El periodismo preventivo y la responsabilidad social y ética

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Por Juan José García Posada

La actualidad es uno de los elementos constitutivos del periodismo,

junto con la universalidad, la periodicidad y la difusión. Dejar constancia del aquí y ahora es condición básica de la naturaleza histórica de esta actividad profesional. Pero el culto a lo actual es un poderoso distractor, que desvía la atención de los periodistas e inhibe para asumir el deber ético de pensar y actuar con criterio de responsabilidad social.

En una sociedad como la nuestra, asediada por todas las formas posibles de emergencia, si limitamos la tarea informativa y argumentativa a la difusión de los hechos actuales sin ampliar la perspectiva de tal modo que pueda hacerse la indagación por los antecedentes y la estimación de las consecuencias presumibles de los sucesos de actualidad e interés público, se diluye la posibilidad de lanzar mensajes de alerta y advertencias razonables sobre efectos que pueden anunciarse con certeza como amenazas contra la vida, la seguridad y la integridad de las comunidades.

Es probable que llamar la atención sobre las señales de peligro inminente que surjan en un lugar y un momento determinados no figure como un deber primordial de los periodistas, sino de quienes tengan a su cargo la competencia directa para vigilar y decidir acerca de las acciones precautelativas que deban tomarse.

Pero si hablamos en términos de responsabilidad social, ningún ciudadano tiene derecho a declararse exonerado de participar en cuanta acción positiva pueda afrontarse para defender intereses vitales que estén expuestos a peligro inminente.

En el trabajo de los medios periodísticos de informar sobre calamidades públicas y acontecimientos asociados con las más diversas emergencias es notorio un interés marcado por informar y narrar sobre los hechos cumplidos, lo que es legítimo, claro está, pero, así mismo, puede extrañarse la escasa relevancia que se le asigna a la información preventiva, que podría contribuir a evitar los desastres mediante la actuación providente de los llamados a aplicar correctivos oportunos, dentro de las posibilidades y limitaciones obvias.

Por supuesto que la conclusión más fácil consiste en señalar que se trataba de una tragedia anunciada y en emprender, con la iniciativa o la orquestación de los mismos medios periodísticos, el juicio de responsabilidades para establecer cuáles fueron las fallas humanas que acrecentaron y agravaron las consecuencias del desastre.

Y no suele incluirse, entre esas posibles responsabilidades, la de los informadores que pudieron haber reunido datos ciertos sobre los riesgos pero se habrían abstenido de reaccionar con sentido de la oportunidad y espíritu altruista de servicio, así no se tratara de hechos noticiosos ya consumados.

Es preciso llamar la atención sobre la distorsión del criterio periodístico debida al ya indicado culto a lo actual y en especial a los hechos calamitosos, trágicos o desastrosos.

¿Acaso las funciones periodísticas no deben encuadrarse en el marco de la responsabilidad social, que no se limita a la difusión informativa y argumentativa de los hechos cumplidos, sino que debe extenderse a la vigilancia y la prevención para lanzar señales de alerta cuando se juzgue razonable hacerlo para procurar que se tomen decisiones urgentes y se dispongan y arbitren recursos con el fin de valorar, eliminar, atenuar o moderar los factores de riesgo?

En la Facultad de Comunicación Social Periodismo asumí hace algunos años la tarea de crear el curso de Periodismo de Emergencia o Preventivo. Se ha ofrecido, sin éxito, como una materia optativa, al final de la carrera. Por diversos motivos es un programa que merecería mejor atención.

Con todo, es importante enfatizar en esta especialidad de la profesión periodística, porque su pertinencia es obvia si se valora la responsabilidad social como uno de los fundamentos éticos. Reproduzco la información contenida en la carta descriptiva o el programa de la materia en referencia:

“Periodismo de Emergencia o Preventivo es una materia en la cual se analizan las situaciones de conflicto y emergencia en forma integral, desde sus orígenes hasta su explosión y sus consecuencias.

Este programa se considera fundamental en un país como Colombia, donde la actualidad informativa está señalada por las emergencias políticas, económicas, sociales, naturales, del orden público y de la seguridad y la tranquilidad ciudadana.

La emergencia es inherente al Periodismo. No obstante, desde el Periodismo es preciso estudiar, elaborar y aplicar formas de anticipación razonable que en la medida de lo posible permitan poner en funcionamiento un sistema informativo de alerta temprana.

De igual modo, en relación con el tratamiento periodístico de conflictos internos y externos, el Periodismo Preventivo es una disciplina que posibilita la contextualización de los hechos y la superación del esquema convencional de la información, basado en el cubrimiento de los hechos cumplidos e irreversibles.

Mediante el Periodismo Preventivo se plantea la posibilidad de planear la agenda informativa y de opinión y establecer una programación para el manejo de los fenómenos conflictivos, la identificación de los factores y protagonistas, el seguimiento de los procesos informativos y el pronóstico de escenarios, soluciones y desenlaces”.

He retomado este asunto del Periodismo Preventivo, a propósito de las emergencias de cada día en nuestro país (la grave tragedia de Salgar, por ejemplo) y la importancia de incorporar a las actividades propias de la profesión periodística la función preventiva, como elemento constitutivo de la responsabilidad social y ética.

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