Cuatro reflexiones sobre los atentados a Charlie Hebdo

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BCPor: Beatriz Eugenia Campillo Vélez



Después de los atentados al semanario francés Charlie Hebdo es necesario realizar varias reflexiones,

en el presente artículo me propongo presentar al menos cuatro que considero son centrales a la discusión: la condena absoluta a todo acto terrorista; la necesidad de desligar el terrorismo de la religión; el respeto y la responsabilidad como límite a la libertad de expresión; y, finalmente el desequilibrio del despliegue mediático en el cubrimiento de noticias de este tipo.

1.La condena absoluta a todo acto terrorista

Los actos terroristas deben ser condenados en todo el mundo, sin excepción. Es necesario desterrar de nuestras sociedades por completo aquella idea que pretende afirmar soterradamente que hay un terrorismo bueno o justificado –que según algunos consideran no merecería llamarse terrorismo- y otro malo que debe ser rechazado. Ante todo, el terrorismo es aquel fenómeno en el que se busca causar terror, desestabilizar la sociedad y desafiar el poder del Estado, ataca de forma deliberada y sorpresiva a la población civil, la cual no tiene ninguna manera de defensa. Se crea por tanto un ambiente de confusión e incertidumbre que puede llevar al pánico colectivo al no existir ningún tipo de límite, ya que el terrorista no se ajusta a lo que es una guerra regular y por tanto tampoco cumple con lo dispuesto en el Derecho Internacional Humanitario. En otras palabras, su blanco como lo hemos dicho son civiles, sus armas en muchos casos son "no convencionales" y suelen utilizar una estructura en red que hace aun más difícil identificar y prever sus movimientos, a lo que hay que sumarle el reclutamiento de menores para que ejecuten estos actos.

En ese sentido tan preocupante es el terrorismo que se ejecutó contra Charlie Hebdo como el que por décadas hemos soportado los colombianos. No es gratuito que mientras el mundo gritaba “je suis Charlie”, en redes sociales también se escuchara el “je suis Bojaya”, haciendo alusión a uno de los atentados más fuertes perpetrados por las FARC, al que habría que sumarle el Nogal, el collar bomba, el uso de animales cargados de explosivos, granadas que parecen juguetes, y un larguísimo etcétera.

De la misma manera la imagen de los líderes políticos más importantes del mundo reunidos en París expresando un rechazo absoluto al terrorismo, provocó el levantamiento de voces en Colombia que cuestionan la posición que estos gobiernos han tenido frente a las FARC, pues aunque han manifestado rechazo hacia ciertos actos, no han existido manifestaciones tan contundentes como las que hemos observado cuando se trata de ataques realizados en sus territorios, por el contrario algunos sectores se empeñan en bajar el tono, restar importancia, cuando no es que animan directamente a quitar la etiqueta de terroristas a un grupo que a todas luces se comporta como tal.

En este orden, no hay que olvidar que los terroristas que atacaron el semanario fueron abatidos por el Estado francés, ¿será que en ese caso alguien levantará su voz para señalarlos de guerreristas solo por velar por la seguridad de sus ciudadanos?, creo que no. Parece saltar a la vista que hay dobles discursos, es fácil promover un proceso de paz sin condiciones con un grupo que comete actos terroristas cuando los atacados son otros.

La solución al conflicto que vivimos con las FARC claramente no se resuelve solo por la vía militar, es lógico que todo conflicto tiene que terminarse por la vía política y seguramente con negociaciones, pero el Estado nunca puede renunciar a cumplir las labores para las cuales fue creado y eso implica garantizar la Seguridad y Defensa Nacional con el monopolio de las armas. Quien desee reintegrarse a la vida civil debe ser recibido, y por eso se aplaude las desmovilizaciones individuales o colectivas, pero quien pretenda combatir y amenazar a los ciudadanos debe encontrarse de frente con la respuesta de las fuerzas legítimas de Estado, tal y como lo hizo el Estado francés y como en otras ocasiones lo han hecho ingleses, estadounidenses y españoles; de lo contrario el terrorismo habría conseguido su objetivo, diezmar al Estado al generar tanto miedo en la población que esta termine aceptando imposiciones solo por la presión del miedo.

