Santander fue partidario de la federación; enemistad política que llevó a los adeptos de Santander a la conocida conspiración septembrina.

El punto con todo esto, es dar un ejemplo de en que Colombia se ha demostrado una marcada tendencia caudillista que históricamente ha polarizado al país definiendo las agendas políticas por generaciones. Algunos autores argumentan que lo expuesto en las líneas anteriores fue el origen de los partidos liberal y conservador, los cuales se enfrentaron por años para determinar la hegemonía del uno sobre el otro en la conducción del Estado, enfrentamiento que llevó al pueblo colombiano al doloroso periodo conocido como La Violencia, presuntamente finiquitado con el Frente Nacional.

En la actualidad, la política del país se comporta al igual que un movimiento cíclico, lo que da cuentas de la tendencia que tiene la historia a repetirse. Cuando Juan Manuel Santos ejercía como ministro de defensa bajo la presidencia de Álvaro Uribe Vélez, parecían ser el complemento perfecto en los momentos en que los medios de comunicación informaban sobre los duros golpes al narcotráfico, a las guerrillas y, sobre todo, la recordada operación Jaque; sin embargo, en política gobiernan los intereses, y la estrategia de los políticos para ascender no solo determina su futuro en las funciones del gobierno, sino también el futuro del Estado entero.

Juan Manuel Santos llega a la presidencia de Colombia como imagen de continuidad de la política de Seguridad Democrática del gobierno Uribe Vélez, lo cual evidentemente no consolidó en su gobierno y causó su distanciamiento con el ex­-presidente. Esto fue lo que en esencia incubó la polarización política que ahora vive Colombia, y corrobora el imaginario de que este país es un constante campo de dicotomías políticas.

La división en bandos, ese dualismo político histórico en Colombia, permanentemente encuentra razones para justificar el enfrentamiento entre sectores. La justificación actual es el debáte que se da alrededor del futuro de los acuerdos de paz entre Estado y las FARC-EP que no fueron ratificados por el pueblo en el plebiscito del 2 de octubre, con esto no se afirma que la agenda de paz es de Uribe o de Santos, pero si es innegable que tal divorcio político fue el detonante de la actual situación.

Hasta el momento, los resultados han sido movilizaciones ciudadanas que demandan aclarar de una vez por todas la posición del Estado frente al asunto de la paz; ahora bien, con Bolívar y Santander se gestó la dicotomía entre liberales y conservadores que desembocó en La Violencia y en el Frente Nacional, la cuestión que queda abierta es  ¿cuál es la coyuntura que se gestó o se está gestando entre la oposición Uribe-Santos?, por ahora hay una evidente división, pero lo cierto es que la historia es una conexión de puntos que en retrospectiva dan la razón.

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