Bioética: cuatro décadas

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 CGPor: Carlos A. Gómez Fajardo

Entre las muchas definiciones de esta disciplina, que ya ronda por los cuarenta años de existencia en el horizonte académico mundial

, la bioética ha sido señalada como la “conciencia crítica de la civilización tecnológica” (A. Pessina). Esta es una acertada aproximación a un campo del saber con grandes exigencias: racionalidad, diálogo, interdisciplinariedad, rigor metodológico y sistemático, fértil tradición académica proveniente de los más diversos campos del conocimiento, desde los tiempos clásicos. Ante tales características  se comprenderá el alto nivel de idoneidad que se exige para la formación de sólidos criterios en este campo. Es una área que toca más allá de las restricciones que puede tener, por ejemplo, el dominio de la ciencia del derecho o el dominio de las ciencias básicas en biología, como podría ser el tema de la manipulación genética o de la biología molecular. Con esta disciplina “un puente hacia el futuro”, Potter, reconocido como autor del término “bioética”, pretendía afrontar la necesidad de un eficaz acercamiento entre los avances de las aplicaciones de la tecno-ciencia del siglo XX con la necesidad de una perspectiva del respeto a las consideraciones humanísticas que deben orientar la acción. Los inmensos poderes que aportan los saberes técnicos, exigen una sólida apertura hacia el sentido del deber y de la responsabilidad. Propios del siglo XX y de su atmósfera de manipulación tecnocrática son hechos históricos y sociológicos determinantes: entendimiento del código genético, manipulación de la fisión nuclear, potencialidad colosal de manejo de información y comunicaciones, notables avances clínicos, investigación en humanos, intervenciones sobre ecosistemas. Cada uno de estos grandes temas exige rigor y seriedad en sus aproximaciones.

En estos primeros cuarenta años de la disciplina es imperativo recordar y destacar la figura de Van Rensselaer Potter. Este norteamericano acuñó el término y le dio su primer gran impulso, con lo que lograría resonancia mundial. Dedicó su vida a la investigación básica, como bioquímico y oncólogo, al estudio de los mecanismos de la oncogénesis, los procesos celulares que determinan el inicio del cáncer. Sus aportes fueron germen para importantes investigadores posteriores en este campo. Desarrolló principalmente su vida universitaria en Winsconsin-Madison y en Chicago. Es reconocido por avances para lo que posteriormente serían aplicaciones concretas en el área de la quimioterapia.

La bioética  se erige como un bastión en defensa de la humanización, en medio de un ámbito que parece permitir los peligros de la deshumanización, del oscurecimiento del sentido de lo humano. El hombre, ser humano, persona, nunca “cosa”, es algo más que “homo tecnologicus”, algo más que “homo aeconomicus”, algo más que un ejemplar de la escala  zoológica:  es también “homo Viator”, ser que  vive su existencia limitada en medio de la fragilidad, en medio de las preguntas definitivas por su propio sentido. La apertura a la trascendencia, la responsabilidad inherente a la vida social, el carácter de dignidad de cada ser humano, la vinculación inevitable entre libertad de actuar y responsabilidad por las acciones, hacen parte del poderoso hecho de la dignidad intrínseca de este ser personal, que siempre puede ser más y dar más de sí mismo. De estos  temas se ocupa la bioética. Nombres tan importantes como los de Jaspers, Herranz, Sgreccia, Guardini, Jonas, Kass, Pellegrino, Marías, han participado de alguna manera, directa o indirecta, de la luminosidad y empuje de la idea original de van Rensselaer Potter. En Colombia, entre otros, inician la docencia de la bioética el equipo de la facultad de medicina de la UPB en los ochenta: los profesores Dr. Ramón Córdoba Palacio, Pbro. Dr. Guillermo Zuleta Salas, Dr. Mario Montoya Toro, Dr. Norman Harry Hinestrosa. También el vigoroso equipo interdisciplinario de la facultad de medicina de la Universidad de la Sabana, ha dedicado iniciativa, empeño y honestidad en la misma causa. Hoy coincidirían todos ellos en hacer su justo reconocimiento a Van Rensselaer Potter como protagonista de primer orden de la bioética.

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