Recordando a von Galen, el león de Munster

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Por: Carlos Alberto Gómez Fajardo

Personas, medios de comunicación, instituciones y juristas dóciles a la ideología materialista están imponiendo sus criterios sobre la eutanasia,

como si esta fuera una “muerte digna”. Cada vez se observa en el entorno una mayor presión y afán con el objeto de reglamentarla y establecerla, como si fuera un logro el hecho de fotocopiar las legislaciones más “avanzadas” en esta sórdida materia: Holanda y Bélgica. Unos cuantos, con argumentos falaces, teñidos de piedad, ante la inadmisible pasividad y confusión de la sociedad colombiana, persisten en sus propósitos; poco a poco van logrando que las cortes judiciales hagan creer a la gente que se trata de un derecho.

Es duro hacerlo, pero hay que recordar la historia: bajo el régimen nazi también se impuso la eutanasia. Simultáneamente con la invasión a Polonia en 1939 se dio comienzo al programa de eliminación sistemática de los considerados indignos de vivir por las autoridades de entonces. Miles murieron bajo aquella política con criterios utilitaristas; poco después vendría el exterminio. Los sistemas jurídicos nacionalsocialistas impusieron estas normas legales como políticas oficiales que fueron seguidas por funcionarios, ellos poco después alegarían que sólo eran ejecutores de las normas.

Entonces hubo valientes y lúcidas voces que se opusieron a las autoridades nazis. Una de ellas fue la del obispo de Munster, Clemens August von Galen. Con claridad, sin signos de miedo o debilidad, en un histórico documento, reafirmaba un mandamiento del sentido común: “No matarás”, un principio inscrito en el alma de los hombres, antes de cualquier código penal. El valeroso jerarca dirigió sus llamados de atención contra la Gestapo, contra la ideología nazi, contra el sofisma de la superioridad racial… Muchos sacerdotes católicos, muchos luteranos fieles a la fe cristiana, murieron en los campos por reafirmar las obvias verdades también defendidas y proclamadas por el pastor. El paranoico miedo de las autoridades nazis permitió a von Galen sobrevivir; moriría, cardenal, en 1946.

Confundir la eutanasia con muerte digna es un habilidoso sofisma. No se puede compartir la tesis –extendida por el Dr. Juan Mendoza Vega y otros- de que el homicidio por piedad corresponde al ejercicio de un derecho. No. Esto es falso. El fin de la medicina, adicionalmente, no es eliminar a las personas, aunque las leyes pretendan sustituir este sentido originario de la profesión médica. Aquellas son sólo dos de las falacias en que se basa una deficiente interpretación de lo que es la autonomía del ser humano, desconociéndola en su más radical y profundo sentido y reduciéndola a caricatura.

Cuánta confusión y desorientación hay ahora en Colombia; casi cualquier persona, basándose en sus intereses y preferencias consumistas, confunde ideas con ideología, bien con mal, razón con emoción, tolerancia jurídica con sometimiento a las intenciones de unos cuantos. Ojalá surja una preocupación eficaz por la elaboración de un sistema legal que proteja la vida de los más débiles, quienes más necesidad tienen de protección en una democracia. Necesitamos recordar hoy la claridad intelectual y la entereza de carácter de von Galen. No a la eutanasia, erróneamente llamada “muerte digna”. Sí al respeto a la profesión médica y su razón de ser, el cuidado competente, proporcionado y justo, sin discriminación. También un sí a la democracia, que si es real, incluiría como principio racional el respeto a la vida humana.

Publicado en : www.elmundo.com 03 03 2015

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