Los años dorados sin pre-pagada dorada

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CJ

Por: Catherine Jaillier Castrillón

Desde hace ya varios días tenía en mente escribir un artículo breve cuyo tema


en cuestión fuera este gran negocio de las empresas prestadoras de salud pre-pagada. Durante este año 2014 se han escrito numerosos artículos y columnas de opinión acerca de las EPS en Colombia y sus múltiples dificultades dentro de esto que llamamos el “sistema de salud”.


Que realmente no es claro si alcanza a ser un “sistema” y si es de salud o de enfermedad crónica. No hemos resuelto ni siquiera si la salud es un derecho o es un servicio. Pero ante la desaparición por quiebra de algunas EPS en el País, se hicieron distribuciones al azar a los afiliados. En ese "repartir” afiliados por toda Colombia se generó un verdadero malestar, o mejor, enfermedad. Había personas que llevaban años aportando a las empresas prestadoras de salud en planes complementarios, o bien en algún otro servicio que ofrecían. Al quebrar, se perdió no sólo la posibilidad de disfrutar de los beneficios de la EPS sino también de los planes y del tiempo de aportes.


Se les había dicho a los afiliados que permanecieran en la EPS en las que se habían redistribuido por un tiempo de 90 días; pero que pasado ese tiempo podían buscar libremente el traslado a otra EPS.  En el papel de los registros y documentos suena claro y coherente. La realidad fue otra. Se tocaron puertas en otra EPS y después de llenar formularios y hacer unas cuantas vueltas, se ingresaron los documentos requeridos. Sin embargo, la “libertad” del usuario llega hasta la disponibilidad o no de la empresa. Un sencillo comunicado que dice “rechazado”, es el inicio de un calvario de exclusión.


Ante esta situación, la respuesta de las empresas es: quédese donde está y busque –si desea- una entidad que le ofrezca un beneficio en salud pre-pagada.


Parecía algo sencillo, aunque costoso. Comenzamos a llamar a diversas instituciones de la ciudad y los costos podían llegar a 14 millones al año, en unas, y en las relativamente accesibles a unos 7 millones 200 mil pesos…  claro está, dependiendo de la edad.


Vino una segunda situación de impacto. En Colombia nos llenamos la boca hablando de políticas incluyentes, que velan por los más frágiles y vulnerables, y convertimos estas expresiones en frases publicitarias. Pero no se informa lo real: usted puede gozar del beneficio de una pre-pagada si tienen una buena capacidad adquisitiva, si es sano, joven y sin familia con ningún antecedente. Usted es “digno” o tiene el “privilegio” de aportar a estas entidades de salud siempre y cuando cumpla con las características anteriores.  La exclusión es tremenda. Si una mujer, en buena condición de salud, supera los 60 años, tendrá que ir perdiendo la esperanza de poder adquirir cualquiera de estos “servicios”… ya está en la edad dorada, pero sin póliza dorada.


Una mujer mayor de sesenta años, debe pasar por una evaluación médica exhaustiva en la cual, es mejor no tener ningún pariente que pueda dar una cierta sospecha de una posible enfermedad hereditaria. Nos acercamos cada vez más a esas películas de ciencia ficción como Gattaca, por ejemplo. La información genética es quizás más importante que el resto de datos de la persona en cuestión, o del formulario en proceso. Algún asterisco en los exámenes de sangre es de alto riesgo para mantener o no la esperanza de los servicios de salud de dicho plan. Si por alguna razón, esas cifras están en los rangos superiores o inferiores del examen de laboratorio, será necesario seguir una y otra vez explorando hasta lo más profundo para descartar cualquier riesgo.


Una vez que la persona tiene toda una carpeta llena de exámenes de laboratorio, electro, citología, etc. acude a la revisión del médico a cargo. Si usted es un adulto mayor, le aconsejo que no puede alterarse en lo más mínimo, no le puede dar susto el médico, ni puede presentar eso que normalmente llaman “síndrome de la bata blanca”. Es decir, si usted es miedoso con los médicos, posiblemente se le agita el corazón y se le sube la presión arterial.  Eso, parece que se les olvidó a los médicos de estas instituciones, o bien, ya vendieron su vida al “sistema” deshumanizado.


Cualquier evento lo descalifica del tan nombrado privilegio, del honor de pagar miles de millones de pesos por estar sano… por favor, no se vaya a enfermar.


Este negocio de las pre-pagadas, realmente necesita un límite, una regulación, una revisión juiciosa del estado porque da la impresión que entre la persona y el negocio y la estabilidad financiera, pesa lo último.
Como diría el poema de Jorge Robledo Ortiz  “siquiera se murieron los abuelos” porque tanto mi padre como mis abuelos me dejaron claro lo que es servir. Lo que es hacer de la medicina un servicio, un ejercicio por el hombre y por la sociedad, por el bien y el bienestar.


Con ellos pude ver lo que es la vocación del médico, lo que era atender al paciente y a su familia, no para saber si eran o no un buen negocio sino para ayudarles. Era el bien por el bien mismo, el bien para la humanidad. El miedo no era la demanda, la tutela, la presión de los segundos para atender al paciente… el miedo era no hacerlo bien y cabalmente.
Los años dorados hay que invertirlos bien, ya no en las pre-pagadas a las cuales posiblemente no hay acceso, sino en vivirlos de la mejor manera, y entregar la vida a la Santísima Providencia, para que sea posible el milagro de la justicia y la humanización de los sistemas de salud en Colombia.

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