La pregunta de fondo en esto que he planteado es ¿por qué nos duele más un atentado terrorista en Paris, Madrid, Londres o Nueva York que los que ocurren en Colombia?, ¿por qué nosotros mismos le restamos importancia?

2.La necesidad de desligar el terrorismo de la religión

Es perentorio eliminar el asocio que desde muchos medios se ha hecho y es pensar que el problema del terrorismo estriba en la religión y particularmente en el Islam, tesis que es absolutamente falsa y que crea serios problemas pues genera divisiones donde no las hay, ni tiene por qué haberlas. Las religiones no son violentas, simplemente existen grupos extremistas, fanáticos que utilizan ese nombre para intentar legitimar su causa y captar adeptos desprevenidos. No hay que olvidar que muchos musulmanes se han pronunciado en contra de los atentados que se han cometido usurpando el nombre de su religión.

Hace algunos días en redes sociales circulaba un meme donde se hacía una comparación nefasta, en el cuadro superior se muestran unos encapuchados con armas y dice “musulmanes radicales”, mientras que en el cuadro inferior aparecían unos monjes con sus rosarios y la leyenda era “cristianos radicales”, pretendiendo a todas luces desdibujar la realidad y crear aún más odio, que no es necesario. En la imagen que he descrito realmente no se comparaban dos religiones, lo que se comparaba era a unos terroristas con personas religiosas por lo que la comparación era más que desproporcionada y en mi concepto altamente ofensiva. Por qué no poner simplemente la imagen de los musulmanes orando hacia la Meca y compararla con los monjes que aparecían en el cuadro de los cristianos, eso sería más fiel a la realidad.

La clave en todo esto es ponerse en el lugar del otro. Por ejemplo, cuando nos hablan de los grupos radicales que dicen ser cristianos y que ponen bombas en las clínicas de aborto o matan médicos que practican abortos (como ha ocurrido en los EEUU), lo primero que como católicos decimos es que dichos actos no son propios de esta religión y pedimos no ser identificados con ellos, pues aunque estemos en contra del aborto diferenciamos entre los medios que se pueden emplear para defender la vida y otros que por ser violentos definitivamente nunca usaríamos porque atentan justamente contra aquello que pretendemos defender.

3.El respeto y la responsabilidad como límite a la libertad de expresión

Siguiendo esta línea que he planteado, debemos afirmar que la libertad de expresión exige responsabilidad, y por supuesto un especial respeto frente a lo que para otro es sagrado. En un mundo globalizado donde hay tan diversos encuentros bien haríamos en aunar esfuerzos para que la convivencia sea cada vez más pacífica, justamente desde la diferencia. Con esto no pretendo justificar ningún tipo de atentado, simplemente llamar la atención sobre la necesidad de ser respetuosos y no simplemente tolerantes, pues en uso de mi libertad no puedo estar atacando a otro sistemáticamente y pensar que nunca ha de reaccionar. No puedo provocarle faltándole al respeto y luego cuando reacciona mal, afirmar que es un intolerante.

Debido justamente a conflictos provocados de esa manera es que, a menor escala, en los colegios ya venimos tomando conciencia de la importancia del respeto hacia el otro con las múltiples campañas que se hacen contra el llamado “Bullying” o “matoneo”. De una forma u otra la sociedad ha venido percatándose que a un ser humano no solo se le hiere con armas blancas o de fuego, sino también con palabras, gestos y con caricaturas, y que en este sentido una pluma también es un arma muy poderosa que puede herir los más profundos sentimientos de las personas y hacerlas reaccionar inclusive de forma violenta.

