Tecnología, redes sociales y otros embelecos

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GAVMPor: Gustavo Villegas Mejía

Nuestra sociedad se encuentra inmersa en un deseo exagerado de vivir a la vanguardia de la tecnología,

 

 

 hace poco un amigo viajó a los Estados Unidos, y cuando llegó me comentó que había traído un Drone de última generación y que en el aeropuerto no se lo iban a dejar pasar, por ser empleado en el país de origen en tareas militares y de seguridad, a lo cual, yo, en mi ignorancia tecnológica le pregunte: ¿y, para que quieres tú ese aparato?, ¿Qué funcionalidad le buscas?, mi amigo, entre asombrado y ansioso me responde, es por tener la última versión.

Con esto (por lo menos a mí) me queda reafirmado, que la gran mayoría de los seres humanos que conozco, no adquieren sus objetos tecnológicos por el uso, sino por dar alarde al tema vanguardista, cosa que en sí no es mala, sólo que esto se vuelve lo trascendental en un aparato o dispositivo que a su vez y  per se, debería no serlo. Con el uso de la tecnología el ser humano ha perdido mucho de su esencia, de su comportamiento y de su ontología.

En una conversación en la calle entre dos señoras de avanzada edad, una le comentaba a la otra que ella tenía una necesidad imperiosa de contarle a su esposo, que su próximo regalo de cumpleaños debería ser el último celular de la marca “tal”, la amiga le dice: no, a mí esa marca “tal” no me gusta porque el celular no trae la cámara con “tantos” mega pixeles. Yo, en mi asombro, un poco aturdido por la respuesta de la amiga y filosofando del tema  me pregunté: para que necesita una señora de 70 años, el celular de última generación y con “tantos megapíxeles”? Y mi respuesta fue contundente: para llamar a alguien cuando surja una emergencia.

No tengo nada en contra de los avances técnico-científicos, de hecho, es uno de los desarrollos más importantes, comenzando con la imprenta, la rueda, la revolución industrial, la llegada a la Luna, la industria de los medicamentos y la visión de la enfermedad, todo el tema armamentista y la tecnología de punta de los sistemas, los computadores y las redes, esto es fabuloso, por ejemplo en el libro “Diccionario Filósofico” de Fernando Savater en uno de los capítulos habla de la necesidad de enviar a un amigo un documento urgente y que estaba totalmente sorprendido con la posibilidad de hacerlo via Fax - última tecnología del momento -  Savater argumentó las bondades de este sistema de comunicaciones,  de la velocidad y la facilidad con que se enviaba el documento, y que es una herramienta fundamental para su trabajo como escritor,  lo que debe movernos a pensar es: Que estará haciendo el Maestro Savater en este momento con su Iphone y el Internet?.

La tendencia de los avances técnico-científicos es a querer siempre más y más, a ser más y más rápidos, más y más delgados, más y más potentes, más y más pequeños (con excepción de los Smartphones) ya que mi Nokia 1208 sabiendo que le decían panela (por lo grande), tiene bondades tan generosas e importantes para mí, que no lo cambio por otro de última generación, por ejemplo, nunca se me descarga, linterna en momentos de necesidad, alarma para el aviso constante en las mañanas que debo ir a laborar, entrada y salida de llamadas, cobertura en los más recónditos  lugares de la geografía Colombiana (doy Fe), calculadora para sumar las deudas y restarle a mis acreedores, mensajes de texto (directos y sin emoticones),el tema de seguridad también es importante a los ladrones ya no les gusta este modelo, en fin, un equipo pequeño, fácil de llevar y resistente a golpes y lo más importante, no tiene Whatsapp, por lo que la persona que me necesite realmente “urgente” debe tomarse la molestia de llamarme a saludar y decirme su necesidad imperiosa.

Definitivamente la tecnología nos ha ayudado a facilitar las cosas, nuestras comunicaciones, el trabajo, los pagos en línea, el aprendizaje y la actualización constante en temas académicos,  entre otros, pero esto puede ser un arma de doble filo si no se maneja adecuadamente, por ejemplo, los textos clásicos griegos revelan en varios capítulos, que la cultura griega tenía mucho recelo con respecto al bienestar que produce el ocio y las artes cuando estos no se mantenían en una línea adecuada y no se miden los posibles resultados de la inadecuada utilización, es así, como haciendo una analogía con la edad post-moderna, un griego clásico podría despreciar estos artículos propiciadores de confort, y a su manera considerar bello y gratificante tener que ir a hacer una fila de 50 minutos en un Banco para pagar los servicios públicos.

En otro tema bien inquietante, se encuentran las redes sociales, un mecanismo que lo que busca inicialmente es mantenernos “cerca”, pero que a la larga no lo logra, debido a la dificultad que se comienza a observar en las nuevas generaciones con el tema de la comunicación asertiva, el seguimiento a la norma, el respeto por la autoridad, las personas adultas y la experiencia. Si un joven emprendedor y con deseo de éxito quiere conseguir algún tipo de reconocimiento, debe tener cuenta y estar registrado en: Facebook, Instagram, Twitter, linkedin, Tumblr, Myspace, Flickr, Foursquare, Skype, Vimeo, Hi5, Badoo, Tuenti, Habbohotel, Friendfeed, Xing, Netlog, Pinterest,  compartir por Slideshare, ser un famoso youtuber y un empedernido bloggero, ah y pues claro¡ como dejar del lado al bien ponderado, famoso y esclavizante Whatsapp. Con todo este bombardeo de información y de actividad cibernética, me pregunto: a qué horas trabaja esta gente?

Mi abuela, la Gran Lola, me criticaba por que en los años 80 y 90, después de asistir, rendir, cumplir y hacer sagradamente a diario (con vocación de monje tibetano)  las tareas del colegio - que no eran pocas-, tras realizar los oficios del hogar y practicar mi deporte favorito (fútbol), le pedía el permiso para que me dejara jugar “un ratico” algún video juego, y si por azares del destino, ya sea porque el monstruo o el mundo era difícil o por que la consola fallaba yo me demoraba un poco más de una hora al frente del televisor me regañaba y decía: “ listo mijo, se acabó, eso lo puede embrutecer¡”, Abuela Lola, muchas gracias por cultivar la disciplina y el trato  a los otros, además de disminuir mi ocio a la más mínima expresión, esos frutos se recogen en el futuro, tal vez veinte años o más después del regaño.

 

En el año 1934, Enrique Santos Discépolo, escribió un tango como banda sonora para una película, el tango titulado: “Cambaleche”, nos narra una historia de censura y refiere algunos temas éticos típicos de la época, denunciando los males que había en la sociedad, y representando el sentir de un pueblo que para ese período dio el nombre histórico de la “Década infame”, el punto es, que Santos Discépolo en un intento para el triunfo del carácter sobre otras necedades escribe: “…Pero que el siglo veinte es un despliegue de maldad insolente ya no hay quien lo niegue, vivimos revolcaos en un merengue y en un mismo lodo todos manoseaos…” ay mi querido Enrique, que dirás de los albores del siglo XXI, donde la gente no se da cuenta que lo que hacen las redes y la tecnología es mantenernos no conectados sino vigilados, un abrazo grande, respetado compositor y visionario.

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