El desprestigio de la honestidad médica del siglo XXI

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Por: María Del Mar Tamayo Calle y Nicolás Calle Vélez

 

Cuando las personas acuden a un médico, debido a una afección,

depositan en él toda su confianza, con la esperanza de ser curados. Sin embargo, gran parte de los médicos de hoy en día, centran su atención únicamente en el padecimiento, en lugar de la persona, como lo plantea James Roswell Gallager: “…La labor del médico, su privilegio es ayudar a una persona; malgasta mucho de su oportunidad cuando limita la atención a la enfermedad de su paciente”1. Lo correcto, debe ser tratar a la persona como un ser humano que necesita ser escuchado y considerado en todas sus dimensiones, tales como su biología, psicología, espiritualidad y componente social. Por esto, como lo afirma el Dr. Ramón Córdoba Palacio, “lo que realmente el paciente, enfermo o sano, confía en su médico es el cuidado de su existencia, de su vida, y no únicamente el de su salud”2, es decir, el paciente deposita en el médico su vida misma.

En el momento que se pierde esta capacidad del médico de analizar al paciente en su integralidad, se puede hablar de que su papel está desviándose hacia otra dirección, por lo tanto, su labor está siendo dirigida y determinada por otros elementos tales como el dinero, la fama, los beneficios obtenidos con cooperativas, laboratorios clínicos y demás instituciones del área farmacéutica. De esta manera, los médicos no son más que marionetas del comercio, pues el ejercicio de su profesión no se basa en realidad en una vocación de servicio desinteresado, sino en la obtención de réditos económicos, políticos y académicos.

Por consiguiente, la medicina actual se encuentra en crisis, generando una desacreditación y deterioro del buen nombre del médico, producto de la pérdida de la honestidad de estos con sus pacientes, llevando a que estos últimos disminuyan su confianza en los profesionales de la salud. Es lógico que, si una persona nos miente o no nos dice la verdad completa, disminuiremos nuestra confianza en ella.

Anteriormente, se tenía al médico en un sitial de honor, es decir, en un status mayor, ya que, al ser una persona tan culta, su opinión era supremamente valorada e irrefutable. Por el contrario, actualmente, debido a la distorsión del papel del médico, las personas son incrédulas ante sus observaciones, llegando a cuestionarlos, desvalorizarlos y en ocasiones prefiriendo acudir a otras fuentes tales como el internet y medicinas alternativas.

Ahora, es muy común que muchos médicos, en diversas situaciones del diario vivir, no consideren pertinente informar a los pacientes sobre los procedimientos a seguir; los riesgos y beneficios potenciales que se tienen durante éstos, así como los errores médicos cometidos. Estos factores contribuyen al declive de la dignidad del médico y al desprestigio de su labor. Como lo plantea una encuesta realizada en “Health Affairs”, liderada por la Dr. Lisa Iezzoni en Massachusetts General Hospital’s Mongan Institute for Health Policy, aproximadamente el 10% de los médicos admitieron haber mentido algunas veces a sus pacientes3. Al no ser totalmente honestos, estos galenos impiden el cumplimiento del objetivo primordial del médico, el cual como nos dice el Dr. Ramón Córdoba Palacio, consiste en permitirle a la persona un correcto desarrollo y realización de su existencia y por lo tanto dignificarla4.

Es fundamental, que todos los médicos, sin excepción, realicen con cada paciente y sus familiares, el consentimiento informado, por más mínimo que sea el procedimiento a seguir. En la medicina, por el hecho de ser una profesión distinta a las demás, ya que trata con la vida humana, toda persona es libre de otorgar o no el consentimiento sobre lo que se le hará a su cuerpo y tiene derecho a ser informada. Cada ser humano es libre de escoger que hacer con su cuerpo y por lo tanto absolutamente nadie, tiene la libertad de decidir sobre el cuerpo de otro, pues estaría violando su autonomía. Para estos médicos, el no informar completamente al paciente, obviando detalles mínimos que consideran irrelevantes, representa un acto correcto, según su conciencia moral. Pero, según la ética no es así, es un acto incorrecto. Esta visión puede ser sustentada, retomando las definiciones de moral y ética, planteadas por Ricken y Uribe Ferrer, respectivamente. Por un lado, Ricken propone que “lo moral es el conjunto de los juicios de valor, de los ideales, virtudes e instituciones morales”5; mientras que Uribe Ferrer afirma que la ética es la disciplina que “valora los hábitos y los actos en función del Bien y del Mal, en buenos y en malos”6.