Las caricaturas, el humor, la parodia también deben guardar sus límites éticos, deben ser responsables, medir consecuencias y con esto no me refiero a la censura como equivocadamente también lo entendió el semanario satírico cuando publicó un ejemplar prácticamente en blanco con el aviso de “Charlie Hebdo journal responsable”.

Hacer la diferencia entre lo que se debe o no hacer es posible, ya los colombianos vivimos una situación similar cuando mostraban una caricatura de nuestros jugadores en el mundial de futbol aspirando cocaína en la cancha y como pueblo exigimos respeto. Aunque tal vez el caso más paradójico y revelador frente a estos límites de los que hablamos es la parodia que un joven de 16 años se atrevió a hacer de una de las caricaturas de Charlie Hebdo, la original era una burla a los manifestantes egipcios masacrados en las protestas de 2013 donde se decía “El Corán es una mierda, no detiene las balas” y se mostraba a un egipcio abaleado intentado protegerse con el Corán. Pues bien, en la parodia el joven dibujó a un caricaturista sosteniendo un ejemplar del semanario con la leyenda: “Charlie Hebdo es una mierda, no detiene las balas”, y curiosamente la misma sociedad francesa que no le vio ningún problema a la “libre expresión” del semanario cuando se reía de los muertos egipcios, si se apresuró a arrestar a este joven por hacer según ellos apología al terrorismo porque la burla recaía en ellos mismos y al parecer la mofa ya no hacía tanta gracia. Tal vez sería bueno recordar a Kant «Obra sólo de forma que puedas desear que la máxima de tu acción se convierta en una ley universal».

4.El desequilibrio del despliegue mediático en el cubrimiento de noticias de este tipo.

Por último, quisiera llamar la atención sobre la forma en la que se presentó la noticia, la cual fue tratada como una amenaza a todo occidente, no solo recibió un despliegue gigantesco, sino la solidaridad inmediata de muchos países, al parecer sólo porque habían sido periodistas franceses los atacados, de otra manera no se explica cómo casi de forma simultanea teníamos un gran ataque en Nigeria realizado por el grupo terrorista Boko Haram donde murieron de 2000 a 3000 personas y prácticamente no tuvo mayor impacto mediático, situación que además no ha terminado, pues recientemente también asesinaron civiles y quemaron una Mezquita en Camerún, pero esto al mundo Occidental parece no interesarle pues no lo experimenta como una amenaza para sus potencias.

De manera tal que la información que recibimos es muy parcializada y muchas ocasiones hacen invisibles realidades o magnifican otras. Que los mismos musulmanes se vean amenazados por el grupo terrorista “estado islámico” no se muestra en occidente como noticia de primer orden, como tampoco se indaga por las creencias religiosas de los terroristas que no son musulmanes, tal vez porque eliminaría al “enemigo externo” que han pretendido vendernos y que ha generado tantísima discriminación, valdría la pena preguntarse si hay otros intereses de fondo. Lastimosamente nos encontramos de frente con la lógica perversa y triste de que para algunos existen unas vidas humanas que son más importantes que otras. Parece que la solidaridad es proporcional al riesgo que siento de ser atacado.

Finalmente y a manera de conclusión habría que sumar una reflexión que expresa muy bien el profesor Carlos Patiño Villa, y es que Occidente debe sacudirse el paradigma de la ilustración y del positivismo de las ciencias sociales para poder comprender el mundo en todas sus dimensiones, no se puede pensar que el tema de las religiones es algo del pasado, tradicional o atrasado y que lo progresista es ser agnóstico, ateo y seguir exclusivamente la ciencia y la técnica. En la misma línea el profesor Enrique Serrano invita a que Occidente recuerde sus raíces y no se deje llevar por estas corrientes agnósticas tan simplistas, que logremos comprender que las religiones no son algo pasajero o transitorio, sino que hacen parte de la identidad que somos, y ayudan a dar sentido a la vida humana.

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