Biotecnología, genética y negocio

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CGPor: Carlos Alberto Gómez Fajardo

 

En 2013 la Corte Suprema de los Estados Unidos determinó que los genes humanos no pueden ser patentados.

Este notable hecho jurídico, poco llamativo para los medios masivos de comunicación, guarda una relación estrecha con el suceso comercial que por las mismas fechas recibió un gran despliegue mediático, la mastectomía profiláctica practicada a una estrella de cine portadora del gen BRCA1. La empresa Myriad Genetics Inc. y la Universidad de Utah en aquella ocasión fueron los protagonistas de la controversia: la industria y la universidad marchan juntas en una lógica alianza, una de las imparables realidades del siglo XXI, van de la mano en el mundo de la biotecnología, del estudio e investigación básica, y por supuesto, de las actuales y futuras aplicaciones concretas en temas como el uso de los conocimientos relacionados con el Genoma Humano.

Hay muchas y delicadas aristas involucradas con el tema de la biotecnología, tanto en campos como la industria agrícola -generación de alimentos para un mundo con enormes asimetrías en la distribución de la riqueza, en la disposición de tecnologías, en las condiciones sociológicas y culturales- como en aplicaciones clínicas de los conocimientos en genética. No en vano la UNESCO, con sus 187 países miembros, ha emitido la “Declaración Universal sobre el Genoma Humano y los Derechos Humanos”, en 1997. Este histórico documento contiene conceptos de la más elevada importancia, entre ellos cabe enunciar: no discriminación racial o individual basada en diferencias genéticas; el patrimonio genético no puede ser objeto de ninguna apropiación por parte de individuos, personas, estados o naciones; el genoma humano no puede dar lugar a beneficios económicos; prohibición de clonación en humanos; confidencialidad en el manejo de la información genética; invocación a los principios de solidaridad, educación, cooperación científica, educación, proceso de formación de conciencia en estos tópicos.

Habrá que buscar un delicado punto de equilibrio entre las aplicaciones de la ingeniería genética y el otorgamiento de las patentes y privilegios comerciales. Existen diferencias jurídicas entre los enfoque europeos y el norteamericano: por una parte, los lícitos derechos de beneficio comercial pertenecen a la naturaleza de la libre empresa, de sus elementos de innovación y mejoramiento. Pero, por otra, no se pueden omitir los intereses colectivos relacionados con aspectos de justicia social y de disponibilidad y acceso a avances: pueden ir en contravía del afán desmesurado de lucro a que se podría aspirar con una visión industrializada, monopólica y exclusivista. Lamentablemente el derecho puede convertirse en herramienta de defensa de los intereses de algunos, los más poderosos, no de los intereses generales. Esta voz de alerta debe sonar en diversas instancias de las sociedades.

Son muy pertinentes a este respecto las palabras del profesor Pedro Sarmiento, bioeticista de la Universidad de la Sabana: “Es preciso un gran esfuerzo para reconocer qué hay de auténtico beneficio en lo que se llama progreso… Es precisa una gran voluntad para no ceder ante la tentación del dinero. Este esfuerzo debe ser realizado por el científico investigador y por la empresa comprometida con la ciencia. La hipertrofia del deseo de lucro contamina a la ciencia de intereses ajenos a su origen y a su fin”.

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