Estos comportamientos, éticos o no, también los podemos evidenciar en la encuesta anteriormente mencionada, la cual revela que un tercio de los médicos entrevistados manifestaron haber compartido información médica confidencial con personas que no estaban autorizadas para verla7. Aquí, podemos apreciar una clara violación del secreto profesional y por lo tanto de la intimidad de las personas, como nos lo menciona el texto Bioética Fundamental I del Dr. Ramón Córdoba Palacio: “Divulgar el «secreto confiado» o sigilo profesional es violar injustamente la intimidad de la persona humana que lo confió y, por lo tanto, su libertad y su dignidad”8. Estos actos, no éticos, por parte de los médicos, son los que contribuyen al desprestigio de su buen nombre y labor, ya que un paciente deposita en el médico su intimidad, confiando en que este no revelará estos aspectos tan profundos de su ser.

Finalmente, para nosotros, como futuros profesionales de la salud, es muy inquietante esta situación, ya que consideramos que la honestidad y, por lo tanto, la confianza son elementos fundamentales para una buena relación médico-paciente, y si se ve que estos pilares se están perdiendo cada vez más, ¿Qué podemos esperar nosotros, al salir a nuestra vida laboral?, ¿Qué personas van a querer ser atendidas por médicos que no son honestos con ellas? Es cuestión de ponerse en los zapatos del otro y pensar que no quisiéramos que nosotros mismos o nuestros familiares seamos tratados sin la total transparencia y verdad de los hechos, más cuando se tratan de cuestiones tan delicadas que involucran la vida. Es preocupante esta crisis que presenta el ejercicio de la medicina, ya que al tener ésta un gran compromiso social, debe ser una de las más éticas, quizá la más ética de las profesiones, al desenvolverse, como ya lo hemos mencionado, día a día con la vida humana. Teniendo esta perspectiva de la situación en que estamos inmersos, es importante que cada médico en formación, reflexione sobre estas conductas antiéticas, con el fin de tener una visión a futuro del tipo de profesional que desea ser y como puede aportar a revertir esta mala imagen que se le está otorgando a la medicina actual.

Artículo seleccionado: “Doctors not always honest with patients: survey”

 

REFERENCIAS

1.       Córdoba Palacio R. El ser y quehacer del médico. En: Córdoba Palacio R. Bioética Fundamental I. 2. ed. Medellín: UPB; 2005. p. 97

2.       Córdoba Palacio R. El ser y quehacer del médico. En: Córdoba Palacio R. Bioética Fundamental I. 2. ed. Medellín: UPB; 2005. p. 102

3.       Yee J. Doctors not always honest with patients: survey [ Internet ]. Australia: BioEdge; 2012 [acceso 4 de octubre de 2016]. Disponible en: http://www.bioedge.org/bioethics/bioethics_article/9931

4.       Córdoba Palacio R. El ser y quehacer del médico. En: Córdoba Palacio R. Bioética Fundamental I. 2. ed. Medellín: UPB; 2005. p. 104

5.       Córdoba Palacio R. Los conceptos básicos. En: Córdoba Palacio R. Bioética Fundamental I. 2. ed. Medellín: UPB; 2005. p. 32

6.       Córdoba Palacio R. Los conceptos básicos. En: Córdoba Palacio R. Bioética Fundamental I. 2. ed. Medellín: UPB; 2005. p. 34

7.       Yee J. Doctors not always honest with patients: survey [ Internet ]. Australia: BioEdge; 2012 [acceso 4 de octubre de 2016]. Disponible en: http://www.bioedge.org/bioethics/bioethics_article/9931

8.       Córdoba Palacio R. El ser y quehacer del médico. En: Córdoba Palacio R. Bioética Fundamental I. 2. ed. Medellín: UPB; 2005. p. 114

 

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