Periodismo en defensa de la vida

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Por Juan José García Posada

Es inconcebible que desde el Periodismo y en nombre de la defensa de las libertades y los

derechos humanos se eluda la responsabilidad de escoger la opción por la vida y en cambio se hagan concesiones a las muy diversas tendencias tanáticas, de moda en el mundo y los tiempos actuales, de profunda crisis de las certezas y exaltación del más desafiante relativismo valorativo.
 

Si el Periodismo sostiene como uno de sus principios éticos fundamentales la naturaleza humanista, es obvio que el ser humano deba estar en el primer plano de los propósitos y acciones profesionales. Si los derechos esenciales y la dignidad de la persona están grabados en la conciencia axiológica de los periodistas y en los diferentes ordenamientos normativos y si la protección de la vida es obligación ineludible, que le atribuye respetabilidad y credibilidad a la actividad periodística y acredita su presencia trascendente en el escenario social, no tiene justificación alguna cierta proclividad a veces complaciente a la maximización de los hechos asociados con la muerte y la minimización de los sucesos de actualidad e interés público relacionados con los intereses vitales del individuo y la sociedad.
 

Más todavía, si el Periodismo pretende ser la voz de los que no tienen voz (como lo enseñan reiterados mensajes pontificios sobre la ética de la comunicación social), por lo menos está reñido con los presupuestos éticos el abandono de las responsabilidades que se contraen con los seres indefensos en todos los conflictos, con los que no alcanzan a expresar sus sentimientos de impotencia, con los que ahogan sus protestas angustiadas por la injusticia y con los que apenas empiezan a asomarse a la vida en el seno materno. Un Periodismo que se ponga al lado de la corriente abortista, claudica en sus valores éticos fundamentales. Es la negación de la vocación de defensa de los que no tienen voz.
 

No tiene legitimidad moral ni ética si desde el Periodismo se omite, se elude o se desprecia la opción biófila, en contraposición a la alternativa tanática. Ni el argumento del servicio a la objetividad exonera del deber de salvaguardar el criterio valorativo, ni  la competencia por el mayor puntaje en las audiencias ampara el temor a defender valores esenciales como el de la vida, ni la carrera por la primacía en la difusión de las noticias o por la espectacularidad efectista en la expresión de opiniones autorizan para olvidar hasta la mínima sindéresis. Ética profesional y Bioética deben estar unidas por vínculos consistentes, si lo que se propone es un Periodismo edificante, coherente y consecuente, capaz de hacer valer la objeción de conciencia, y no un montaje funambulesco ajeno a la veracidad y a la vocación de servicio altruista a los seres humanos.

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