Conocer y discutir el POT antes de que sea muy tarde

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Por Juan José García Posada

Un medio periodístico no debe ser monotemático. La versatilidad en el tratamiento de los temas

es una de las condiciones sin las cuales puede disminuir la audiencia. Sin embargo, hay cuestiones de primer orden que requieren seguimiento constante y una razonable intensidad en la difusión, no sólo informativa sino también y muy en especial interpretativa.

Si la primera fidelidad del periodista como intelectual debe ser con su ciudad, una responsabilidad inherente al trabajo e insoslayable consiste en buscar el sentido verdadero de lo que pasa y nos pasa en el entorno urbano. Pero en líneas generales puede observarse una dispersión, una falta de continuidad y una cierta negligencia para asumir el manejo de temas fundamentales en la vida de la ciudad, como el que en la actualidad está discutiéndose en diversos ámbitos comprometidos con la deliberación sobre el presente y el porvenir de Medellín.

Me refiero en particular al Plan de Ordenamiento Territorial. Está en discusión en el Concejo, que le ha dedicado varios debates. En unos días más va a resultar aprobado el proyecto. La nueva carta para la regulación del espacio en la ciudad en las zonas urbana y rural, de la movilidad y la seguridad, de la actividad constructora y del rescate del centro que hemos perdido, debería ser objeto de mayor atención para los ciudadanos y para todos los medios periodísticos.

Es cierto que hay entidades del sector privado, universidades, organizaciones que estudian los problemas y conflictos de la ciudad, que se han dedicado a la lectura, el análisis y la crítica legítima del POT. Pero si se hiciera una encuesta acerca del grado de interés de la gente común y corriente se dictaminaría que hay una indiferencia generalizada. Esta es al menos una percepción que se desprende de la apreciación diaria de lo que sucede en torno a un proyecto de importancia superlativa.

En centros que estudian los problemas urbanos se ha tratado el tema con seriedad y demostración de compromiso. Pongo el ejemplo de la Universidad Pontificia Bolivariana y su nuevo instituto para las cuestiones de la ciudad. Lo demostró en reciente reunión efectuada en el auditorio de la Escuela de Derecho y Ciencias Políticas, donde intervinieron voceros de los sectores público, privado y académico. Todo lo que se trató en esa mañana fue pertinente.

Pero la resonancia que a este y otros eventos les han dado en la mayoría de los medios periodísticos no ha sido suficiente para poner en común tales discusiones entre los habitantes de Medellín. Tampoco puede afirmarse que se escriban numerosos artículos, de especialistas en asuntos urbanos, de observadores de la calle, en fin, de comentaristas que deberían decir algo y tendrían por qué generar nuevas opiniones. Escasean los textos de análisis e interpretación sobre el tema, así por la vía informativa se de cuenta de versiones sintéticas, tanto de las sesiones del Concejo como de los pronunciamientos que se hacen en distintos sectores. Versiones que resultan insuficientes, porque no aportan multiplicidad de elementos de información y de juicio a la gente.

Y leer los documentos del POT, que debería ser ejercicio asumido por los ciudadanos preocupados por saber cuál ha de ser, por ejemplo, la repartición conviviente del espacio de la ciudad, es algo que apenas está comprometiendo a pocas personas, al menos por lo que puede detectarse mediante sondeos informales.

Se habla mucho del periodismo ciudadano. Pero tal denominación es equívoca y parece abstracta. El periodismo debe, ante todo, ser ciudadano, comprometerse con la ciudad, si no para resolver sus problemas al menos para ayudar a comprenderlos y a identificar alternativas de solución.

El Plan de Desarrollo Territorial ha sido cuestionado en el Concejo y por algunas organizaciones, entre otros motivos porque el proyecto de Cinturón Verde o Parque Circunvalar se instrumentaría a un plazo demasiado largo, porque el caos y la anarquía del viejo y abandonado centro parece que van a seguir creciendo con todas sus nefastas consecuencias: Más de millón y medio de personas pasan por ese sector deprimido, ruinoso, inseguro y antiestético y dejan testimonio diario de una paciencia y un conformismo desconcertantes, los mismos que se evidencian frente a los demás problemas de Medellín y frente al descuido de un patrimonio arquitectónico de innegable valor por lo que representa para la identidad de la ciudad.

El futuro de la ciudad no depende sólo de los administradores, de los planeadores y expertos en urbanismo, de la Alcaldía y el Concejo y de los organismos de seguridad y las empresas privadas. Depende de todos, hasta del más modesto e ignorado ciudadano. De ahí, por consiguiente, que sea preciso enfatizar en la necesidad apremiante de que todos los medios periodísticos, en prensa, radio, televisión e internet, asuman sus responsabilidades en la divulgación de los elementos constitutivos del POT, no sólo mediante noticias fragmentarias sino con trabajos intensivos de interpretación, explicación y argumentación e insten a los ciudadanos a que participen y emitan sus conceptos y apreciaciones y contribuyan a crear corrientes de opinión pública y hacer de este uno de los temas en torno a los cuales las audiencias deben hacer causa común, a tiempo y antes de que se precipiten decisiones que pueden resultar negativas para la reordenación de la ciudad.

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