Una buena norma: ley 1733-2014

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Por Carlos A. Gómez Fajardo

El morir humano es diferente del morir de otra entidad biológica.

No basta con que una automática y despersonalizada máquina, -un robot, una página de la web, o un contestador automático por ejemplo- nos afirme impersonalmente que la muerte es “el cese de la actividad integrada de un organismo”.  El morir humano comporta la realidad extraordinaria del planteamiento de las preguntas más dramáticas y esenciales de cada ser humano ante su propia existencia. A fin de cuentas: homo sapiens sapiens, ser que se da cuenta de que se da cuenta. Por ello, abierto al misterio que representa su propia mortalidad, abierto, por naturaleza, a su condición metafísica, trascendente, de ser que sabe que no se creó a sí mismo.
Este tema, con más frecuencia de la deseable ha sido tratado en términos emocionales o ideológicos. Pero ahora ha sido el considerado en términos  realistas y acertados en una reciente ley colombiana, la Ley 1733-2014 sobre la regulación de los servicios de cuidados paliativos.   
Este interesante marco normativo se refiere al manejo integral de los pacientes con enfermedad terminal, con  el sensato concepto de que no se trata solamente de aquellos afectados por enfermedades malignas, sino también por aquellas otras condiciones –muy frecuentes estadísticamente- de origen cardiaco, renal o neurológico, que  tienen importante lugar en las causas de defunción.
Es un buen marco normativo. Diferencia con claridad criterios, se refiere a la necesidad de una integralidad en el cuidado paliativo, al deber y derecho de la veracidad en la información, a los beneficios de los documentos de voluntad anticipada por medio de los cuales se rechazan los tratamientos innecesarios o desproporcionados; se refiere a la necesidad del manejo profesional y eficiente de temas como la analgesia y el control de síntomas.  Colombia es un país de bajo uso de opiáceos con indicación médica, posiblemente en ello influye la falta de capacitación del personal sanitario en el eficiente y realista de uso de estos poderosos medicamentos cuando hay razones para hacerlo. También considera hechos pertinentes en esta integralidad: atención al manejo de aspectos psicopatológicos, físicos, espirituales, necesarios en el enfoque de este momento. La medicina paliativa, como lo  entiende la norma, afirma la vida y considera el morir como un proceso normal. Quizás como un componente importante que podría haber recibido más énfasis cabrían en ella el tema de la accesibilidad (recordemos a Cicely Saunders con su “Movimiento Hospice” en la Gran Bretaña) y otro muy importante: el apoyo –educativo, logístico, espiritual, emocional- al cuidador y al entorno familiar de quien atraviesa aquellos momentos. El cuidador y su familia requieren también de cuidados.
En resumen: sí a la vida, sí al respeto, sí al tratamiento indicado y profesionalmente competente. Sí a las medidas básicas justas: alimentación, hidratación, aseo, acompañamiento, consideración de aspectos espirituales.  No al abandono, no a la eutanasia, no a la discriminación, no al encarnizamiento terapéutico, no al engaño y a la manipulación de expectativas falsas, no al atropello contra la vida humana en máximos momentos de fragilidad. Sí al respeto y a la genuina solidaridad, expresiones de humanidad y de civilización.  

Artículo publicado originalmente en:
www.elmundo.com 21 10 2014

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