El peligro de la guerra sucia en las elecciones

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Por: Miguel Jaramillo Luján

 La campaña negativa en política o gobierno es aquella batería de tácticas

empleadas por un sector opositor contra el poder o en contienda, que emplea recursos de información, publicidad o mercadeo para poner en evidencia factores reales que juegan en contra de su rival en la aspiración o la legitimidad que busca para ejercer el gobierno. La guerra sucia - en cambio- es el uso de mentiras que afectan la vida personal de quienes participan del proceso atentando contra la ética, la moral y la dignidad de la persona humana.

En la contienda por la Casa Blanca, ya se ha hecho evidente un alto volumen de la despreciable guerra sucia, se ha visto en los debates, en medios y redes globales que la puja entre Trump y Clinton por llegar a presidir la nación más poderosa del planeta, se ha convertido en un verdadero lodazal, donde el tiempo invertido en desmentir y atacar, le resta fuerza a la discusión de temas trascendentales para el país del norte y para América Latina como seguridad, empleo, salud, educación, entre otros.

Se trata sin duda de un momento de tensión e incertidumbre histórica para el planeta, pues dos graves amenazas se convierten en evidentes retos para los gobiernos y los países más poderosos del mundo. La migración y el terrorismo: Fenómenos que parecían parte del paisaje pero que hoy se conectan con la realidad económica, social, política e incluso desde la cultura y la religión.

Lo lamentable en este tipo de ciurcunstancias es que los insultos y gritos le quitan espacio a la agenda pública en relación con los temas importantes para una sociedad y en el caso de Estados Unidos a una agenda que se amplía geopolíticamente a todo un planeta, desde la forma cómo las dinámicas de gobierno de esta Nación tienen una lata injerencia en el presente y el futuro del desarrollo que podría llevarnos a los desequilibrios que detonan factores que afectan la calidad de vida de todos.

 

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