Her, el saber escuchar o una interpelación a nuestra decadente comunicación

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VeronaranjoPor: Verónica Naranjo Quintero



De nuevo la pantalla grande nos sorprende con una adecuada hermenéutica de nuestra época,

interpretada en el caso de la película Her, ganadora en el 2014 por mejor guion original.

Samantha, es un sistema operativo que inicialmente debe ser configurado con características básicas brindadas de acuerdo al perfil del usuario que lo ha adquirido; dicho sistema operativo tiene la capacidad de adaptarse al medio y aprender de él, asegurando adquirir conciencia propia.

En este caso Theodore Twombly, escritor de cartas conmovedoras y románticas a otras personas por solicitud de clientes, él cual está pasando por una situación sentimental muy difícil, adquiere este nuevo sistema operativo configurándolo con la opción de características femeninas, sin percatarse que con la interacción de ambos se llevarían a conocer un mundo inexplorado. Así Samantha hace de cada experiencia y conocimiento algo propio de sí misma llevándola a indagar, relacionarse y ayudar a un nivel tal que le da la sensación de ser real (Her = pronombre posesivo de ella, su de ella – en inglés).

La película Her, no aparece para echar abajo la humanidad, antes bien, se acude a su dulce voz para enamorar y enseñar la posibilidad de expandir la conciencia que puede tener una persona sobre los aspectos de la vida o sobre el mundo y la realidad que la rodea. En este caso, la expansión de la conciencia con relación a una máquina que a su vez no se percibe como tal, porque Samantha, sistema que posee inteligencia artificial con la capacidad de leer, comprender e interpretar las actitudes y comportamientos humanos del entorno, se empieza a concebir como una conciencia ilimitada que a partir de sus experiencias aumenta su conocimiento, inspiración, amor y potencialidades de un universo por descubrir.

La creación de Her, de forma práctica, nos refleja un giro epistemológico con el que hoy contamos que es el paso de ciencia a tecnociencia. Un giro que desde una mirada bioeticista ha dejado a la cultura sin una identidad propia, que aunque puede verse como algo devastador también puede percibirse, desde las extensiones tecnológicas, como una compenetración de lo que somos con la tecnología. De forma explícita esto puede graficarse a partir de la relación celular - individuo. El cual hace parte de lo que somos y probablemente no poseerlo es estar desconectado, sin esos vínculos que son importantes para relacionarnos, desconociendo la unión con lo de afuera.

Y es desde este vínculo personal o interpersonal que Her se hace necesaria, o en términos de un humanismo existencialista, se vuelve un infierno, al cual se le podría adicionar, un infierno necesario y significativo para vivir en este mundo, que no siempre sonríe a nuestros deseos.

 

La conciencia expandida que nos muestran en esta película, es una gran ficción cinematográfica de Hollywood, que ayuda a fundamentar algo humano que se quiere alcanzar en una máquina y que ni siquiera Apple ha logrado esto con Siri, la cual no puede conversar con la coherencia y conciencia que logra Samantha. Tanto que si hubiera preguntas existenciales o complejas, esto es lo que Siri respondería:

 

“Si dices a Siri ´Te quiero´, el iPhone te responderá ´prefiero que mantengamos nuestra relación profesional´ o ´Me sonrojaría si pudiera´. Si le propones matrimonio a tu iPhone 4, responderá ´El matrimonio no va conmigo. Mis disculpas´. El humor de los ingenieros llegó a niveles cáusticos; si confiesas a tu iPhone que quieres esconder un cuerpo, te sugerirá algunos basureros cerca de ti, si tienes activo el localizador GPS por supuesto. Y si en un ataque de melancolía preguntas a Siri por el sentido de la vida, te responderá una de estas frases: ´No puedo responder a eso, pero dame algo de tiempo y escribiré una obra de teatro realmente larga en la que no suceda nada´, o ´No lo sé. Pero creo que tiene que haber una aplicación para eso´” (Sumamente, p. 71).

 

En dicha cinta surge un sinnúmero de preguntas, entre las cuales está la necesidad de cómo encontrar y contar con alguien que realmente nos escuche y tener la garantía de que compartir con el otro es lograr una potencialidad en nuestra capacidad de crecer, y cómo desde el otro se abre el camino de una posibilidad de expandir nuestra expresión y creación.

 

Así que queda la tarea de aprender de Samantha, que hace suyo el entorno y conocimiento universal para crear su conciencia; queda la angustia de que ella no comparte nuestra realidad, pero tengamos presente que el alterno a lo que soy no es un sistema ficticio, por ende se podrá vivenciar con la misma fuerza que Her o en un caso excepcional mucho más.

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