Eutanasia: negación del Derecho y de la Medicina

Valora este artículo
(3 votos)

CG

Por: Carlos Alberto Gómez Fajardo

Desde su inicio como práctica aplicada de unos conocimientos –episteme-, la medicina se ha caracterizado

.
por una sólida y propia capacidad de reflexión sobre su quehacer: la tekne iatrike, la práctica médica, es un saber hacer conociendo el porqué de ése hacer. El compromiso ético de quienes optan por esta vocación de servicio se caracteriza por el  “primum non nocere”, favorecer, no perjudicar. Así ha estado explícitamente declarado en el juramento hipocrático desde el siglo IV aC.


También es propio de esta actividad, el conocimiento de sus posibilidades y sus limitaciones. El médico, formado dentro de una tradición académica, técnica y humanística, se sabe heredero de las grandes corrientes del pensamiento, concretamente de las tradiciones greco-latinas y cristianas occidentales de las cuales es fruto la actual civilización.


Las normativas contemporáneas que pretenden dar status jurídico a la práctica de la eutanasia, contradicen la racionalidad del ethos médico. Brutalmente imponen una práctica injusta que niega el sentido propio de la profesión.


Hay muchas explicaciones a la mentalidad pro-eutanasia que se ha impuesto en los países occidentales en los últimos años: quizás una de ellas sea la deliberada manipulación del concepto de autonomía que ha pretendido hacer creer a las gentes que el individuo, haciendo uso de libertad (libertad en minúscula) es dueño de su propia vida. El iluminismo racionalista ha pretendido erigir en santuario indiscutible la capacidad del humano de darse muerte a sí mismo o   de imponer a otros la tarea de aniquilarlo o de eliminar a quienes se considera inconvenientes o incómodos. Hay allí una falsa argumentación sobre la libertad, despojada, en una perversa reducción, del componente de la responsabilidad. Pretender adicionalmente convertir al médico en ejecutor de la voluntad homicida de alguien, es también un patético retorno a una barbarie que relativiza el sentido de beneficencia propio de las profesiones sanitarias.


Los cuerpos caen, siempre han caído, incluso antes de que Newton diera una formulación teórica al hecho real de la gravedad. Hoy existen quienes creyéndose idóneos para  hacer caso omiso de la realidad, la sustituyen por ficciones jurídicas que ignoran y pretenden pasar por encima de los datos de la física. Las intenciones legislativas de quienes dicen entender la eutanasia como una “adquisición del derecho”, niegan una realidad humana fundamental: la solidaridad entre seres humanos sólo es posible en un ámbito jurídico en el cual se acoja la igualdad del derecho y deber de conservar la vida de los mismos seres humanos. Obligar a lo contrario, obligar a hacer creer que es derecho eliminar a hombres, es una tropello violento a la verdad. Desde siempre eliminar intencionalmente a un ser humano, es un delito, un homicidio. Legitimarlo es una imponer la voluntad del más fuerte sobre el débil, no es un avance del derecho: es su negación. Y es asimismo, la negación del sentido de la medicina. En los totalitarismos del siglo XX el médico fue convertido en verdugo por normas inicuas. Refirmar hoy los fueros pro-vida de la medicina es una verdad tan contundente como el reconocimiento racional de la ley de la gravedad.

Leer 3269 veces